17 de septiembre de 2016

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Un perro y los Hardmann

 

 I

Hugo Hardmann, en un recreo de oficina, advirtió, navegando en internet, que faltaba una semana para el estreno de "Espadas de honor 5, pacto entre clanes", la nueva entrega de su saga cinematográfica favorita, la que, junto a su único hijo, habían comenzado a ver muchos años antes, cuando Tomás era Tomi, y padre e hijo compartían muchos momentos.

Luego de finalizar su jornada laboral, Hugo salió del edificio donde trabajaba, y, pudiendo pasar por una sala de cine que quedaba de camino a su hogar, decidió desviarse considerablemente de su trayecto diario y pasar por el cine que más le gustaba. Compró dos boletos para Espadas de honor 5, para la función trasnoche del día siguiente al de estreno, para la sala de proyección en 3 dimensiones y velocidad de 48 fotogramas por segundo. Abandonó la boletería con una sonrisa que mantuvo casi hasta subirse de nuevo al auto, y que resurgió cuando traspuso la puerta de entrada a su casa. Fue directo a la habitación de su hijo para sorprenderlo con las entradas de cine, pero lo encontró hablando por teléfono. De regreso por el pasillo, llegó a la cocina y a saludó a Daniela, su esposa.

─Mirá, ─dijo Hugo Hardmann, enseñándole las entradas a su esposa. Ella sonrió contenta, y dijo algo relativo al acontecimiento. Ella nunca los acompañó en esa aventura de los sentidos, pero brindaba por el lazo que padre e hijo habían consolidado alrededor de algo.

─¡A comer!, ─dijo Daniela.

En la mesa, Hugo sacó del bolsillo las entradas y se las mostró a su hijo:

─Mirá, Tomi.

─¡Ah sí, ya salió…! ¡uh!, compraste mi entrada!, yo pensaba ir con los chicos...

Hugo lo miraba, no encontraba más que la letra E para arrastrarla, y miró a su esposa y vio cómo ella intentaba ocultar la pena por su marido, por el vínculo que desaparecía, que ya había desaparecido entre padre e hijo:

─No, está bien ─dijo Hugo Hardmann─, puedo invitar a Lucas, el también pensaba ir. Es más, lo llamo ahora antes que haga planes ─dijo─. Provecho ─agregó, y se levantó de la mesa con el estómago vacío y ganas de estar solo.


II


Durante la semana previa al estreno de la película, Hugo Hardmann se sintió incómodo cada vez que trataba con su hijo, hasta con sólo verlo le ocurría. Pensaba que su hijo también sentía esa presión, pero era cosa sólo de él, debido al apego que sentía hacia su hijo y que ahora debería aminorar, para no sentirse cada vez más lejos. Ya, inconscientemente, había vuelto a jugar unos videojuegos en la red que supieron jugar vastamente con Tomi. Vio también, esto a propósito, una película que habían gastado juntos. Esa noche Hugó Hardmann casi llora.


III


Llegó el día del estreno de Espadas 5, y Tomás fue a verla con sus amigos. En la mesa, Hugo le preguntó a Tomás:

─¿Qué tal está la peli?

Hugo Hardmann se había hecho, como se dice, la película: llega el día de estreno y su hijo no asiste al cine como había planeado, porque con sus amigos concluyen que la sala se llenará de familias y los niños no los dejarán disfrutar de la película. Van, ansiosos, al día siguiente, en el mismo horario que su padre. Hugo Hardmann llega temprano, para elegir su lugar favorito, bastante atrás y al medio. Enseguida, más por ansiedad o aburrimiento que por sed, abre la botella de agua comprada en el quiosco del cine y bebe unos sorbos. Recuerda unos folletos que le dieron en el centro, tapa la botella y los saca. Con la sala a medio llenar, advierte el ingreso de los chicos. Los observa subir por la escalinata y a mitad de camino se meten entre las butacas y se sientan. Hugo tiene el impulso de hacer señas para que su hijo lo salude, pero sin saber bien porqué, se limita a mirarlo, con la esperanza de hacer contacto visual.

Tomás y sus amigos charlan, beben gaseosas y comen algo. Hugo por momentos prosigue su lectura, otras veces lo mira a Tomás, revisa su celular. Las luces se apagan y las imágenes del proyector comienzan a posarse sobre la pantalla. Apaga su celular. Los trailers de próximos estrenos se suceden placenteramente para Hugo.

─Zarpada, ─dijo Tomás, como si lo hubiera dicho Tomi.

─¡Listo! No me cuentes más, ─dijo Hugo, sonriendo con ansias.


IV


Un día, Hugo Hardmann vio un anuncio sobre perros en adopción, y, una emoción que él mismo no sabría poner en palabras, lo embargó a tal punto que a la salida del trabajo adoptaría un perro.

