29 de marzo de 2016

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Infiel


Nunca pensé esto de mí. Esta no soy yo. No logro reconocer mi reflejo en el espejo.
Todo empezó hace exactamente 6 meses atrás. 6 meses atrás mi vida era plena, feliz, normal. O al menos eso creía yo, al menos quería creerlo, al menos intentaba creerlo, 6 meses atrás.
Las piezas de mi vida encajaban 6 meses atrás, si las tocaba se rompían, pero encajaban 6 meses atrás.
Eso fue lo que sucedió 6 meses atrás. Toqué las piezas. No, no las toqué, las moví, las sacudí con fuerzas, con ganas, con ilusiones. Y se rompieron. En mil pedazos se rompieron 6 meses atrás.
Todo siguió igual, hasta ahora todo sigue igual. Nadie notó que mis piezas se destrozaron, se rompieron, se desvanecieron. Pero yo lo sabía. Él lo sabía.
6 meses atrás llegó para cambiarme, y yo no pude resistirme. No quise resistirme.
Ahora estoy sucia, sucia por dentro, sucia por fuera, por más que lo oculte estoy sucia.
Y él lo sabe.
Él sabe que estoy sucia porque él me ensució, 6 meses atrás.
A veces creo que ya estaba rota y no lo sabía, a veces creo que no fue mi culpa, a veces me engaño y me digo que no estoy sucia.
Pero sé que estoy sucia.
Él sabe que estoy sucia, porque él me ensució, 6 meses atrás.



Camila Bentancur
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25 de marzo de 2016

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El crecimiento del tigre


Desde pequeña supe que era rara. Mi mejor amigo era alguien con quien jugaba al “tigre” y no había un juego más completo y más satisfactorio que jugar a que éramos tigres y rugíamos. Mis metas de pequeña eran cosas como ser escritora, ser protectora de los animales, viajar por el mundo, obtener ese violín que le pedía al Niño Jesús todos los diciembres desde que vi por primera vez “El Cascanueces” a los seis años. No pensaba en los chicos en absoluto, no como mis amigas o como mis compañeras, algunas muy bonitas, quienes se aprovechaban de su belleza para manipular a los niños.

Dirán que es algo tierno, pero al crecer, uno se olvida de eso, y la presión social porque tienes “un amigo y no una amiga” hace que cambien ciertas cosas. También crecer cambió mi percepción de él; como ya no estábamos más juntos y yo me dedicaba a golpear a los chicos que me perseguían, nuestras diferencias de género marcaron una línea que, irónicamente, trazó una paralela que todos conocemos: el primer amor. No se sientan mal porque desean algo que siempre tuvieron al lado pero lo vieron con otros ojos cuando fue alejándose; como niña me ocurrió, y es algo en la naturaleza humana que parece ser una maldición.

Quiero que sepas, dondequiera que estés, que me arrepiento no haberte defendido cuando los demás se burlaban de ti porque te “hiciste” en el pantalón. También me arrepiento de no haber sido un poco más femenina; en lugar de eso, también te perseguía cuando te burlabas de mí por ser la más alta de todos. Me hubiera gustado haber hecho equipo contigo para estudiar; de nuevo, la presión social… “no puedes estar con un niño, ¿eres marimacha?”. Sí, como aquella niña que se la pasaba con uno de tus amigos, y toda la vida la tildaron de eso, ¿te acuerdas? Me hubiera gustado ser más arriesgada, como ella. Pero era muy cómoda y de verdad me gustaba pasar tiempo con aquellas niñas que luego me dieron la espalda, como tú. Solo que tú sí tenías razones para hacerlo. El día que cambiaste de colegio y me saludaste en la parada de autobús, seguía siendo inmadura con mis sentimientos y no te saludé. Ese día, creo yo, fue el día en que decidiste sacarme de tu vida y ser una persona en extremo fría conmigo.

