29 de febrero de 2016

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¿Me amas? Grita, dilo o exprésalo. No importa cómo, ¡solo Hazlo!





¿Me amas? sé que mucho. Se ve en tu mirada constate, ilusionada. Llena de seguridad. Cada mañana me ves y saludas. Tus ojos me llenan de vida, tu respiración es la mía y tu voz mi sinfonía.

No lo puedes ocultar. Por más que te enojes ¡Me amas! ¡Y mucho! Se ve en tu mirada constante, ilusionada, y esta vez enojada. ¡No te enojes! ¡Por favor! ¿Qué no ves que te amo?

Grita, dilo o exprésalo. No importa cómo, ¡solo Hazlo! Tú mirada constante e ilusionada a veces no basta, por momentos pasa desapercibida y desvanece, perdiendo su función de decirme que me ama no importe que pase.


¿Me amas? ¡Si! ¿Cuánto? ¿De aquí a dónde? ¡Al cielo! Mas… dilo, exprésalo como sea. ¡Por favor!


De día o de noche, tal vez en la madrugada ¿Sera…? Despierta o dormida, no importa. Respira junto a mi ¿Es mucho pedir? Mírame o solo veme. Tus pupilas lo dirán, solas se delatarán, ante mí y ante el mundo entero y lo expresarán, lo dirán y lo gritarán al dilatarse y delatar ese amor que me tienes. ¡Solo mírame o veme! Un instante, un momento.


Te amo yo también ¿se ve en mi mirada? ¿Lo notas? ¿Lo sientes?






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26 de febrero de 2016

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Siempre en sueños

 

Estoy sentada muy alto, mirando un poco más allá de lo que mis ojos logran captar; estoy mirando con el alma todas aquellas cosas que no hicimos, y todo aquello que no nos dijimos, y todo aquello que no sentimos. Y es que todas esas sonrisas que hubiéramos podido compartir eran suficientes para amarte más, y todas esas veces que hubiera podido tocar tu puerta solo pensando en la felicidad que me causaba verte una vez más, o también todas las lágrimas que pude haber derramado pensando que la vida solo quiere enseñarme a ser fuerte y valorarme y a sentirme segura cada vez que me miraba al espejo.
Algún día me dijiste que si los sueños superan la realidad entonces no tiene mucho sentido. Y después de tanto pensar, ahora sé que solo necesitaba escucharlo de tu boca, escucharlo de ti mismo y entender que nuestra historia ha sido presente en mis sueños más inocentes, pero ausente en mi realidad, una realidad que es tan cruel conmigo misma… que aun te espera, sentada, frente a este abundante océano que tantos secretos guarda. 

-Laura Giraldo

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23 de febrero de 2016

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El regalo


Regina, señorita catequista de 55 años se aproxima temerosa a su casa después de haber pasado por el famoso mercado de brujería.
La oscuridad de la noche es estremecedora, el cantar de un grillo es amenazante y aquél gato escuálido que va pasando es simplemente espeluznante, por lo que la catequista apresura sus pequeños pasos mientras se repite una y otra vez en su mente <<Tranquila, nada te va a pasar, dentro de pronto estarás en la seguridad de tu casa>>

La oscuridad y las sombras de la noche comienzan a acorralarla pero por suerte ha llegado a casa, comienza a buscar las llaves cuando... -¡¿Qué es esto?!- exclama horroriza al ver la gran caja de regalo con moño rojo que está en su puerta obstruyendo el paso.

Voltea a un lado y al otro, no se ve nadie a metros de distancia.
Sin tocar la caja comienza a buscar alguna tarjeta, algún recado, un algo que le indique quién es el autor de dicha entrega, al no tener suerte en su búsqueda un terrible pensamiento la sofoca <<de seguro ha de haber una rata muerta con tierra de panteón y velas negras, así como los objetos oscuros que venden en aquel mercado>>.
Esta idea la aterra por lo que comienza a aferrarse a su rosario, suplicándole que con algún poder celestial desaparezca aquél objeto, pero la caja sigue ahí despampanante con su brillante moño.
Regina con muchas ganas de entrar a su casa y de ir al baño, se arma de valor y destapa la misteriosa caja...