Un perro pitbull, y lo nombró Thor, en honor al dios que conoció a través del cine.

Él mismo lo adiestró, con amor, sin exigencias. Cada mes, seguro que Thor ya sabía hacer algo más. Y, cuando parecía que ya no quedaba nada para enseñarle a un perro, Hugo se las ingeniaba para extenderse todavía más en el rol de adiestrador. Lo que sigue, aunque sea difícil de creer, ocurrió. Tampoco es algo tan increíble, verán, Thor aprendió a ver televisión. Se subía al sillón, donde reposaba el control remoto, se sentaba y con la mano pulsaba alguna tecla. A veces hacía zapping, y aquel que lo viera, hubiese dicho que el perro sólo pisaba teclas, y que miraba la pantalla atraído por una sucesión de imágenes multicolores.

Pero Thor, de vez en cuando se detiene en un canal, y mira atento, a veces un comercial, otras, una ficción, otras, un noticiero.

Tomás se sienta junto a Thor, que mira un documental de la selva. Toma el control remoto y cambia de canal, Thor gruñe, Tomás lo ignora. Thor se baja del sillón.

Otro día, sentado sobre sus cuartos traseros como una Esfinge, miraba un documental de osos. Tomás aparece en la sala de estar, camina hasta el sillón y se sienta junto a Thor, toma el control remoto y al apuntarlo hacia el televisor Thor lo muerde en la mano, Tomás se para rápidamente y arroja sobre el sillón el control remoto, y antes de alejarse, amaga con golpear a Thor.


V


Pasaron doce meses desde la adopción de Thor, hay muy poco que hacer en la oficina, sale. Piensa:

─¿Qué le compro?

Es otoño: ropa.

Tiempo después, es el cumpleaños número 16 de Tomás, y su padre le regala dinero.

Daniela repara en el detalle, y cuando se lo hace ver a su esposo, éste dice:

─Y bueno, ¿qué querés, que le dé plata al perro?

─Estoy hablando en serio, Hugo, podrías pensar también en el regalo de tu hijo a veces.

─ ¡Qué voy a pensar si nunca le gusta lo que elijo! Nunca sé lo que le gusta…

─¡Y no! ─dijo su esposa con los puños sobre las caderas y el rostro notoriamente contraído:

─¿cómo vas a conocer los gustos de tu hijo ─y al decirlo destacó “hijo” ─si todo el tiempo libre que tenés lo pasás con ese perro?, ─destacando “ese perro”.

Hugo se sintió enseguida como testigo de una revelación. Molesto también, buscó rápidamente algo para decir en su defensa:

─Escuchame, qué querés que haga si se la pasa todo el día con sus amigos… La otra vez te acordás cuando quise ir al cine con él, me cambió por ellos… ¡¿Cómo querés que me acerque a él?!


VI


Tomás se había ido de viaje. Regresa, sus padres han salido, el televisor del living está encendido, deja el bolso y va derecho al baño, entra y lo ve a Thor, sentado en el inodoro, meando, se sacude, haciendo un prolijo contoneo que no deja salpicaduras en la taza y se baja, y pasa junto a Tomás que apenas puede creer lo que ha visto. Eso ya es el colmo, ha cruzado una raya, una frontera entre las especies, una ofensa a su familia, algo que Hugo no puede ver, un sustituto de alguien que sigue siendo su hijo, al que puede reencontrar cuando quiera, no había motivos para reemplazarlo con un perro, y ahora no los hay para seguir teniéndolo. Tomás usa el baño, sale y al pasar por el pasillo descuelga la correa de Thor. Llega al living, lo ve a Thor y dice, enseñandole la correa:

─¿Vamos a pasear?

Thor comienza a bajarse del sofá, resbalando sobre su panza.



Imagen y texto de Juan Pablo González

                                                                             

http://hadonauta.blogspot.com.ar/
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7 de septiembre de 2016

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Mi reto, tu vida.



