30 de abril de 2014

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Música


Tú me decías que cuando oyera nuestra canción sentiría llegar tus besos por la espalda. Aunque estuviese lejos, aunque pasaran los años. Me decías en un susurro, mientras tu aliento lamía mi cuello:“Escucha, oye bien la música, porque no la vas a olvidar ya”. Y que razón tenías.
Me dejaste en el alma una espina envenenada. Con un veneno infinito. Del que uno no se muere, sino que vive hechizado para siempre. La pócima del amor prohibido que sana sólo con la muerte. Sí que me llegan tus besos con el aire de la tarde a besarme la nuca, a hacerme cosquillas en la piel. Siento las puntas de tus dedos que me colocan el pelo detras de las orejas. Las piernas me llevan no me acuerdo ya dónde, porque la mente me ha conducido tan lejos que me pierdo por las calles. Porque no veo las aceras, veo mis pies junto a los tuyos; y mis manos no tocan el aire ni tocan nada, porque se han ido hacia el recuerdo.
Por eso otros ojos y otra sonrisa casi escondida me traen tu brisa. Yo creía que el veneno había desaparecido, pero sólo estaba diluido en la sangre y en los años. Detrás de esos ojos he visto los tuyos, lo que no dicen, lo que prometen. Y mi piel ha respondido a la llamada, llena de miedo, envuelta en tu música.
Atiende. He escuchado las notas tan familiares que me rozan igual que tus labios en la comisura de los míos. La melodía, las palabras, tan nuestras como si las hubieramos escrito nosotros, me duelen como un golpe en el vientre. Quién sabe porqué la boca del estómago palpita y se estremece cada vez que un sentimiento nos asedia, como si el alma viviera ahí mismo, debajo del corazón, reclinada sobre el ombligo y alimentándose de lo que penetra en la piel sin pedirnos permiso.
La vida no ha sido injusta. Hemos sido nosotros, que no hemos hecho justicia a lo que teníamos. Y ahora te presentas con otra mirada. Azúl, (distinta del negro agujero de tormento con el que me mirabas) me contempla presagiando cosas que tú y yo sabíamos de memoria.
Mientras el viento me trae tus besos y los enreda en mi pelo he mirado su boca. No es como la tuya, pero me he preguntado curiosa si esos labios diferentes besan como lo hacías tú.
Siento cosquillas en la espalda, la música me acaricia cada vértebra, como pequeños besos, como gotas de lluvia que resbalan por la piel. Camino y mis pies vuelan sobre el asfalto. La melodía ha entrado en mí y me está arrancando despacio cada respiro. Me roba tu recuerdo, lo hace revolotear a mi alrededor y se lo lleva, como hojas secas.
Dijiste: “Para siempre”. Y yo te creí. Por eso, sobre mi ombligo duerme la pena que se despierta con nuestra música y me hace llorar. Por eso, cuando camino y el viento me acaricia, te respiro en el aire del otoño. Por eso, cuando veo sus ojos y su sonrisa, todo gira mientras bailas a nuestro alrededor sonriendo y canturreando: “Vívelo, atrápalo, déjate desnudar el alma”.
Quién sabe porqué la pena y el amor viven juntos, duermen abrazados y se bañan en las mismas lágrimas. Quién sabe porqué la música les abre siempre una puerta secreta y los desata de la misma manera.
Tú me decías que cuando oyera nuestra canción sentiría llegar tus besos por la espalda. Aunque estuviese lejos, aunque pasaran los años. Sí que me llegan tus besos, con el aire de la tarde, a besarme la nuca, a hacerme cosquillas en la piel....


Carmen Lozano


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29 de abril de 2014

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Pérdida de la naturaleza



Dicen que al principio todos éramos uno solo...

y que aprendimos a acallar el deseo de nuestra verdadera naturaleza.

Será por eso que a veces,cuando te paras a mirar el paisaje, puedes escuchar a tu propia voz gemir en el viento.

Puede que sea eso, lo que te grita por las noches cuando no puedes dormir. Aunque nos empeñamos en denominarlo consciencia, mal de amores, problemas familiares, que hijo de puta es mi jefe.

Que en eso si, en eso de buscar excusas somos la leche.

También dicen que ahora somos así por costumbre, y nos enamoramos de las costumbres y de lo que nos han enseñado.

Y nadie va a negarme que es digno de admirar, como hemos construido castillos de hormigón en el cielo, aunque lo que quedase enterrado en el suelo, lo que perdimos en la escalada, fuese nuestra propia esencia.

Y de pronto, un día, nos damos cuenta. Y ya no podemos volver a olvidarlo, aunque nos den chucherías de colores y nos pongan en un pisito acolchado.

Culparte a ti, culpar a otros. Y lo único que todos deseábamos en el fondo, era hacer del mundo un lugar más maravilloso, y no solo para nosotros.

Entonces, al final del camino, cuando no necesites aparentar más, demostrar nada a nadie, ni camuflarte en esto que nos empeñamos en llamar sociedad, te parecerá sencillo. Sabrás por qué gritabas por las noches. Pero entonces, ya, no te servirá de nada.

Se lo intentarás contar a tus nietos, y se reirán al no comprender tus palabras, tus hijos dirán que chocheas.

Y cuando descubras para qué estábamos en el mundo, y que era eso con lo que todos hemos cargado toda la vida sobre los hombros, no encontrarás nadie que entienda tus palabras, y los que las entiendan, bajaran la cabeza esperando que su carga se alivie cuando vuelvan a la tierra.