Sus ojos se cristalizan y las manos le tiemblan cuando toma la fotografía enmarcada que se encuentra en el interior de la caja, es de la feria del '79, ella está protegida por los brazos del único hombre que ha amado en su vida: Alejandro, ambos se ven jóvenes radiantes y sobre todo enamorados.
-¿Qué habrá sido de ti?, ¿Dónde estarás? te extraño tanto- dice Regina mientras acaricia con sus delicados dedos el rostro de su amado.
De repente una voz grave y seductora le responde -Aquí estoy-
Regina asombrada, conmocionada, temblorosa e incrédula por lo que está escuchando se da la vuelta y ahí está Alejandro, aquel hombre que le dio significado a la palabra amor.

Regina efectivamente logró entrar a su casa, solamente que lo hizo de la mano de Alejandro.

 Por: Jenifer Roa
http://suletra.blogspot.mx/
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19 de febrero de 2016

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Lo que Borges y Goethe me contaron de Swedenborg


En el libro de los seres imaginarios de Borges existe un pequeño relato sobre los ángeles de Swedenborg.

Me contó Borges que estos ángeles podían mirar al norte, al sur, al este o al oeste que siempre verían a Dios cara a cara. Eran ante todo teólogos y su deleite mayor era la plegaria y la discusión de problemas espirituales. Las cosas de la tierra eran para ellos símbolos de las cosas del Cielo. El sol correspondía a la divinidad, en el cielo no existía el tiempo y las apariencias de las cosas cambiaban según los estados de ánimo.
Los trajes de los Ángeles resplandecían según su inteligencia -esta maravillosa frase me inspiró este dibujo de un hada con un gran vestido azul tan inteligente que tuve que dibujar al hombre-medio mortal a sus pies, minúsculo ante el esplendor obvio de la naturaleza de los seres supra naturales-. Continúa Borges diciéndome que en el Cielo, los objetos, los muebles y las ciudades son más concretos y complejos que los de nuestra tierra y los colores, más variados y vívidos. Los ángeles de origen inglés propendían a la política; los judíos al comercio de alhajas; los alemanes llevaban libros que consultaban antes de contestar.

En todos los casos, su mundo está regido por el amor.
Cada ángel es un Cielo y dos personas que se han amado en la tierra forman un solo ángel en los cielos de Swedenborg.

Esta última idea me pareció tan extraordinaria que me puse a indagar sobre la posible existencia de estos seres maravillosos. Al principio creí que Swedenborg era el nombre que la imaginación de Borges había dado a estos ángeles. Sin embargo pronto descubrí que no eran suyos, sino de Enmanuel Swedenborg, un científico brillante del siglo XVIII, de origen sueco que desarrolló su carrera en Inglaterra donde se aplicó al estudio de todo tipo de disciplinas. Fue matemático, ingeniero, óptico, relojero, grabador, astrónomo e inventor de todo tipo de artefactos. Un Leonardo da Vinci injustamente olvidado por la Historia. También fue filósofo y teólogo. Hijo de un obispo luterano, se interesó por las Sagradas Escrituras y aprendió hebreo y griego para entenderlas mejor. A los 56 años su vida cambió por completo: los ángeles empezaron a visitarle y le convirtieron en su auténtico portavoz en el mundo. Parece que conversaba con ellos en las calles de Londres como con cualquiera de sus vecinos.
Los ángeles lo llevaron a ver el más allá y le informaron de todos los pormenores de la vida espiritual que Swedenborg fue escribiendo en incontables volúmenes.

No es fácil encontrar a Swedenborg hoy en día.

En una librería de viejo no lejos de la Place des Vosges en Paris, pregunté por el visionario sueco. La mirada del librero lanzada más allá del mostrador y de sus anteojos decimonónicos me pareció tardar una eternidad en llegar hasta los míos, como si todos los siglos que han transcurrido desde la existencia de Swedenborg y sus arcanos celestes se hubiesen interpuesto entre el librero y yo.