Todo lo que me invade del comportamiento de otros, esto que en realidad es un reflejo de mis más grandes miedos. A vivir en plenitud o fracasar, sin importar cuál. Un enojo, un grito o un reclamo que sale de mí, haciendo un viaje desde lo más profundo y sordo de mi interior hasta o más externo y peligroso.
Así es como tu vida se presentó sin avisar, improvisando ante la puesta en escena de la misma realidad que baña nuestra visión de situaciones. Solo al mirarte mi alma estremeció al punto de sentir acalambrar mis piernas, quedando sin fuerza para mantenerme de pie. Un reto único, obstáculo que repite y repite sin importar las veces saltado, reapareciendo ante mí de manera sistemática y constante, como juego mecánico interminable diseñado con el único fin de mantenerme dentro, una entrada sin salida y sin descanso. Eso eres para mí, siempre un reto, una pared alta y lisa, que al ser escalada, emerge doblando su altura. Espejo de mi ser y de mis temores más profundos así como el amor que te profeso.
Un reto divino a la vida, puede ser la mía o la tuya qué más da, en realidad no me importa. Siempre que siga este fuego por dominar, combustible de mis pasos y oxigeno de mi respiración. Quiero que seamos felices, quiero que estemos bien y juntos. Sin separarme de ti ni un solo día, para ver y sentir. Para enojarme y volver a la calma. Para sentir miedo acobijándome en ti y saber que todo estará, bien o mal.
Enseñarte a vivir, lo mucho o poco que mis días me han mostrado. Que puedas ver cómo me equivoco y reflexiono. A caer y levantarnos más fuertes, mas unidos. Que sepas y a la vez saber que estaremos el uno para el otro, ahora y siempre. Dos vidas entrelazadas retándose, reflejados en uno en el otro con una simple mirada, una palabra o el más mínimo contacto.

Eso es ahora mi reto, superar mis miedos y encaminar tu vida.

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5 de septiembre de 2016

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Amor virtual





Amor virtual, una cosecha de buenos físicos, donde lo que predomina es el click al machismo o feminismo, uno concentra el foco en unas curvas o pectorales al mejor estilo película pochoclera. El amor virtual es así, comienza con una variada de gustos, que no se si son ciertos y venta de cualidades.

Una vidriera de buenas intenciones, donde la mejor foto o quizás la más aventurera es la que gana, recuerdo que fui cómplice de eso, tenia fotos rusticas sin mucho para destacar, una tomando mate, que es lo que hago casi siempre y otra comiendo asado, quizás a las chicas les guste comer asado, pero la foto aparentemente no garpaba según la ideología de grandes pensadores virtuales,
Porque son eso, piensan, analizan la situación de dicha aplicación, son pensadores, matemáticos, parece que el amor en tiempos virtuales se transformara en algoritmo, en algo más científico que pasional, pero claro cómo le ponemos pasión a algo tan inerte.
Recuerdo hace poco una nota publicada en esos diarios amarillistas y chimenteros, decía el 80 por ciento de las mujeres buscaba profesionales en dichas aplicaciones, como si un título cambiara al amor, como si un vendedor amara menos que un abogado, Pero es así, el amor virtual es así, el escenario perfecto para dicha imperfección
Después nos volvemos locos buscando y publicando frases de amor, artistas, pensadores, rockeros y hasta algún romanticón, que pueda servir para perfeccionar este perfil.
cuando era niño juntaba las monedas de mi almuerzo para regalarle un alfajor a esa chica que me tenía loco, escribía cartas y se las dejaba en el banco, no era un buen escritor y mi letra quizás no era la mas indicada, pero lo hacia igual y no me importaba, no existía otra forma para demostrar que me gustaba, quizás hoy podría poner una foto y si me das un me gusta firmaría tu face, pero entonces eso perdería el nerviosismo de que me mire, o ese misterio de tratar de descubrir quién era el de la cartita, no me pregunten el porqué, pero no le ponía nombre.
Hoy el amor virtual se vive de otra manera quizás más práctica, más precisa. No lo sé, quizás en estos tiempo se vive el amor más rápido, más veloz uno se enamora de un producto exhibido y cuando le llega a la casa no era el modelo que nos vendieron, porque pasa muy seguido, es como comprar amor por esprayet. La juguera no era tan juguera y el ejecitador súper 4000 nuca me dejo las abdominales del muchacho de la propaganda, en el amor virtual pasa lo mismo, la mujer que vi no era lo que la vidriera decía y el hombre al final solo tomaba mate y comía asado, aunque se vendió como el gran aventurero.
En tiempos de amor virtual el teclado es el mejor aliado y las aplicaciones fotográficas son nuestra mejor herramienta de venta, en un tiempo donde las arrugas, los años y el estrés se pueden borrar fácilmente, pregonamos el amor como algo hermoso, tan intangible, tan abstracto y casi diría como utópico y luego hacer lo contrario a lo publicado, para luego elegir nuestro próximo amor con el celular.

Pero sepámoslo, la vida nos crea arrugas, y nos causa stress, ama con eso, ama comiendo asado y tomando mate, ama regalando un alfajor y no con un click, porque compramos un mundo de colores fantasiosos, donde todo es aventura y una vida mágica y terminamos olvidándonos que el amor es simple, enamórate de una mirada, de una sonrisa, de un gesto y no de una vidriera o un producto, solo enamórate de la realidad.

Alejandro Medrano

http://palabras-sin-aliento.blogspot.com.ar/
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