Pero no te confundas, les sobra fuerza para pelear contra el mundo, podrían llegar incluso a arreglarlo, de lo que no son capaces es de luchar contra sus propios monstruos, los que les desgarran de envidia, de ira, o rabia. Pasarán toda la vida luchando contra estos demonios, contra lo que les han enseñado, y cuando al fin los venzan a todos... sus nietos creerán que solo están chochean.

Dicen que al principio nuestras almas estaban conectadas colectivamente, que eso era lo natural, entonces empezamos a desarrollar un yo independiente, y a distanciarnos los unos de los otros.

Dicen que de aquí surgió el pensamiento de dominación violento, en un pobre intento de controlar y ser controlados.

Por esto cuanto más nos alejamos unos de otros, más necesitamos encontrar alguien a quien agarrarnos, gritamos más fuerte con la esperanza de que alguien nos escuche, porque si no, se nos marchita la primavera, y el corazón se nos deshoja, y en nuestro frío invierno vagamos por la nieve en busca de un iglú donde descansar nuestras piernas cansadas de arrastrar veranos cuesta arriba.

Lucía Polo


http://lulupad.blogspot.com.es/
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26 de abril de 2014

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Cuita 3/4 Contracorriente


Desprenderse del pasado para poder continuar. De lo contrario, cada vez que voltees a ver el ayer una bofetada te enderezará el cuello y te rasgará la piel.

Con eso concuerda la mayoría, pasan del simple “continúa” al trillado “lo perdido en el presente estorba”. Ojalá tuvieran razón con esto último, pero tu ausencia no me ha dejado en claro que no te necesite.

Me hace falta tu llamada a la oficina para preguntarme por la cosa más superflua, la escapada del trabajo a la hora del almuerzo dos por tres a la semana, tus zapatos favoritos o cualquier otra prenda olvidados en la sala o debajo de mi cama, la salida a cualquier parte después de las cinco que hacía que el fin de jornada tuviera sentido. Tus inventos culinarios de los sábados, unos deliciosos y otros, peligros disfrazados de bocados. Las esperanzadoras despedidas de las noches del domingo, dormir con la nariz hundida en tu cabello, tus caricias espontáneas, tus miradas de cejas levantadas con que reprendías mis mañas y artimañas. Tu aroma simple y natural o aquel impregnado con las notas complejas de un perfume. Tus besos, tu risa... Cómo odio no poder hacerte reír ahora y escuchar esa melodía.

Echo de menos tantas cosas, odio muchas otras; pero supongo que en virtud del "seguir adelante" ya no importan.

Todo lo que fue parece adherirse a la suela de mis zapatos frenando cada uno de mis pasos y sé que debo deshacerme de ese resistente pegoste para avanzar. Sin arrepentimientos, sin mirar atrás.

Estás tan cerca, puedo sentir tu aliento respirándome en la nuca. Desobedezco a los otros, me hago caso a mí mismo, volteo para enfrentar tu rostro y un aire gélido y vacío me golpea. Ahí está esa bofetada de nuevo atenta a mis descuidos. Me hiere la mejilla dejándome el mensaje implícito: Te vigilo, vete derechito y no te me desvíes del camino.

Pero me conoces, soy como un niño obstinado y rebelde. Los cachetones y rasguños duelen mucho menos, comparado con el verdadero dolor son poco más que nada, y me niego a ir hacia adelante sabiendo que te dejo en la dirección contraria.
 
Aldo Simetra

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24 de abril de 2014

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Era un Ángel

 

Ojos de esmeraldas gigantes.
Sonrisa de diamantes.
El mas fino cabello.
La hermosura en persona.
Pensamientos brillantes.
Oh, mi princesa.
Ella era hermosa,
Ella se fue.
Creo que me amaba, pero..
¿Cómo iba a amar a tal cosa?
Su puro corazón.
Oh, mi princesa.
Ella era hermosa.
Era el sol, la luna y las estrellas.
Todo el universo en su mente
Y todo el océano en su corazón.
Digna del amor puro de un niño.
Intocable.
Ella era mi Ángel.

 Kenya Guzman
http://hayquevivirlavidaporqueesbella.blogspot.mx/
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22 de abril de 2014