A pesar de que, años después, le dijiste a la que ahora es mi mejor amiga que yo estaba enamorada de ti, solo para agradarle (cosas de adolescentes), no te guardo ningún tipo de rencor. Verás, ahora soy traductora, músico, escribo y soy activista en protección de animales. Alguien me dijo una vez que “yo no estaba enamorada de alguien, sino de algo”. Me lo dijo con mucho resentimiento… pero tenía razón. Te dije que nunca fui alguien normal; nunca pensé en casarme, nunca pensé en novios, salvo aquellas veces que la sociedad hacía presión en mí. Y, si a ver vamos, mi juego favorito era jugar al tigre contigo, ¿por qué no la R? ¿Quemados? ¿La escondite? ¿Por qué no te dije lo que sentía? ¿Por qué fui siempre tan conforme?

Quiero que sepas que mi animal favorito es el tigre, y tú fuiste mi primer amor. No importa lo demás, todavía te quiero.

Daresi Mi

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23 de marzo de 2016

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Rompiendo, el sol.


Mañana fría en la Ciudad de México. Nublado y lluvioso. Urbe Gris y Cielo gris, a mi alrededor puro concreto. Rimando a la perfección con el cielo de ese día. Combinación perfecta de look escogido por la naturaleza. Triste Salí muy temprano, normalmente así amanezco y en un bonito día se me va quitando. Al parecer la agonía de terminar el día será larga. No soy pesimista ni una persona triste, sola me deprime mucho los días grises y fríos. Quedarme en mi cama no es opción, mi trabajo demanda mi presencia. 

Camino unas cuadras, aún es muy temprano así que cabe la posibilidad que mi buen amigo el sol rompa este clima y nos adorne esta combinación de escala de grises con un amarillo ocre que haga cambiar mi estado de ánimo. ¡Me urge ¡ mi día es complicado y requiero de buen humor para sobrepasarlo. Unas cuadras más adelante, café en mano, logre ver una pequeña ráfaga de sol a lo lejos. Llegaba directo a un frondoso árbol que yacía en medio de un gran camellón. Como figura bíblica, a lo lejos apreciaba un árbol cubierto de llamas, rojas y amarillas. Bañado de sol, bendito por él este árbol toco mi alma con un suspiro de optimismo, diciéndome que ese día todo saldría bien. 

Camine más a prisa, mis pasos sosos se habían convertido en marcha constante y erguida por una espalda que paso de estar encorvada, a ser un ejemplo de firmeza y rectitud. Como la mejor medicina, esos rayos de sol lograron subir mi frente, de apuntar al piso ya veían al horizonte. Pequeños detalles logran los grandes cambios. 

Llegue a mi trabajo antes de lo previsto. Respirando rápido y profundo me percaté que un cansancio se apoderaba de mis piernas, ¿habré corrido hasta llegar? No lo sé, no recuerdo muchas partes del camino. ¡Llegue mucho antes! ¿Qué más rompiste sol? 

Al atardecer y puesta del sol, sentí melancolía. El dolor de una despedida. Se marchaba alguien que había hecho algo en mí. Ese pequeño momento, esa pequeña mirada o ese suspiro matutino que se alejaban poco a poco en el horizonte. A medida que el sol se ponía y la obscuridad se adueñaba del ambiente mis pulmones se contraían permitiendo cada vez menos oxígeno en ellos. Sentí miedo, tristeza y sobre todo soledad. 

Te necesito sol. ¡No me abandones!

Deseo que todos los días ilumines mi vista y mi vida con tus sabios colores. Contrasta todo lo demás, hazlo verse chico. No dejes que el gris nos cubra… Rompe ¡Sí! Rompe todo lo que nos cause tristeza y soledad llenando nuestra alma de tu calor matutino y por que no, date un poco a desear por las noches. Con la promesa que regresaras tan pronto como puedas, como tu camino ondulado te lo permita, que te estaré esperando como un adicto enamorado al sentimiento de tenerte, sentirte y sobre todo saberte que estarás ahí cuando salga de mi casa a enfrentar la vida. Contágiame con tu energía, no te costaré trabajo… !con un mini rayito tuyo me es más que suficiente¡


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21 de marzo de 2016

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Heraldos


Todo lo que nos pasa nos pasa sin ceremonias.
Llega el mensajero.
Opacidad en la penumbra.

