30 de enero de 2016

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Como puede no existir eso ?


Sentir su mirada, el suave toque de su brazo que involuntariamente se encuentra con el mío, las olas chocando contras los espolones de la playa. Ese momento en que realmente no pienso, solo siento, irónicamente es lo más sabio que podemos y debemos hacer para ciertas ocasiones. Sin pensarlo y con mi mirada perdida en un paisaje que suele ser común pero nunca me detuve a apreciar su belleza salen palabras de mi boca:

- debemos amar con pasión y desventura, no dejemos caer los parpados, no nos quedemos inmóviles, ama las perfectas imperfecciones de aquella persona, amala cuando este desarreglada, recién levantada, ama aquella mirada en el comer, ama cuando tenga esos arranques de locura, porque de lo mejor cualquiera se enamoraría y el amor no es para cualquiera.

Volteo y allí está nuevamente esa mirada, ese era un paisaje aún mejor que el anterior y volví a comerte el mismo error, luego de unos segundos en silencio que ha de sentirse como una eternidad nuevamente me dirijo hacia ella:

-creo que realmente estamos enamorados cuando no sabemos exactamente porque lo estamos, Entonces dime valentina, como puede no existir eso.

Jose Gabriel Suarez Martínez

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26 de enero de 2016

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Cosas que pienso mientras Jorge no me mira


Cuando me quitas la mirada y mis ojos se ausentan de los tuyos, pienso, dos nombres y dos apellidos posees Jorge, aun así insisto en cambiártelos. Los altero, y después le agrego otros nombres, más mi apellido. Haciendo una mezcla que para mi , es más que perfecta. Me gusta cuando no me miras, porque así puedo entenderte mejor. Me gusta ese espacio vació lleno de ti cuando te veo desprevenido, con la mirada perdida en otro lado, en el que estas como ausente. 

Cuando te recuestas en mis piernas y me quitas la mirada y mis ojos se ausentan de los tuyos, pienso, contigo mis pulmones respiran mejor y mi corazón late, late muy fuerte. Sobrevivo y río con facilidad a esta lucha diaria. Mientras mis dedos juegan con tu cabello negro, trato de hacerte un cuento. Uno corto. En el que puedas sentirme cada vez que te vayas a dormir. 

Cuando estamos discutiendo y me quitas la mirada y mis ojos se ausentan de los tuyos, pienso, tengo miedo de haberte herido, de haber roto lo que nos une y que me odies. En el silencio de tus palabras, te escucho. Tengo miedo a que no vuelvas, a que me olvides. Miedo de mí. 

Cuando estamos acostados y me quitas la mirada y mis ojos se ausentan de los tuyos pienso, me gusta tu espalda y su anchura, quisiera aprenderme de memoria cada lunar, cada marca, cada vello. La cama con olor a nosotros me hace reflexionar. Me gusta que me arrulles y me prometas la vida eterna. Te miro dormir tranquilo y sigo el movimiento de tu respiración y me relajo. Respiro profundamente, puedo olerte, intento tragarme tu esencia, mantenerla en mis pulmones y conservarla para esas tardes solas. En donde no hay mar, en donde no hay Jorge, en donde no hay amor.

Katia Avila
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24 de enero de 2016