De pronto el hombre me pareció envejecido por un algún escrúpulo de librero parisino polvoriento y desconfiado. Tal vez un secreto milenario hubiese atravesado su pensamiento en aquel instante pues un rictus extraño contrajo sus cejas por encima de los cristales redondos de sus lunettes y algo parecido a un carraspeo nervioso resonó en su garganta como la nota final de un instrumento sin cuerda.

No podía ayudarme. No, no sabía gran cosa del tal Swedenborg. Sabía aquello de los ángeles y también que era un loco que había inspirado alguna obra de Balzac y Paul Valèry.

Nos despedimos del viejo pagando en su cuenta un viejo códice de alquimia que trataba sobre el simbolismo hermético, la incertitud de la medicina, la verdad sobre la Gran Obra, la felicidad temporal del hombre en la Tierra y la naturaleza del alma.

Mis pesquisas a través de estantes polvorientos duraron varios meses antes de someterme una vez más a la tiranía de la mercancía en movimiento en su vertiente de biblioteca electrónica universal: Amazón.

Gracias al rendimiento de sus recursos, al almacenamiento y procesamiento de libros altamente optimizado y sus servicios de computación en la nube conseguí, a golpe de ratón, hacerme con dos de sus grandes obras en un santiamén. “Del cielo y del Infierno” y “De planetas y ángeles”.

Leí a Swedenborg el invierno pasado durante mi estancia en Frankfurt y acabé su segundo libro el día que decidí visitar a Goethe.

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Era una de esas mañana de invierno y nieve en Alemania.

En el reino de los bancos donde la vida transcurre entre cristales transparentes de rascacielos y palacios celestes, el río Main me parecía a menudo el único ser con vida.
A veces sacudía ligeramente sus olas y ese gesto lo interpretaba yo como una señal cómplice lanzada desde el sueño de sus aguas para devolverme a la vida tras una ínsipida jornada de oficina.

Elegí uno de esos días donde la vasta y perfecta maqueta que era Frankfurt se hallaba implacablemente vacía. Banqueros y oficinistas ocupaban sus puestos de trabajo con indolente obediencia y, con la eficacia de un mecanismo de precisión, lanzaban un día más los engranajes debidamente engrasados de sus rutinas miserables.

Era un día laboral en el que inventé una excusa cualquiera para no acudir al trabajo y, envuelta en mi larga bufanda de invierno, salí al encuentro de la Historia.

La casa de Goethe estaba perfectamente vacía aquella mañana. Tal y como lo había esperado, yo era su única invitada.

Aunque la casa ha sido totalmente reconstruida tras el bombardeo sufrido en la segunda guerra, sus muebles, cuadros, manuscritos e incluso su pequeño teatro de marionetas siguen intactos. Cada uno de estos objetos desprendía un erotismo antiguo que excitaba mis sentidos y erizaba mi piel.

En uno de los cuadros se veía un retrato del joven Goethe. Aparece ligeramente recostado en un taburete victoriano. Lleva una casaca sencilla de paño azul y una camisa entreabierta de volantas en cuello y muñecas. De perfil, con las piernas cruzadas y cubiertas sus pantorrillas por unas medias de la época, sostiene en su mano derecha un oscuro retrato que parece la sombra de una mujer. La mirada despreocupada del poeta encierra antiguos anhelos y ambiciones secretas. Desde el otro lado del cuadro y del abismo de los tiempos traté de penetrar en los deseos ocultos de aquel hombre, pero al dejarme llevar por entre sus recovecos me encontré de pronto haciéndo el amor al fantasma de Goethe entre encajes y brocados de seda, de plata y terciopelo.

Algún ruido de la calle me despertó de tales ensoñaciones y continué mi visita con el fantasma del poeta pegado a mi piel.
Las pequeñas ventanas de la casa enmarcaban el paisaje de copos de nieve con la perfección arquitectónica de una casa de muñecas.
Subí a la primera planta donde había una exposición de sus manuscritos, cartas, libros y viejos bocetos a lápiz.