La antorcha se apaga lenta.
Humo que se ha ido consumiendo.

Heraldo:

Quìtate el grotesco antifaz de nebulosa.
Desmiénteme la sospecha de tu estocada sin contrición.

Alivia la certeza del mármol con campaneros intachables

y luego

retírate a tu cuna del vacío

para que yo descanse en su pura esencia.


Lu Folino

https://www.facebook.com/folinolucia
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19 de marzo de 2016

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Carta a un mar de sueños



Querido abuelo:

Te escribo sin el convencimiento de que algún día llegues a leer estas líneas, sin embargo la pequeña esperanza de que tus ojos marrones vuelvan a recuperar la alegría que se perdió en aquel último abrazo, me hace tan fuerte como el protagonista de los cuentos que me leías antes de dormir.

Aún me acuerdo de aquel 15 de diciembre cuando papá y mamá me explicaron su decisión de huir de la hecatombe, la sangre y el miedo, pero créeme abuelo, el miedo tiene formas tan diferentes que nunca hemos logrado escapar de él.

A partir de nuestra despedida, navegamos y caminamos muchos días junto con otra gente en nuestra situación. Pasamos frío, estábamos mucho tiempo mojados bajo la tempestad, y no teníamos ropa limpia o recursos suficientes para sobrevivir, pero aun así lo hicimos. Y cuando las peores situaciones mejoraban, llegaban las desgarradoras noticias de nuestros compatriotas, y entonces la muerte y la desolación invadía el ambiente, y durante muchos minutos el silencio se expandía tanto que a veces lo único que quedaba era el contacto humano. ¡Te lo juro!, el sólo sentir las manos heladas de mis padres, o su media sonrisa cuando todo iba mal, me hacia recordar que estaba vivo, que les tenía, y que eso era suficiente para sentirme afortunado.

Tras muchos días de adversidades por fin llegamos al campo de refugiados. Cuando papá me explico donde estábamos, una alegría invadió mi cuerpo, eran como miles de hormiguitas haciéndome cosquillas en la barriga. Y durante ese día la gente lloraba menos y hablaba más. Pero al día siguiente volvieron las malas noticias, parece ser que aquí no nos quieren abuelo, los países de nuestro alrededor no nos dejan pasar a sus tierras porque somos demasiados. Para la gente que nos vigila, para los medios de comunicación y casi hasta para mi, ya no soy un niño, ni tu súper-héroe, ni siquiera tengo nombre, ahora solo soy un refugiado, una persona sin destino que ha huido de su origen para alcanzar un futuro en tierra de nadie. Ellos no lo entienden, no venimos a robarles sus oportunidades, ni a quitarles su dinero, nuestro anhelo es sobrevivir, tú lo sabes bien. ¿Recuerdas lo que me dijiste? El ser humano tiene cosas maravillosas pero el egoísmo no deja que podamos verlas. Pues yo solo espero que como en los cuentos de reyes malos y caballeros valientes, todo esto tenga su final feliz.

Todos los días recuerdo tus palabras cuando te dije que no era lo suficientemente valiente para embarcarme en este desafío... ¡Paparruchas! Lo único capaz de impedir que superes tus miedos eres tu mismo. Desde entonces y hasta ahora he querido ser el héroe de tu vida, para que te sientas orgulloso de mi, pero la tristeza de no poder volver a verte no abandona mi corazón.

Dice mamá que tú estas bien, que no has podido venir todavía porque tienes que cuidar de la casa, para el día que volvamos. Sin embargo, yo no me lo termino de creer, porque muchas noches me hago el dormido y les oigo hablar del futuro y parece que en él no hay cabida para nuestra pequeña y destruida ciudad. Es entonces, cuando lloro en silencio, por lo que un día fuimos, por lo que podríamos haber sido y por lo que nunca seremos. Me quejaba de tantas bobadas cuando te tenía a mi lado, que ahora que lo recuerdo me da pena el tiempo malgastado en gigantes inventados.