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En el jardín circular


María Dolores: Nada más adecuado a su aspecto y personalidad que su nombre.
Vivía sola en el inmenso palacete de marcado estilo neoclásico francés mandado a construir por su abuelo a principios del siglo XX.
Sólo cuando descansaba en el jardín circular del inmenso parque que rodeaba la casona, podía llegar a soltar una leve y fugaz sonrisa. Ella cambiaba su carácter hosco cuando el sol de la siesta iluminaba su tez transparente y blanca.
No obstante su guardada historia, con amores desencontrados, gustaba de recibir visitas a diario, lo que le daba sentido a la sexta década de su vida.
****
Ese mechón blanco que, desde su cabeza renegrida, caía sobre su rostro generando la forma de antifaz, le daba un aire señorial, muy similar al que portaba su primo texano. Ni qué hablar del mexicano y el uruguayo. Todos llevaban la “marca” familiar. Ellos gozaban de gran capacidad de adaptación al medio, lo llevaban en la sangre, así que se habían diseminado a lo largo y ancho de Sudamérica. Eso sí, construyeron sus casas y formaron sus familias preferentemente en las cercanías del agua.
Este jovenzuelo argentino, inteligente y observador, se había enamorado del Jardín de María Dolores, y tenía sus valederas razones.
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Era un jardín circular con una inmensa fuente de agua, flores por doquier, comedero de aves, bellos bancos de hierro forjado pintados de azul, en los que su dueña solía leer al amparo de la sombra de los nogales que había plantado su abuelo. Más atrás, sobre las altas verjas colindantes, las enredaderas conocidas como “taco de reina” resbalaban por la pared en cascada anaranjada. Hermosos ejemplares de arbustos, alguno que otro exótico, y los durazneros del fondo, creaban el entorno ideal para disfrutar de tan seductor vergel.
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Ese día, el visitante del jardín lucía su camisa amarilla refulgente, cubriendo su parte de adelante; el negro tupido completaba su atuendo, de la cabeza a los pies. Bien alimentado y de buen porte, un poco bajo tal vez, se lo veía elegante al fin. Sociable y osado, había comenzado a participar de las tertulias de la mujer amante de las flores, plantas de adorno y todo ejemplar relacionado con la botánica. Sin embargo, estaba inquieto, como esperando ver o encontrarse con alguien. Su vista penetrante iba de un lado a otro velozmente. De pronto, la descubrió, justo cuando María Dolores había ido a la cocina por unas masitas de coco hechas por ella misma.
La femme, ataviada de forma casi similar que su compañero, desconcertada y discreta, esperaba desde lejos, atenta el flirteo del galán. En el jardín circular había música de trinos, romances que resucitaban el pasado y un incipiente enamoramiento. Él, se movía de un lugar a otro. No era buen cantor para competir pero, se destacaba por su locuacidad y voz peculiar que, ya significaba mucho a su favor.
****
Otros individuos, asiduos visitantes y conocidos por María Dolores, también acostumbraban establecer algún vínculo en el simpático jardín circular, pero se mantenían ajenos al juego sensual, de miradas y esperas de la pareja que estaba por formarse.
María Dolores, en cambio, se mostraba atenta. Disfrutaba del juego amoroso.
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En un fugaz instante, ella se marchó sigilosamente del lugar. Él se desorientó por un momento, pero rápidamente inició una amorosa persecución a ojos vista de los demás. Acabaron encontrándose un poco más allá del bonito entorno, bajo las primeras ramas de un nogal muy alto, frondoso y añoso, a cuya sombra todo terminó o se inició. Él, ya la había elegido como compañera nupcial, poco quedaba por resolver.
Parado y erguido frente a la dueña de su corazón, hizo su propuesta agitándose en un beso tenue y sentido. Ya no dejarían de encontrarse casi todas las tardes al amparo del jardín circular. Y, si alguno de ambos se demoraba, el primero en llegar lo reclamaba claramente.
Cuando finalmente se encontraban se fundían en un abrazo con los pechos rozándose, las cabezas erguidas, hundiéndose en la humedad y frescura del tronco añoso.
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La vida había cumplido una vez más su cometido. Formarían su hogar. Él, o ambos, saldrían en busca de sustento para sus futuros hijos y es de suponer que compartirían su cuidado.
De cualquier forma la descendencia ya estaba asegurada.
El jardín circular y la fuente de agua los recibiría todas las veces que decidiesen volver, y María Dolores estaría feliz.
Ellos no se alejarían mucho, aunque vivir en las proximidades del río de la Plata los tentaba.
****
María Dolores había observado desde hacía años, que otras parejas similares, construían sus casas bastante grandes, con cierto aspecto tosco y desprolijo, si bien con un interior confortable, amplio y tapizado con materiales suaves. Una vez armado el “nido de amor” llegarían los hijos.
María Dolores gentilmente los aguardaría para atenderlos a la misma hora de costumbre, llevándoles su alimento preferido. Sin ellos, el jardín de las tertulias cantarinas no tendría sentido. Tampoco su vida.

Zuni Moreno


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21 de abril de 2014

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La montaña.



Y nació montaña allá en la cumbre,
y veía la mar abajo, en mansedumbre
y quiso ser ola y bailar en sus aguas,
¡y ser gaviota bella por volar a su sombre
,
y quiso ser playa y jugar con los niños
y ser viento fresco en tarde de estio,
¡y suplicó con anhelo el ser todo esto ¡,
y miraba con dulce ternura éste su deseo..
¡Y se vió la montaña siendo mar en agua ¡,
y volando allá arriba como gran gaviota
¡y arena y cielo y gota de rocio...¡
Y después de este hecho...
se quedó tranquila en suave mole de piedra....
¡besando los cielos con su pico ¡.