Me fastidió no saber alemán. Los cuadernos de Goethe hablaban claramente de cosas ocultas. Pirámides, cábalas, símbolos solares y todo tipo de escrituras crípticas poblaban sus cuadernos.

Goethe mencionaba a viejos alquimistas como Paracelso y en uno de ellos pude claramente leer el nombre de Swedenborg.

Nunca he sabido de su relación con la alquimia, pero ese día observando los copos de nieve que bañaban Frankfurt a través de las pequeñas ventanas de la vieja casa e inspirada en el romanticismo de aquellos manuscritos con el nombre de Swedenborg trazado por la pluma de Goethe y mi piel erizada por fantasías decimonónicas, me dije que sólo un velo muy delgado puede dividir nuestro mundo del mundo real y que sólo los sueños, las experiencias místicas, las visiones y clarividencias de los hombres pueden dar acceso a él.

Goethe lo sabía y consagró su vida a la búsqueda de ese mundo mágico. Fausto es claramente el arquetipo y símbolo del proceso de individuación del hombre moderno. El hombre que trasciende la realidad desencantada por la ciencia y la tecnología y que utiliza el arte (la magia) como antídoto para salvarse de la desmitificación del mundo y reivindicar otros aspectos de la existencia.

Fausto, como Swedenborg, reivindica la magia y halla la luz.

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Creo que este relato me lo susurraron en sueños Borges y Goethe.

Tal vez ambos se hubiesen amado de alguna manera en la tierra y hayan formado hoy un solo ángel en los cielos de Swedenborg.
 
Cristina Godefroid
 
http://www.cristinagodefroid.com
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16 de febrero de 2016

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En el bosque de los sueños


La distancia que los separaba era inmensa al igual que su amor y sus ganas de verse, por eso acordaron que sin importar el cambio de horario, siempre se dormirían a la misma hora para poder encontrarse en el bosque de los sueños, en ese bosque donde las luciérnagas se unían a las estrellas y a la luna para alumbrar el rostro de ambos, para alumbrar esos ojos que el tanto extrañaba y esa sonrisa que ella tanto añoraba.
Cada encuentro era diferente, pero comenzaba de la misma manera: tomados de la mano se escondían de la luna debajo de aquel gran sauce y se besaban hasta que sus labios se decían lo mucho que se necesitaban el uno del otro.
Había momentos en los que solo se miraban mientras respiraban el frescor de las flores , otras veces bailaban bajo la luz de la luna y a veces se sentaban sobre una roca para apreciar el sonar del viento en las hojas de la arboleda.
Como siempre llegaba el momento del adiós y con un beso impregnado del bosque de los sueños se despedían con la promesa de encontrarse a la noche siguiente.
Y así era siempre, pero algo sucedió cuando ella despertó: aún podía sentir en sus labios el dulzor de aquél último beso, entonces ella se dio cuenta....
Jenifer Roa González
http://suletra.blogspot.mx/
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9 de febrero de 2016

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Vida o irrealidad (IrreVida)


Todo inicio cuesta, desde hablar, caminar, soñar... siempre pensé que todo seria mas fácil cuando empecé a soñar, vivir en un mundo creado por mi, que se sabe de antemano como va a ser, que puedes hacer y deshacer a tu gusto, algo inmensamente mas fácil que vivir, pero a veces los sueños son lo único que tiene, aunque te los quiten. ¿Nunca te pasa que estas acostado, intentando dormir, y lo único que se te viene a la cabeza es lo que piensas que te pasara al día siguiente? que te pueden dar las tantas intentando saber que pasara, que esa impaciencia encima te impide dormir, y al final duermes tan poco, que aunque tuvieras la posibilidad de vivir ese día soñado, se vuelve tan imposible por culpa del cansancio que no llegas a nada, terminas solo soñando, y noche tras noche se queda todo en nada, en pensamientos que de un día a otro se pierden y... mierda para todo, día tras día se hace igual y eterno, que te miras al espejo y no sabes que hacer para cambiar nada, que estas feliz porque eso es lo que as vivido siempre, no porque podía ser mejor, y te acomodas de tal manera, que nunca luchas por lo que un día era un sueño que ibas a realizar de un día para otro, se esfuma y desaparece 