A día de hoy, ya no recuerdo los sueños que quedaban por cumplir, ni las promesas que nos habíamos prometido, solo me queda la esperanza y la espera de que algún día todo esto acabe y pueda volver a tener un rincón donde vivir, un futuro y un abrazo... parece mentira, pero si algún día lograra volver a estar bajo tu abrazo protector, sin miedos, todo esto tendrá sentido.

Tu nieto que te quiere estés donde estés, y pase el tiempo que pase.

Atenea

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15 de marzo de 2016

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Atardecer manchado de tinto


Recuerdo aquella tarde, yo estaba corriendo en este bosque de altos troncos, ocultándome del amor, escapando de sus besos y abrazos, ese era nuestro juego favorito: entre el perfume de las rosas y las sombras él debía de encontrarme.

Ese día encontré el lugar perfecto, era detrás de un gran oyamel, estaba ansiosa de que llegara y poder llenarlo de besos, de repente unas fuertes manos rodearon mi cuello y comenzaron a estrangularme, las lágrimas brotaban de mi rostro así como mis ilusiones y sueños pero no había nada que pudiera hacer, de la misma manera que la oscuridad de la noche iba cubriendo el bosque, estaba apagándose mi vida.

Desde aquél día estoy condenada al silencio eterno, cuando el cielo matiza de tinto cada planta del lugar, el rio e incluso mi piel rancia, comienza mi frágil andar en este bosque, los troncos rugosos han destrozado mis yemas con cada caricia, el pasto seco ha cortado mis pies desnudos y el viento se ha llevado cada uno de mis cabellos al igual que mis recuerdos, hay veces que sé quién era, pero otras veces ni yo misma se si soy recuerdo, olvido o nada.

Después de caminar sin rumbo es mi eternidad sentarme debajo del oyamel a observar como la corriente del río escapa, algo que yo no puedo hacer, huir del silencio, olvido y soledad, porque desde que dejé de existir en el mundo del amanecer, no hay nadie más conmigo que estos árboles observando cómo me pulverizo en el mundo de las sombras.
Por: Jenifer Roa González


http://suletra.blogspot.com.ar/
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11 de marzo de 2016