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20 de abril de 2014

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La primer ola


El bosque lluvioso ardía en miles de tonalidades de verde. Tras el silencio sorpresivo de todas las aves, el firmamento se oscureció en una única nube oscura, pesada y asfixiante. Como Monzón tardío, el cielo finalmente vomitó las aguas relegadas a dilatadas esperas en vapores de altitud. Al caer formaron una cortina brumosa que opacó los luminosos colores de la jungla merced a millones de pequeñas gotas desintegradas contra el follaje en estallidos que en conjunto construían un sonido ensordecedor.
Desde el umbral de la cabaña ella podía disfrutar de ambos mundos. Uno de ellos húmedo y violento, el otro calmo y yermo, pero perdiendo su aridez a cada instante.
Asomó un pie terroso fuera de su refugio y las gotas dibujaron sobre él decenas de coronas y estrellas de barro fundido. El movimiento del aire que danzaba entre las gotas levantó allí fuera una fresca y húmeda brisa que se le coló bajo la falda dándole un respiro al estío que habitaba entre sus ropas.
Suspiró aliviada por un momento.
Sin embargo, hasta donde su mirada podía abarcar, las pequeñas lagunas en principio aisladas las unas de las otras, siguieron sumándose, una tras otra. Pronto sus bordes superaron las fronteras y se unieron en una única nación inundada que se reunía en protesta frente a la cabaña.
El tremor aún resultaba imperceptible.
Los animales, por instinto más que por sapiencia, huían de sus madrigueras y parcelas territoriales ahora inundadas, no sin antes detenerse frente a la cabaña para mirarla con extrañeza, tal vez en una súplica velada, o simplemente a modo de despedida.
Escuchó la primer gota dentro del refugio, infiltrada espía, rítmica y pesada, constante y sufriente, que se destacaba por sobre el ruido blanco general al sonar perfectamente espaciada en su reiterada frecuencia.
-Deberemos convertirnos en pez... suspiró por lo bajo mientras las aguas subían escalón por escalón la distancia que las separaba de la punta de sus enaguas. Un relámpago quebró la bruma incolora y comenzó a contar. unmil; dosmil ;tresmil ;cuatromil ; cincomil ; seismil... y el sonido del trueno llegó hasta sus tímpanos imitando un tambor que fuera tocado primero levemente y luego en total paroxismo. Dividido tres. Tres en seis entra...Dos, eso... dos kilómetros alejada del centro de la tormenta que avanzaba hacia la cabaña de bambú y paja.
O era dos kilómetros más cerca?
Debía prepararse, no había tiempo ni tenía plan de escape. Él no estaría para ayudarla esta vez, no llegaría a tiempo. Debía hacerlo sola. Volteó la pequeña cama tallada por las manos de su hombre como cuna y canoa a la vez y la llenó de semillas y agua almacenada en envases que ella misma había elaborado.
No había tiempo, el mar reclamaba con voracidad la tierra que consideraba suya y la vida no parecía estar dispuesta a dar segundas oportunidades.
Llenó de aire su pecho en la que podría ser la última vez.
La primer ola había llegado

O.Pin
2014
http://cuentossinrumbo.blogspot.com.ar
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18 de abril de 2014

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Trapecistas



25 de Febrero
[Los buenos trapecistas pueden hacer cualquier tipo de malabares suspendidos en el aire, ofrecen un gran espectáculo sujetos únicamente por cuerdas que obedecen a ciegas sus movimientos en el espacio. Sin sentir vértigo representan con precisión su majestuosa obra en las alturas y cuando el show termina, gráciles y con determinación aterrizan sobre el suelo, pero nadie olvida que minutos antes se movían como aves en el viento].
Intentémoslo.

Desde las alturas, rogando que subas, 
Tu cielo.


10 de Marzo
Los buenos trapecistas, dices; no un par de idiotas intentando manipular unas cuantas cuerdas, que colgando su amor en una de ellas empezaran a columpiarse a su propia conveniencia. Ofrecerían una actuación mediocre, uno halaría indeciso de una soga mientras el otro tomase con miedo la otra, se perderían en el interminable vaivén de las cuerdas hasta que sólo una lograra sostenerlos. 
Y como novatos en un arte que no manejan, pronto se verían envueltos en las consecuencias de su arrogancia y la soga, que ya no soportaría el peso de ambos, los obligaría a precipitarse súbitamente contra el suelo. 
Ahora pendemos de un hilo, no pretendamos ser algo que no podemos.

En las profundidades, rogando que bajes, 
Tu rosa.


22 de Marzo
¿Y qué esperas? ¿Que corte la soga y nos deje caer? 
No lo haré.

Cubierto de nubes grises y esperando que tu resplandor las difumine,
Tu cielo.


07 de Abril
Lo haré yo. Soltaré la soga de una vez. Y puede que después sienta como si cayera a cámara lenta en un interminable vacío, porque aunque me estrellara ruidosamente contra el suelo nada me podría sostener; aún logrando levantarme y caminar como si todo mi ser estuviese intacto, sabría que mi alma no me acompañaría. Ambos lo sabríamos porque: o se quedará contigo allá arriba, o se desmoronará incluso antes de que el cuerpo reaccione a la caída...
Esta es la última carta que te envío y mientras lo hago, me queda el corazón hueco y su envoltorio malherido. No la respondas, cariño.

Marchita,
Tu rosa.

P.D. Lamento no poder iluminarte, mi cielo, del mismo modo que tú traerías vida a mis pétalos.


Fritzy Zamor


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17 de abril de 2014

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¿Qué es leer?


Es un secreto. Un misterio.
¡Eso es!
No lo puedo tocar, pero lo puedo sentir.
No lo puedo probar, pero se puede disfrutar.
Es un susurro.
Es la caricia del viento en mi mejilla.
Es un sueño.
Es delicado, y se te puede ir como agua entre
los dedos.
Es, un soplo de aire nuevo.
De saberes y pensamientos.
Leer, requiere Valentía, sino, muchos entrarían
en depresión.
Requiere Fuerza, para aceptar los comienzos y
los finales.
Requiere Esperanza, para que, con cada pagina,
vean una nueva oportunidad.
Leer, es mas que una aventura.
Es tu aventura.