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Cruel intención


El humo acababa de entrar en la oscura habitación. Tumbada y con un sueño profundo la mujer aspiró tan fuerte que los pelos de su extensa melena se pegaron en la comisura de su boca. Segundos después, mientras soñaba que disfrutaba de una bebida refrescante a base de zumo y vodka junto a un hombre de cara desconocida, notó un desagradable olor en el interior de sus fosas nasales. Despegó los párpados con lentitud y se incorporó en la cama. El olor a humo se había quedado prendido en su cabello. No entendía lo que estaba sucediendo. Una intensa neblina comenzó a nublar su visión y a escapar por la ventana entreabierta tiñendo el cielo de un color gris ceniza. Aquella habitación acababa de ser abandonada por los ángeles e incluso por las estrellas, las cuales no habían tardado en esconderse entre las nubes de franela. Se levantó a toda prisa y con el miedo engarrotándola los huesos salió de la habitación notando como el humo invadía sus pulmones. Intentó llegar hasta el exterior agarrando con fuerza su garganta por la que salían sollozos pidiendo auxilio y una vez fuera, se tiró contra el asfalto húmedo de la lluvia y comenzó a llorar. Golpeó su pecho con el puño izquierdo y con una gran angustia contempló como su vida se derrumbaba poco a poco convirtiéndose en montones apilados de escombros chamuscados. Las flores de la fachada que habían lucido hermosas horas antes se habían vuelto cabizbajas y los ladrillos que formaban los cimientos de su hogar estaban desapareciendo. Entre la intensa niebla originada por culpa del humo, los gritos desgarradores de la mujer alertaron a los vecinos que dormían plácidamente. El fuego alertó a los bomberos y las sirenas al resto de la gente que aún visitaba las calles de aquel tranquilo barrio viéndose atraídos por el cotilleo de lo sucedido. Se había convertido en una imagen triste y dolorosa. Todo se había perdido, desaparecido para siempre. ¿Cómo había podido suceder aquella desgracia? ¿Qué había provocado tal incendio? Mientras ella no podía pensar con claridad, unos ojos oscuros como el carbón observaban lo sucedido desde la lejanía. Su dueño, un hombre frío y sin corazón al que el amor había cegado y el desprecio convertido en un monstruo capaz de acabar con la vida de su amada, había decidido mostrar su ira y castigarla por sus desprecios. De nuevo el hombre había destacado por su crueldad y para aquella mujer nada volvería a ser como antes.
 
Nuria Nimar
 
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21 de enero de 2016

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El Equilibrista










La cuerda esta lista. ¿La altura? ¡Muy alta! No veo hacia abajo solo camino por ella. Nunca uso un arnés, mi carácter aventurero e intrépido me obligan a andar por ella al filo del peligro. No ando ligero, por el contrario soy de los que llevo mucho peso. En mi mochila voy metiendo piedras lo que lo hace más interesante. Una por cada pensamiento o proyecto nuevo. Se van apilando generando que mi equilibrio se vea mas comprometido, y al paso de mis proyectos y responsabilidades, mi mochila está siempre muy pesada

Nunca veo el piso, estoy demasiado alto. Mi cuerda está colocado en la azotea de un gran rascacielos. De joven tuve la opción de colocarla muy cerca del piso y andar en ella muy bien amarrado. No es lo mío.

Siempre vi esa azotea desde abajo y soñaba con alcanzarla, cruzar de un lado a otro. Llegar al otro lado sano y salvo. Caminaba de una esquina a otra, soñando o preparándome para ese gran cruce. Viéndolo siempre desde abajo y preguntándome ¡cuándo seria mi momento!

Recuerdo lo alto que se veía, de niño todo lo ves grande. Al pasar de los años comenzó a verse más alcanzable el cruce. A medida que mi preparación avanzaba, cada año cursado, libro terminado y experiencia vivida, esa azotea bajaba más al piso o el piso subía más a ella. Cada letra casa tropiezo en mi preparación, según mis mayores, un paso más. Por más dolorosos que fueran la idea siempre es levantarte lo más rápido posible. No es como te caigas, es más bien, la forma en la que te levantas.

Parte importante era tener un nido. Crear un lugar seguro y por qué no tener familia. ¡Tener algo! Poder practicar para lograr llegar al otro lado, prepararme dotándome de todos los elementos necesarios para tener ese equilibrio en mi cuerda, que cada vez y sin saber el porqué, pasaba por esa esquina y crecían pisos a los edificios donde sería colocada. Al paso del tiempo también la calle se hacía más ancha y a medida de mis pensamientos, ambiciones y aspiraciones mi mochila pesaba más y más. Tenía que hacerlo, llegar sano y salvo y lo más importante: no dejar nada atrás.

Pasaron los años. Mi preparación estaba casi lista. Para ese entonces ya los edificios estaban altísimos y la calle, si se podía seguir llamando así, muy ancha. Sentía que aún no estaba listo para el cruce, mi preparación no estaba completa y en mi mochila aun había lugar para más.

Esta vida moderna llena de cosas hace mi travesía más y más difícil, obstaculiza mi camino turbando mi tranquilidad. Además pone en riesgo mi equilibrio con tantos pensamientos e inconformidades ¡Hay tanto ya! Que no sé qué quiero, cuándo lo quiero y si realmente lo necesito.

Decidí llevar a mis hijos conmigo, al igual que mi mochila conteniendo mis pensamientos, deseos y aspiraciones. Estarían en mi espalda mientras quepan. Quería que en sus primeros años disfruten de la vista y la brisa del viento en un lugar seguro. Sin complicaciones o frustraciones a la medida de los posible. En mi emprenderían sus primeros intentos, así que su seguridad dependería de mi equilibrio.