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El fin de algo



Estaba en la habitación de aquel hotel sentado a los pies de la cama, haciendo nada en realidad, cuando me di cuenta de que no quería estar realmente allí. Tos. Fastidio. Dolor de cabeza y de pecho. Algo me pasaba. Culpa. O remordimiento. Sentía que estaba al borde de algo, entonces me paré, me puse los pantalones, la remera y todo lo demás y salí a caminar sin ninguna dirección en concreto. Era de madrugada. Ese momento en que todo está muy sereno y tranquilo como quien aguarda la muerte en la sala de espera de un hospital. Malas noticias. Muy a lo lejos, a la distancia, se escuchaba un sinfín de autos pasar por la gran autopista de concreto. También había algunas sirenas largas y pausadas. Conocía la ciudad desde hacía un tiempo y no me interesaba para nada interiorizarme en ella. Venía cada tanto y nunca me quedaba mucho. Era lo usual y para quejarse están los que no trabajan, y mierda, yo sí que trabajaba. Había trabajado toda mi puta vida y ahora no tenía nada, sólo unos cuantos consejos profesionales, y un plazo. Quería atropellar al médico y a toda su hermosa familia. Habían sido horas miserables, días miserables, repetición tras repetición tras repetición. No podía estar mucho tiempo más encerrado solo en aquella habitación, me traía malos recuerdos, recuerdos de un pasado lejano y digamos que feliz. Un poco de aire después de tanto ahogo no venía mal. Todo a mi alrededor estaba desmoronándose. Salí del hotel, el viento de la calle me sentó bien, y comencé a respirar de manera más pausada. Cuando ya sabes que no hay vuelta atrás, la tristeza en realidad dura poco poco poco. Empecé a ponerme mejor. Prendí un cigarrillo y miré hacia arriba. Pocas nubes. Iba a ser un lindo día. No tenía nada para hacer, salvo esperar. Eché el humo y por primera vez me salió un circulito perfecto que se quedó unos instantes suspendido en el aire, después una brisa lo borró para siempre. “No me esperes”, pensé mientras seguía mirando hacia arriba y fracasaba con otros circulitos, “no me esperes”.
Al rato de caminar me agité un poco y me senté en el cordón de la vereda. No había avanzado mucho. Me quedaba un solo cigarrillo en el paquete. El sol estaba por salir y el calor empezaba a mezclarse con el asfalto y la brea. Ni un alma, nadie en las calles. En la esquina de enfrente había un bar, y como ya había desperdiciado una buena parte de mi vida en bares, entré. Tenía sed, y me senté en uno de los taburetes al costado de la barra y pedí una cerveza.
- En lo posible que esté fría – le dije al mozo, no recuerdo si de buena manera. El mozo me miró y se alejó, luego se acercó nuevamente.
- No te hagas el vivo acá, eh.
Sin contar al mozo, había pocas personas en el bar, algunos medio dormidos y otros charlando de lo que fuera. Por cómo hablaban, parecían que eran clientes regulares del lugar, y daba la impresión de que algunos se conocían entre sí. Borrachos, desempleados, despechados, apostadores, mi clase de gente, y una prosti-señorita algo avejentada que deambulaba entre las mesas buscando no tener que volver sola a casa, porque casa realmente no existía y nunca había existido, sólo existe el bar para gente como nosotros en este mundo retorcido y loco, que te pisa y te aplasta y te domina y sólo te da alcohol para sobrevivir un rato más.
Llegó la cerveza, abrí la tapa con el encendedor y la empiné. La prosti-señorita se movía de un lado al otro. Jadeaba. Llegué al fondo de la botella rápido, le pedí al mozo una más y me puse el último cigarrillo que tenía entre los labios.
- Acá no se fuma.
Miré por encima de uno de mis hombros y noté que en la mayoría de las mesas había ceniceros repletos de colillas. Volví la mirada hacia el mozo.
- ¿Me estás cargando?
- Ya te dije que no te hagas el vivo acá. Tomá tu cerveza.