Kenya Guzman
http://hayquevivirlavidaporqueesbella.blogspot.mx/
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16 de abril de 2014

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Vueltas de tuerca argumentales

En la mayoría de los escritos o cuentos cortos el autor sin experiencia intenta denodadamente introducir dicha vuelta de tuerca para atar un moño a su relato. Aquellos que lo logran suelen ser admirados y tenidos en cuenta por sobre el resto, aún cuando la utilización del recurso sea recurrente perdiéndo así el valor sorpresa.
Como decíamos, académicamente se conoce como «vuelta de tuerca» a aquel giro en el argumento de una historia literaria o cinematográfica en el que se presenta un vuelco abrupto e inesperado en la situación descrita. Se presenta con más frecuencia cerca del final de la obra, pero también puede encontrarse hacia la mitad. Estos giros cambian dramáticamente el objetivo de los personajes en la historia.
Se les conoce también como giro argumental, beats, puntos de giro o revés dramático o final sorpresa, así como con el término anglosajón twist ending. En la estructura clásica, se conocen tres puntos:
  • primer punto de giro
  • punto medio (mid point)
  • segundo punto de giro
La mayor parte de los finales sorpresa pueden encuadrarse en una de las siguientes cinco estructuras: (a) por efecto de la construcción narrativa, (b) analepsis o discontinuidad narrativa o temporal, (c) anagnórisis o descubrimiento, (d) elementos intrínsecos y (e) elementos circunstanciales.
Todo ello sin perjuicio de que haya elementos que en una obra constituyan por sí mismos la estructura en la que se basa el giro argumental final y que en otras sirvan de soporte a otra estructura o la complementen.

Por efecto de la construcción narrativa

Narrador no fidedigno

Se atribuye la creación de esta fórmula a Agatha Christie, que la empleó por primera vez en El asesinato de Roger Ackroyd. Consiste en engañar al lector/espectador, que tiende a confiar en el narrador, construyendo la trama sobre una serie de mentiras que quedan desveladas en la culminación de la obra.
Una de las primeras películas en recurrir a este artificio fue El gabinete del doctor Caligari (Robert Wiene). En ella, se invita al espectador a identificarse con el protagonista en la persecución de un doctor enloquecido, para confrontarlo en el momento en el que ambos coinciden en el sanatorio con la realidad: toda la narración es el delirio de un loco.
Tal vez el paradigma en el uso de este artificio sea Sospechosos habituales (Bryan Singer). En esta película, un interrogatorio sirve como hilo conductor de una narración en la que el público está siendo engañado junto al interrogador.

Efecto Rashomon

Esta técnica inspira su nombre en el título de la película Rashōmon (Akira Kurosawa) y supone la revisión de unos mismos hechos por diversos personajes que alimentan la trama con su percepción subjetiva. Un ejemplo actual de ello sería la película Héroe (Zhang Yimou), en la que, a medida que se conocen las diversas historias de los protagonistas, el supuesto villano termina apareciendo como una heroica víctima. Asimismo, las novelas La cuarta verdad (Iain Pears) y Siete tipos de ambigüedad (Elliot Perlman) recurren a esta técnica para el desarrollo de su trama.

Analepsis o discontinuidad narrativa o temporal

Retrospección

La retrospección consiste en iniciar la trama por el final y culminar con el hecho que le dio origen. Tal vez el máximo exponente reciente de este procedimiento sea Memento (Christopher Nolan). La película, íntimamente relacionada con la amnesia (véase anagnórisis o descubrimiento), se inicia con una ejecución y culmina con el hecho que le dio origen.
Otro gran exponente puede ser la obra literaria Carta del más allá (Torcuato Luca de Tena), en donde la historia parte con el asesinato del protagonista, y continúa resolviendo enredos y otros hasta llegar a descubrirse al asesino, junto con las razones y las consecuencias.
En Crónica de una muerte anunciada (Gabriel García Márquez), la historia comienza con la muerte de Santiago Nasar y relata luego los hechos que llevaron a su asesinato.

Flashbacks

Bajo esta técnica, la trama se construye o complementa con recuerdos. La sorpresa final puede venir cuando, como en La escalera de Jacob (Adrian Lyne), lo que se creía que eran los recuerdos es la realidad, y lo que se creía que es el mundo real es un delirio.
Lo mismo pasa en el relato de La noche boca arriba de Julio Cortazar, donde el sueño del motociclista con el indio "moteca" es a la inversa y lo absurdo es lo que se vive en el mundo presente.

Flashforward

A diferencia del flashback, con esta técnica la trama se construye o se complementa trasladando la acción al futuro, es decir, mostrando imágenes de acciones futuras. Ejemplos son las películas They Shoot Horses, Don't They? (Sydney Pollack), la nueva serie de ABC, FlashFoward y The Devil's Advocate.

Ensoñación

Son múltiples las obras que recurren a los sueños para explicar los giros que ha sufrido la trama. Una interesante variación la presenta Pesadilla en Elm Street (Wes Craven), en la que el giro argumental no se produce saliendo del mundo de los sueños, sino entrando en él, cuando se creía estar en el mundo real a salvo de la influencia del temible asesino.

Banda de Möbius

Al igual que la Banda de Möbius, que tiene una sola cara y cuyo origen es su final (de forma similar a algunos cuadros de Escher), existen muchos ejemplos de obras en las que el final desvela que el protagonista ha sido quien lo ha provocado. Tal vez el ejemplo más claro sea Carretera perdida (David Lynch), en la que el receptor de la noticia de la muerte que desencadena la trama resulta, al final de la película, ser su emisor.
También podría incluirse en este epígrafe la película 12 monos (Terry Gilliam), basada en la brillante obra experimental La Jetée (Chris Marker), en la que el protagonista es elegido para viajar al pasado precisamente por la fuerza con la que le marcó un hecho del pasado que provoca él mismo en su viaje.
De forma similar, en El protegido (M. Night Shyamalan), el protagonista descubre que la persona que le ha dado su ubicación en el mundo tras un terrible incidente es la misma que provocó ese incidente, y en La vida de David Gale (Alan Parker) el protagonista, en su cruzada contra la pena de muerte, provoca su propia ejecución para demostrar que el sistema es inconsistente.