Pedro García López
http://vidaoirrealidad.blogspot.com.ar/
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5 de febrero de 2016

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Luego de la tormenta


En la oscuridad de mi cuarto,puedo sentirlo. Trato de gritar, no puedo defenderme. Luego mas oscuridad y finalmente... ya no hay nada.
Siento mi pecho cerrarse, me cuesta tragar y hasta respirar. Trato de decir algo, pero las palabras se quedan allí, sueltas en el aire. Algo corre por mis mejillas, cuando me doy cuenta, solo puedo llorar.
Si cierro los ojos creo que puedo distinguir algo, se mueve, creo que soy yo.
En el ultimo tiempo vi gente a mi alrededor, pero no podía reconocerlas,hablaban pero no podía escucharlas. Me vi a mi misma sin reconocerme, moviéndome sin ir a ninguna parte.
Me doy cuenta que me había inventado algo que no era. Solo buscaba ser feliz. Hoy siento algo nuevo, algo que despierta dentro. algo que quiere salir. Me percibo a mi misma, no se para que o que esta haciendo, no se si espera o si va o si ya llego algún lado. Lo que si se es que estoy aquí y ahora.
Sol
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2 de febrero de 2016

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¿Y que vamos a hacer?


Soy dueña de muchos defectos, de mil suspiros frente a la ventana, tengo la
letra tan fea como una doctora del seguro social. Ya he soñado con mi funeral,
vestida perfectamente con un vestido negro largo, ataviada con mis mejores recuerdos
y de hecho tengo un cuaderno con 
varios epitafios que he escrito para que mis seres queridos escojan el que
más les guste. No he dictado mi testamento porque no hay nada que pueda
ofrecer o prometer, además, sólo he ahorrado memorias felices
para no olvidar a las personas que me dieron ese instante.
Nunca he
confiado en la vida, mucho menos en el destino, la última vez me fallo, quitándome al gran amor de mi vida..
así que todos los
días me encomiendo a mi muy particular Dios que supongo me mira con algo de
ternura.

Tengo la certeza de que al purgatorio se llega por atajos y yo ya he
encontrado algunos. Me dicen en el banco que no soy sujeto de crédito, no es
que me preocupe tanto porque en realidad no necesito mucho para sentirme a
gusto. Voy de mujer dura por el mundo y mi vida parece un bar abierto de
madrugada, algunas veces me intoxico para olvidar que soy una estúpida que cree en el amor y las personas
y otras veces sólo me maldigo por ser tan sentimental.
A veces me da por recitar poesía en en mi mente mientras observo el vaso medio
vacío o mi vida consumiéndose y es cuando me pongo un poco pesada y
recuerdo los atributos de ese chico que robo mi corazón y mis sueños
recuerdo los mails que le enviaba con frases que pocas veces los hombres entienden:
“Quisiera que tu piel cobijara mis desvelos” o “tienes un incendio en la
mirada, un fuego inolvidable que atormenta mis demonios”.
él pensaba que era loca, como reciprocidad, me amo como loco desesperado..
efectivamente estoy loca, pero más estoy sola, una
tonta sin remedio que hace poco se enamoró de un extraño e inigualable
hombre perfecto que sólo pedía la mano de alguien para sostenerse y aferrarse aún más
a este mundo tan acelerado, contradictorio y nebuloso.
y falle, yo simplemente no le pude demostrarle cuanto le amaba
lo mucho que me importaba tomar su mano y lo deje ir
sin hacer nada para detenerlo...
A veces me siento como un tonta, esperando algo que me diga que la vida es
mucho más que esta sucesión de soledades y compañías. Luego lo olvido porque
a fin de cuentas no he
hecho las cosas tan mal , y todavía falta un largo camino que
recorrer, y eso... me parece un pequeño triunfo que compensa todas
mis derrotas.
Mikka R.
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