Me achiqué en relación a mi tamaño natural y no me quedó otra que no prender el cigarrillo. El mozo tenía una actitud amenazante y se movía despacio pero con decisión detrás de la barra llena de botellas sin vida. Cuando se alejaba de mí, posaba su vista en las mesas y por momentos la mirada se le perdía como quien rememora algo en su cabeza en formato de recuerdo, luego volvía en sí, se perfilaba, y esa tímida y asustadiza sonrisa se le borraba del rostro, entonces seguía limpiando los vasos sucios con su paño blanco, mirando hacia abajo, y esperando el próximo pedido. Era corpulento y tenía brazos gordos y manos grandes, como las de un metalúrgico o un camionero. Se notaba que le pesaba el cuerpo y los años de malas decisiones, parecía triste y enfurecido a la misma vez, y arrastraba mucho el culo cuando caminaba. Estaba seguro de que en una pelea, si nadie interfería a su favor, podía llegar a noquearlo en menos de lo que él pensaba, pero claro, para hacer eso, de seguro iba a recibir una buena paliza antes. No estaba para eso. A veces no sucede. Ya tenía muchas guerras perdidas en mi haber por no haber conseguido el golpe perfecto a tiempo.
Dejé de pensar en el mozo. Si no iba a tener la oportunidad de verlo desmayado en el piso, no valía la pena. La botella transpiraba sensualmente. La abrí y la empiné, pero esta vez con más ahínco, con más necesidad, como si cada trago sanara una parte fundamental de mí que estaba rota. Al fin y al cabo, creo que es por eso que en ocasiones se vuelve tan difícil el desapego.
Me quedé sentado, saboreando mi cerveza en soledad. La cerveza estaba buena y por un rato largo seguí pidiendo ronda tras ronda. Ni podía verse el sol desde adentro del bar. No me importaba mucho. Pronto llegaría el ocaso para todos nosotros. La prosti-señorita no estaba. De repente, una voz fuerte y varonil pidió con un grito que alguien tuviera la delicadeza de pararse y prender el televisor, que el partido estaba por arrancar. A mí me importaba un corno si el partido estaba por arrancar. Jugaba Argentina contra alguien. Tenía cosas más importantes en las que ocuparme, y ver correr a veintidós boludos nunca había sido mi idea de pasar un buen rato.
Por el parlantito defectuoso del televisor, el comentarista en español pidió que nos parásemos, que pongamos la mano en el corazón, y entonemos CON ORGULLO las estrofas de nuestro himno nacional.
No me paré. El asiento se sentía bien. Algunos borrachos se pararon como pudieron y empezaron a cantar. Se oían como si alguien hubiera metido gatos moribundos en una bolsa, y esa bolsa fuera apaleada contra una cerca electrificada. Horroroso. El mozo también canturreaba.
- Eu, vos.
- …
- Sí, vos, ¿por qué carajo no estás parado cantando? ¿Dónde está tu honor?
No contesté. Contestar era sinónimo de provocar.
- ¿Estás enfermo que no podés pararte? Contestáme, abuelito.
Sentí que alguien se paraba y se acercaba. Los ojos del mozo se movían hacia mí. Seguí callado. No estaba para eso. A veces no sucede. Se pierde la magia. Por alguna razón, volví a pensar en el médico.
- Si, a vos – me dijo el borracho y apoyó una mano sobre mi hombro, tratando de darme la vuelta-. A vos te estoy hablando, viejo de mierda.
Me di la vuelta y lo vi de reojo. Era notablemente más joven que yo, más fortachón y corpulento. Parecía una de esas personas que siempre necesita demostrar algo a viva voz, ya sea por ego o por miedo, independientemente de la crisis en la que se encuentre. Siempre odié a esa calaña en particular porque yo solía ser así, y la caída a la realidad había sido dura en serio.
Seguí callado, tomando y esperando. Otra opción no tenía.
- ¡Bueno, bueno! ¡Parece que tenemos a un viejo maricón en nuestro bar! ¿Lo sos? ¿Eh? ¿Lo sos? De seguro que te tocás mirando pornografía de chicos, enfermo.
Mientras seguía insultándome, me picaba con un dedo en la espalda. El mozo nos miraba y limpiaba la barra en silencio.
- ¿Es que no tenés respeto por tu bandera? ¿Y por tu patria? El himno siempre se canta. ¡Yo no perdí una pierna en la guerra por personas como vos!
Por un rato siguió buscándome hasta que se cansó y volvió cojeando a sentarse. Las demás personas del bar estaban de su lado. Luego se olvidaron del asunto.
Seguí con lo mío, con la cerveza y la autodestrucción.
- Vi lo que hiciste, sos muy hombre, ¿sabes?
- Gracias – dije mientras me daba vuelta y me encontraba de pronto teniendo una conversación con la prosti-señorita-. Nunca me gustó pelear porque sí.
- Pero te has peleado alguna que otra vez, ¿no? Se te nota en las marcas que tenés en la cara y en las manos.
- Es por mi trabajo.
- ¡Mmmm! ¡Qué delicia! ¡Me encantan los hombres con cicatrices!
- Tengo algunas.