In medias res

Tal y como indica la expresión latina, consiste en iniciar la narración en mitad de la trama para ir reconstruyendo el pasado a medida que se avanza hacia el final de la obra. Esta técnica está muy presente en diversas obras con final sorpresa, generalmente complementada con otras técnicas. Un ejemplo en el que se presenta es la película La leggenda del pianista sull'oceano en la que se intercalan hechos en tiempo real con flashbacks.

Anagnórisis o descubrimiento

No muertos

Esta técnica es la que probablemente más éxito de público ha tenido en los últimos tiempos. Se atribuye su invención a Ambrose Bierce en su relato Lo que pasó en el Puente de Owl Creek, adaptada libremente al cine como El carnaval de las almas (Herk Harvey). Se trata de hacer creer que el protagonista está vivo, para desvelar al final que no es así. The Sixth Sense (M. Night Shyamalan) es quizás la obra más conocida de éste género. Cabe citar también Los otros (Alejandro Amenábar), que es otra ingeniosa representación de esta estructura.
Supone una variación de esta técnica el controvertido final de Saw (James Wan), en el que la persona que todos creían muerta está en realidad viva. Sorpresa similar a la de El tercer hombre (Graham Greene), adaptada al cine por Carol Reed, aunque en este caso el giro tiene lugar en mitad de la trama. También de Graham Greene es el relato Una salita de la calle Edgware, en la que el protagonista, atormentado con la resurrección de la carne, experimenta una variación muy inteligente de esta fórmula durante un misterioso encuentro con un hombre manchado de sangre al que toma por un buscado asesino, para descubrir que lo que había desaparecido era la víctima.

Disociación de identidad

A través de esta técnica, el protagonista descubre que su némesis es él mismo. Está llevada a cabo magistralmente en la novela El club de la lucha (Chuck Palahniuk), adaptada al cine por David Fincher, en la que el conflictivo protagonista pretende detener al controvertido Tyler Durden, su álter ego.
El corazón del ángel (Alan Parker), basada en la novela El ángel caído (William Hjortsberg), es otro buen ejemplo de la utilización de la disociación de identidad, con el ingrediente de la amnesia más desarrollado.
En el reverso opuesto está Las dos caras de la verdad (Gregory Hoblit), basada en la novela Primal Fear (William Diehl), en las cuales se hace creer que el protagonista tiene doble personalidad cuando él está engañando a su abogado para salir indemne del asesinato de un arzobispo.
Otro ejemplo de esta técnica es la película La ventana secreta, basada en la novela corta La ventana secreta, el jardín secreto, del escritor Stephen King.

Clonación

Relacionada con la disociación de identidad está la clonación, en la que un personaje resulta ser un clon de otro. En el relato Impostor (Philip K. Dick), adaptada al cine como Infiltrado (dirigida por Gary Fleder), se juega con la clonación y se genera un giro final muy convincente.
Una variante de la clonación podría ser la trama que presenta La noche de los cristales rotos (Wolfgang Petersen), basada en la novela de Richard Neely. En ella, también relacionada con la amnesia, el protagonista no ha sufrido una clonación, pero sí una completa cirugía facial.

Distintos tiempos

Otra posible fórmula para buscar la sorpresa del lector/espectador es la de mostrar dos tramas que parecen continuas pero que pertenecen a distintos tiempos o la de hacerle creer que está asistiendo a un momento temporal cuando se trata de otro. Una de las primeras y más célebres historias en acudir a esta técnica es El planeta de los simios, novela francesa de 1963 escrita por Pierre Boulle y El planeta de los simios, posterior adaptación de Franklin J. Schaffner en 1968, en la que el protagonista cree haber viajado en el espacio cuando lo ha hecho en el tiempo. Recientemente, la película Saw II (Darren Lynn Bousman) ofreció una brillante ejecución de esta técnica al someter al detective protagonista al frenesí de tener que averiguar la ubicación de la casa en la que su hijo está siendo sometido a distintas pruebas, para desvelar finalmente que las imágenes que él veía de la casa habían sido grabadas.
Ya experimentó Jorge Luis Borges con esta estructura en su relato Emma Zunz, en el que la protagonista se cobra la venganza por la muerte de su padre saliendo airosa al construir su coartada en distintos tiempos.
A esta categoría, pero íntimamente relacionada con la estructura analizada en el primer apartado (por efecto de la construcción narrativa), pertenece también La ruleta rusa (Ricardo Balasch), en la que el giro final se produce por efecto del propio texto que se está leyendo, lo que hace al lector comprender que, desde el principio, la historia estaba ya cerrada.

Realidad simulada

Tal vez el giro más sorprendente de esta modalidad propiciada por la ciencia ficción, en la que el mundo que se muestra no es real, lo ofrezca la película The Thirteenth Floor (Josef Rusnak). También digna de mención es eXistenZ (David Cronenberg).
También entra en la categoría la trílogia Matrix (hermanos Wachowski), en donde todo el mundo cree vivir en la realidad, siendo la verdad que todos están atrapados por una supercomputadora que simula la realidad para ellos.

Timador

Múltiples son los casos en los que los autores han recurrido al timo para sorprender al lector/espectador al tiempo que despluman a uno de los incautos protagonistas. Dignos ejemplos son Casa de juegos (David Mamet), Confidencia (James Foley) y, sobre todo, Nueve reinas (Fabián Bielinsky). Un gran giro en la trama a causa de un timo puede verse de manera inteligente en la película Affinity' de Tim Fywell'.