¡He practicado tanto! ¡Estarán seguros! ¡Los amo!

Ahora solo tenía que asegurarme que así sea, que su cuerda en el momento indicado, también sea colocada en lo más alto, que su mochila esté llena de tantas ambiciones y deseos como pensamientos en su mente. Que su equilibrio nunca se comprometa con malos caminos, malos hábitos. Y su cruce sea pacífico y lleno de amor y prosperidad.

Tuve la suerte de verlos cruzar, a cada uno de ellos. No me había percatado pero mi pelo estaba muy blanco, mi cara arrugada y mis piernas apenas podían sostener mi mochila. Fiel compañera de vida aun conteniendo un solo deseo, un solo pensamiento y una sola ambición: ¡Morir en paz! sabiendo que mis hijos estarán viendo a los suyos cruzar sanos y salvos, a lo alto y a todo lo lejos que sus deseos lo permitan.





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19 de enero de 2016

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Ojos en el bosque


Algo asustó a Dulcinea, su yegua favorita, y en un movimiento rampante Anilú perdió el control de la montura cayendo al suelo dándole sólo el tiempo suficiente para lograr caer de pecho. Perdió el aliento y junto con él su orientación. Un minuto después, lo que a ella le pareció una eternidad, encontró el oxígeno que necesitaba para poder levantarse. La noche le pareció de repente más oscura, más amenazadora; no alcanzó a ver las luces de su casa. El pasto húmedo se quedó pegado en su ropa y en su piel. Jadeó. No encontró señales de Dulcinea por ningún lado. ¿Qué pudo asustarla tanto? Ella nunca se iba de su lado. Sintió el aire espeso. No sabía por qué pero sintió miedo. Comenzó a caminar sin estar segura hacia dónde. Un ruido la hizo volverse, le pareció ver algo pero la oscuridad no le permitía ver más allá de un par de metros tuvo la sensación de que algo o alguien la observaba. No era una zona donde los lobos o coyes pasearan seguido, pero esa parte de su subconsciente le decía que ningún animal silvestre estuviera cerca. Agudizó el oído. Nada. Sintió mucho miedo, se echó a correr no sabía hacia dónde pero ella corrió, quería alejarse. Comenzó a sudar y no supo en qué momento ella estaba corriendo desesperadamente y en algún punto, lo que ella creyó que saboreaba sudor eran sus propias lágrimas. 

Mêl Ishtar
http://res0nullius.blogspot.mx/
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16 de enero de 2016

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Primeras miradas


A todos nos ha pasado, aunque a la mayoría el tiempo y el valor no nos ha premiado. Se dice que los ojos son la ventana del alma, que con una mirada podemos conocer mucho de una persona y para muchos es el inicio de algo bello o de una dolorosa enseñanza, pero esa es otra historia, algo mucho más grande que en este corta pedazo de expresión y de sentimiento de libertad propio no podría explicar.

Yo hablo de ese fugaz momento que se cruzan las miradas, adherido de espontáneos gestos que delatan nuestro interés, momento en que somos capaces de crear una historia mágicas aun en circunstancias comunes y corrientes como en el transporte público o al hacer un pedido en una tienda, en ese pequeño momento tomamos decisiones, decisiones que van y no volverán. Entonces ese momento fugaz desaparece, ella sigue y el no vuelve, allí muere un amor que nunca nació

Jose Gabriel Suarez Martinez
 
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8 de enero de 2016

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Una noche mas, un sueño mas


Cuando pensé que no podía volverme mas loca te sueño. Te apareces en la noche y me abrazas como solías hacerlo. Pareces haber leer leído mi mente porque me haces saber que todo va a estar bien y casi me lo creo.
Pero al despertar solo estoy acostada y tu suelo aun son las nubes.
No se que significa, o si en verdad tiene un significado, pero ha sido bueno verte.
Tal vez volvamos a hacerlo, en un sueño corto o uno eterno.
y hasta entonces... se que todo va a estar bien.

Sol
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¿Un Angel?



Aún la recuerdo.

Sí. Ese momento mágico en el que su mirada y la mía se cruzaron nunca más se borró de mi mente. Ella tenía puesto ese hermoso vestido blanco y la luz de la luna iluminaba delicada y dulcemente cada rasgo de su rostro. Sus ojos color miel brillaban casi como el resplandor de las estrellas.