- A ver, a ver… - decía y trataba de levantarme la camisa.
- No me molestes.
- ¡Qué mal humor tenés, tarado! ¡Ni que fueras hermoso!
- Lo sé.
- ¡Apuesto a que sin camisa debes estar fofo y arrugado, y lleno de pus! ¡Sí! ¡Eso! ¡Sos un gordo viejo y feo y lleno de pus! Seguro tenés el nombre de tu ex mujer tatuado en el pecho, y ella te dejó, ¿no? Porque sos de esos, no tengo duda. Yo leo a gente, ¿sabes?, conozco mucho a la gente, interactúo con ellos todo el día, ¡y vos sos un viejo amargado sin razón! ¡Ni pija debés tener!
- Sos toda una vidente, en verdad. Ahora decime, ¿qué necesitás?
- 50 pesos y te la chupo en el baño, 200 pesos más el taxi de vuelta y me quedo con vos toda la noche.
- La noche es larga.
- Lo sé.
- No me interesa, gracias.
- Te haría pasar un buen rato.
- Eso es imposible.
- Dale, necesito la plata…
- Si necesitás plata, buscá trabajo.
- ¡¿Y qué carajo te pensás que hago acá?! ¡Pelotudo! ¡Me dejo coger todas noches por mierdas podridas como vos para mantener a mi hija!
- Claro.
La prosti-señorita empezó a subirle el tono a la charla y de repente sus aullidos carnales eran tan fuertes que hacían temblar a sus pechos flácidos. Le faltaba un taco y tenía la nariz tan empolvada como las encías y el cerebro. Estaba semi-parada al lado mío, gritándome como si el sustento de su hija ficticia dependiera de ello.
- Está bien, está bien, no tengo una hija, eso lo inventé, detective. ¿Contento?
- No. No me importa demasiado.
- ¿Y entonces?
- ¿Entonces qué?
- ¿Te la chupo o nos vamos?
- Perdonáme, no puedo hacerlo.
- ¿Por qué?
- Porque no, basta.
- ¿No te parezco linda?
- No, pero no es por eso que no puedo hacerlo.
- ¡Entonces dame algún billete, no seas rata! Si no querés cogerme por lo menos dame una alegría.
- Tampoco puedo, no me queda mucha plata y quiero seguir tomando un rato más, tengo que hacer tiempo.
- ¡Ah, bueno! ¡Sos un hijo de puta con todas las letras! ¡Hay que compartir con el prójimo!
- ¿Con el qué?
- ¡Con el prójimo! ¿Nunca leíste la Biblia?
- Sí. Es linda.
- ¿Qué?
- Que es linda, divertida. Me la recomendó un médico.
- ¡¿Qué?!
- Nada, nada. Mirá, acá tenés un billete de cinco pesos, ¿lo querés? Tomá. Listo. Ahora te pido que me dejes tranquilo.
- ¡Ah, bueno! – dijo la prosti-señorita a los gritos para que todos la escuchen-. ¡¡Ah, bueno!! ¡Este viejo rata no para de sorprenderme! ¡No cogés, ni cagás, ni cantás! ¡Andate a la mierda! – gritaba mientras me picaba con el dedo en el pecho-. ¡¡Andate a la mierrrda!!
El borracho que antes me había insultado y picado la espalda con el dedo se paró, eructó, vomitó un poco sobre la mesa, y comenzó a acercarse hacia nosotros. La mesa goteaba de un lado. Nadie se mosqueó.
- ¡¿Y ahora qué?!
- Este viejo…- dijo la prosti-señorita tratando de calmarse-. Este viejo… es un problema, te digo, es un problema. Yo leo a la gente, ¿sabes? Alguien una vez me dijo que yo era vidente. Y te veo a vos…– miró al borracho de manera tierna y le tocó la mejilla-: …te veo a vos y noto que sufriste en tu vida, que no fue fácil con las oportunidades que tuviste. Pero este viejo rata lo tuvo todo y él decidió perderlo. ¿Te dije que su mujer lo dejó? ¡Es un cobarde!
El borracho hizo equilibrio con su pata de mentira y se dejó caer en la banqueta. Por un instante sus emociones internas flaquearon pero luego todo eso terminó. Su mirada y su aliento a vómito se posaron sobre mí.
- No sos bienvenido en este bar, todos en esta ciudad sabemos lo que hiciste.
- ¿Sabemos qué? ¡¿Sabemos qué?! – gritaba la prosti-señorita.
- Lo sabemos…
- Te felicito – dije.
- …
- …
- …
- ¿Qué? ¡Dale, no se queden callados! ¡¿Sabemos qué?!
- …
- Todavía no me dijiste por qué carajo no te paraste a cantar el himno, viejo rata.
Al momento tenía dos opciones. Mejor dicho tenía tres opciones, pero una de ellas era improbable. No digo que fuera imposible, pero era improbable. Y lo sabía.
Opté por la nada misma.
Me disculpé por todo lo sucedido, puse unos billetes debajo de la botella, me paré y me fui. Nunca más iba a volver. El tiempo se había agotado para mí. Caminé y caminé y caminé de regreso al hotel, entré a la habitación y me senté a los pies de la cama, encendí el cigarrillo que me quedaba, y tocándome el pecho tatuado seguí esperando la muerte y ese llamado que, claro, eran básicamente lo mismo.