Confusión de sexos

La confusión de sexos, consistente en generar una sorpresa al presentar como hombre lo que era una mujer o a la inversa, tiene varios ejemplos entre el género de los Giallo italianos (cine de misterio y terror, cuyo máximo exponente es Dario Argento) y se utilizó para resolver la película El color de la noche (Richard Rush), protagonizada por Bruce Willis. Sin embargo, el giro más celebrado[¿por quién?] tal vez sea el de película Juego de lágrimas (Neil Jordan), a pesar de que no cierre la película. Otro ejemplo es la serie Elementary, en donde parece que el villano era hombre, pero resultó ser la amante del protagonista.

Amnesia

La amnesia, más que un elemento para producir el giro final de una trama, es utilizado como complemento de otra técnica, como paraguas para propiciar la sorpresa del espectador.

Malentendido

Como en la propia vida, el malentendido o confusión es una inagotable fuente de sorpresas. Un buen ejemplo es La conversación (Francis Ford Coppola), película que se ubica en la época de las escuchas del Watergate. En ella, el protagonista, un espía, pretende evitar un asesinato y, por efecto del malentendido, termina propiciando otro.
También juega con el malentendido la película Plan oculto (Spike Lee), en la que parece partirse de una situación de fracaso para demostrarse, al final, que ha sido un sorprendente éxito.

Paranoia

La paranoia, como la ensoñación y la disociación de identidad, también es un campo muy productivo para las sorpresas. Además de la mencionada El gabinete del doctor Caligari (Robert Wiene) -ver apartado sobre la construcción narrativa; el narrador no fidedigno-, cabría mencionar el giro, en este caso en mitad de la trama, de Una mente maravillosa (Sylvia Nasar), adaptada al cine por Ron Howard.

Conspiración

El descubrimiento de que todas las peripecias que sufre el protagonista se deben a una conspiración es también un argumento muy fértil para la producción de giros finales sorprendentes. Digna de mención es la película Oldboy (Chan-wook Park) y también Locos de ira. Entraría también como máximo exponente de este tipo de giros, la película El Juego.

Elementos intrínsecos

Arma de Chéjov

Se trata de un elemento que aparece al inicio de la trama y que demuestra tener trascendencia al final de la misma. Su nombre proviene de la afirmación del escritor ruso Antón Chéjov, quien manifestó que “no se debe introducir un rifle cargado en un escenario si no se tiene intención de dispararlo”, en alusión a la necesidad de no introducir elementos superfluos en una historia. Él mismo utilizó esta técnica en su obra Tío Vania.
Un ejemplo podría ser el martillo que adquiere el protagonista de The Shawshank Redemption (Frank Darabont) al inicio de la trama y que utiliza a lo largo de 19 años para cavar un túnel.

Red Herring

Red Herring es un término anglosajón que se refiere a una pista falsa que pretende desviar la atención del lector/espectador hacia una solución incorrecta. Se considera un buen ejemplo el episodio A través del espejo de la serie Lost, en el que el público es inducido a creer que está viendo recuerdos del pasado, como había ido siendo el patrón habitual, para descubrir al final que se trata de imágenes de un futuro después de la isla.

Elementos circunstanciales

Justicia poética e ironía

La justicia poética y la ironía son instrumentos a través de los que el autor busca sorprender al lector/espectador con un giro por el que se premia o castiga al protagonista, teniendo ese giro una relación intrínseca con el desarrollo de la trama. Un giro irónico muy conocido está presente en el relato de O. Henry (seudónimo de William Sydney Porter) titulado Regalo de Reyes, en el que cada protagonista renuncia a lo que más quiere para hacer un regalo a su pareja, descubriendo que el regalo está relacionado con ese algo que ya no tienen.
Otro ejemplo de ironía es el final de Arlington Road (Mark Pellington), magistral construcción de una vuelta de tuerca donde se termina propiciando aquello que pretendía evitar.
Un ejemplo reciente es la película Match Point (Woody Allen), en la que el espectador cree que el protagonista se verá perjudicado por algo que le ha salido mal, pero que le termina beneficiando.

Deus ex machina

Esta expresión latina, que puede traducirse como “Dios surgido de una máquina”, se emplea en los finales resueltos por la intervención inesperada de un ser o fuerza superior que soluciona el problema narrativo. Por ejemplo, "el tío rico de América" del que nunca antes se ha hablado, al final de la historia proporciona a la protagonista la dote para casarse. Generalmente es mal recibido, ya que suele hacer finales que no tienen lógica con la trama.

Cliffhanger

También se trata de una expresión anglosajona que define una situación sobrevenida que deja al protagonista en una posición complicada para crear incertidumbre en el lector/espectador. La idea es que el lector/espectador se quede con las ganas o ilusiones de que habrá una continuación. Un recuso muy utilizado en las novelas editadas por entregas del XIX y principos del XX, en los que cada capítulo busca dejar expectante al lector, para que compre la siguiente entrega. La serie Lost refleja a la perfección este estilo, dejando abierta la puerta a nuevas incógnitas al final de cada capítulo.

Artículo extraído de Wikipedia.