Era una noche de verano. Fiesta de fin de año… Como olvidarlo. No me animé a hablarle, la creía imposible…

Los chicos bailaban, reían y cantaban…Ella estaba ahí, sentada en esa hamaca mirando el cielo. Noté que amaba aquellos pequeños destellos en el cielo oscuro y misterioso. Su rostro todo lo decía.

Luego de pensarlo y de vacilar varias veces, lo hice. Caminé hacia ella. Se sorprendió: lo noté. Hablamos un poco… de música, de anécdotas… De todo. Reímos toda la noche, la invité a bailar. Nada podía parecer mejor: Ella y yo, bailando juntos, gozando sin preocupaciones… Éramos felices.

Todo acabó y se marchó… aún no encuentro la razón. Me miró a los ojos, me besó levemente en los labios y se perdió entre la gente. Nunca más supe nada de ella, nunca mas vi su rostro, nunca mas vi sus ojos ni su sonrisa... Y hay algo que aún me pregunto desde aquella noche...

<< ¿Habrá sido un ángel?>>...
Sofia Luna

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5 de enero de 2016

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Te soñé


La encontró una mañana en medio de su habitación, acababa de llegar a su casa luego de una semana. Él solía perder la noción del tiempo cuando salía con su familia bohemia, dormían donde los alcanzaban la noche y cuando el cuerpo ya no podía estar más intoxicado de las delicias que te ofrece el bajo mundo.

Ella estaba taciturna, pareciera como si lo había esperado toda una vida; pero no perdía su gracia natural y seductora. El muchacho entró al desdeñado cuarto y no la miró más de lo necesario, si fuera posible que alguien más presenciara la escena, no se percataría que no era cotidiana.

Ninguno hablaba, tampoco se miraban, estaban sumergidos en sus pensamiento. Al fin, ella separó sus labios y en un susurro apenas audible dijo -¿donde has estado?; el joven mientras se cambiaba de ropas contestó indiferente -en realidad importa.

Un suspiro resignado hizo eco en la pequeña y austera habitación, un agujero negro se iba formando en alguna parte, se iba tragando todo y no quedaba más que la nada. La oscuridad se hizo total, él se despertó de lo más tranquilo, lo primero que miró fue el reflejo del amanecer a través de la cortinas sucias de la ventana, el color azul pálido del alba saturaba el lugar.

Ese día cumplía un año de haberse encerrado en su casa, él hubiera deseado poder olvidar las fechas. Sobre las sábanas de la cama estaban esparcidas unas cosas que fueron de ella, algunas ya no servían; aunque ya no importaba porque jamás las iba a volver a usar.

El muchacho no la podía recordarla tan claramente como lo había hecho en sus sueños, sintió de nuevo la desesperación que se le era normal en los últimos meses.

El día lo percibía diferente, llegó a sentir que alguien lo buscaba. Se levantó, se dirigió al espejo y pensó que no podía verse más demacrado y miserable; solo se cambió la camisa, no se molestó en buscar las llaves, contempló por última vez su prisión de hace ya un año y salió a la calle perdiéndose al cruzar la esquina.

 Av. Alcorta 
https://enestetiempoanfibioblog.wordpress.com/
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1 de enero de 2016

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No sé escribir.

 

No sé escribir.
Tampoco sé si soy escritor
o simplemente alguien que escribe.
Sólo sé que un día escribí por qué no supe que más hacer
no sabía lo que hacía
y mucho menos si lo hacía bien
se sentía bien
se sentía libre
se sentía real
de pronto empecé a poner letra por letra
relatándome historias que no conocía.
Jugando a ser dios.
Y la verdad nunca he tenido conversaciones tan cómodas
nunca había charlado con alguien que me entendiera tanto.
Es que a veces es un “algo” en mi cabeza
no suena, entonces no tiene voz
no se ve, entonces no tiene cuerpo
no se siente, entonces nada tiene sentido
sólo está ahí
narrando mi vida
empiezo a pensar que soy yo
que no estoy loco.
Lo único que realmente sé
es que no sé estar feliz de otra forma
no sé llorar de otra forma
no sé sangrar, de otra forma.
Y mucho menos no sé escribir, de otra forma.

Nicolás Cázares Ruiz

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