Juan Ignacio Sansinena
http://www.memoriasparaelviento.blogspot.com.ar/
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6 de marzo de 2016

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Cartel Urbano Colombia

http://www.cartelurbano.com/arte/10-blogs-de-ficcion-latinoamericanos

De México a la Argentina, la ficción goza de buena salud, y uno de los campos donde más prolifera es en Internet: en blogs para todos los gustos. Tanto escritores novatos como experimentados llegaron con sus ficciones al mundo virtual y desde allí resisten, experimentan y dan a conocer su obra. Les recomendamos estos sitios web para seguirles el rastro a las nuevas propuestas de la literatura latinoamericana.

Así reza el encabezamiento de una nota de la revista Cartel Urbano cuyo título es "10 blogs de ficción (Latinoamericanos) " donde nuestro Colectivo imaginario se encuentra incluido. 
Siempre es gratificante ver que personas a las que nunca hemos conocido y no tienen ningún interés particular, valoran nuestro esfuerzo y trabajo.

En esta oportunidad debo agradecer muy especialmente a Andrés López, autor de la nota,  por su atenta recomendación de nuestro espacio entre los 10 blogs latinoamericanos de ficción.

Por lo general no me entero de las menciones, sean éstas buenas o malas, pero en esta ocasión y debido a una consulta realizada en Facebook mi curiosidad me ha llevado a visitar la página Cartel Urbano donde me he encontrado con la grata sorpresa de que recomendaran nuestro blog, aunque indicaban ciertas prestaciones que por cierto no brindamos.

Cartel Urbano es un sitio que cubre noticias sobre la movida cultural de Bogotá, pero que amplía sus intereses al resto de latinoamérica. Su revista impresa en su última edición nos informa de sus diez años de vigencia en la cultura bogotana.

http://www.cartelurbano.com/

Sobra decir que estoy muy feliz por la recomendación y que espero que muchos más amigos se sumen y compartan sus trabajos en nuestro querido blog.

Gracias a todos los que alimentan este espacio y recuerden que para que más personas nos lean es indispensable que cada uno de nosotros también se ocupe de difundir esta casa.

OPin

Pueden visitar la página picando en la imagen
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http://www.cartelurbano.com/arte/10-blogs-de-ficcion-latinoamericanos
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4 de marzo de 2016

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Nunca se lo confesé a nadie…


Nunca se lo confesé a nadie pero lloraba luego de cada charla con él.

Me creían feliz y escuché varias veces a mis espaldas: “Ojalá estuviera en su lugar”. Pero esa frase nunca fue mía. Nunca desearía estar en el lugar de otro. Porque los calvarios de cada persona nunca salen a la luz. Se mantienen siempre ocultos y ni siquiera aún en una confesión decimos, lo que el cuerpo habla a gritos.

Sin embargo, tiempo después encontré su carta.

La carta que él me había escrito y nunca logró entregarme. Probablemente porque no deseaba hacerlo y quería que yo pudiera encontrarla luego de su partida. En ella había un “Lo Siento” y un “Nunca se lo confesé a nadie, pero TE QUIERO”. 
 
Noelia Ledesma
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