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14 de abril de 2014

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Cuita 2/4: Marca de agua


Hoy no iré a casa. No dejaré la llave de la puerta debajo del matero, no me quedaré vigilando tu lado de la cama por si apareces, ni pelearé con el insomnio para que te olvide.
Hoy, si regresas, te quedas fuera; si la cama espera que alguien la caliente permanecerá fría y mi insomnio, tendrá que ceder tu recuerdo a la inconsciencia.
Un mozo me sirve otro trago mientras me hace compañía del otro lado de la barra. No hay nada peor que beber solo.
– ¿Realmente crees que el alcohol lo mata todo? –Le oigo decir. Me encojo de hombros en respuesta porque no tengo ganas de hablar y porque secretamente espero que cada sorbo aniquile algo dentro de mí.
Parece que mi silencio lo motiva y sigue diciendo cosas a las que no presto atención porque no me interesa saber de su vida ni de sus supuestas experiencias.
–Es cosa de reconocer las verdaderas marcas.
– ¿Qué? –Pregunto, sorprendiéndome incluso de que haya separado los labios del vaso para pronunciar algo.
–Las marcas. Sus manos por ejemplo. –Lo miro extrañado y me repite: -Sus manos sobre tu piel, apuesto a que recuerdas qué las hacía tan sedosas.
–Una loción supongo –digo a desgana.
– ¿Cuál?
–... –Lo pienso, pero no contesto. Él se da cuenta y sonríe.
–Sus pasos al caminar, apuesto a que recuerdas qué zapatos usaba.
–Unos... –Empiezo, me callo en el acto. No porque desconozca cuáles son, es imposible olvidarme de sus zapatos favoritos, sino porque me desconcierta el cuestionario del mozo.
–Su atrayente aroma… –Me insiste con la mirada y yo respondo rememorando en la distancia su fragancia.
–Trésor –digo abstraído.
–Su cuerpo que te enloquecía, antes de dormir, ¿con qué lo cubría?
–Victoria’s Secret –respondí hechizado viéndola vestir su o mi conjunto preferido, evocándola completa, mientras cada una de las preguntas hechas me remitía a una imagen de ella.
Un momento, la idea era alejarla de mi conciencia, qué cree que hace este idiota trayéndola de vuelta. Intento hacérselo notar y me interrumpe.
–Son solo marcas, ¿no lo ves? La ropa, los zapatos, el perfume. Pones esas cosas en otra chica y la tienes de regreso.
–Creí que se refería a otro tipo de "marcas".
–No qué va, me va mejor con estas.
–A propósito de ello, ha batido usted el récord de la superficialidad. –Lo felicito irónico.
Él no parece comprenderlo, pero cree que es un halago y finge modestia. Niego con la cabeza. Hay cosas peores que beber solo y el idiota que tengo al frente lo comprueba.
Me levanto, pongo la paga sobre la barra y lo palmeó en el hombro.
–Es una suerte que no le hayan marcado el alma sino únicamente la billetera. –Me despido.
Son como las 4:00 de la madrugada, llego a casa, me acuesto a conciliar el sueño y mientras tanto pienso: Debí haber dejado la llave en el matero, quizá mi cama estaría cálida y yo aún estaría despierto desvelándome con su naturalidad y su desnudez, entretenido con sus besos, sus caricias y dejando que hicieran mella hasta dentro de mi ser, llenándolo de sus huellas, esas marcas reales que luchan por permanecer vivas y que no podría reproducir o crear ningún publicista. "Son solo marcas, ¿no lo ves?" Oh, sí, claro que lo veo. Esas cicatrices que ahora me condenan y que tras ella, son lo único que me queda. Debo buscar otra forma de que esto muera porque el alcohol es de efecto lento o nada sabe del tema.
Después de todo, sigue ganando el insomnio. Y entonces un poco más lúcido, o tal vez menos cuerdo, anuncio el cronograma de lo que seguramente haré cuando me canse de esperar a que me abata el sueño: Hoy me quedaré en casa, aguardaré en la sala sin cerrar la puerta y en definitiva, no dormiré hasta que vuelva a verla. ¿Y si no regresa? Las cicatrices, sus huellas, las marcas, su mella, toda ella en mí, no será más que una herida abierta.

Aldo Simetra

http://treboldeizary.blogspot.com.ar/
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13 de abril de 2014

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El bocadillo de patatas


           Cuando mi novio me dijo que todos los sábados por la tarde iríamos a casa de sus abuelos, sí o sí, yo quise rebelarme contra la imposición. Su plan del sábado, además de comenzar con una siesta muy favorable, incluía una merienda familiar muy especial, y ahora ya no me la quiero perder.

            Le gusta contarme que su abuelo es un escritor frustrado, un hombre que se hizo maestro por necesidad, pero no solo una necesidad económica, sino una impuesta también por amor, por su amor. Yo lo escucho y pienso que mi querido escritor y novio, es un maestro frustrado, que disfruta con los niños, se divierte retándoles a resolver acertijos, explicándoles anécdotas de hombres ilustres, recitándoles poemas rimados... No hay sobrinito, ni pequeño vecino que se resista a su verborrea embaucadora y no le siga como al capitán de ese imaginario barco en el que juntos navegan.

            En la casa de sus abuelos parece que el tiempo se ha parado. Ellos viven tan afuera de la ciudad que la carretera se ha convertido en un camino de pequeñas piedras; son las piedrecitas que caen por la ladera de la colina donde se encuentra, solitaria, cada vez que llueve. Dentro huele a aceite de oliva mezclado con esencia de tabaco –tabaco añejo– pensé la primera vez que lo olí. Es un lugar que carece de los adornos, cuadros, flores o figuritas típicas del paso del tiempo. Todo está tan ordenado en cajitas y cajones que parece escondido, como si fuesen pequeños secretos del tiempo que hay que descubrir. El abuelo se sienta frente a la ventana y en una silla contigua, mi novio. Allí se quedan mirando la ciudad a lo lejos y hablando, como en susurros, de rimas, maestros y novelas, –¿y quién sabe de qué más?– me digo cuando los veo reírse desde la cocina, donde me quedo con la abuela.

            La abuela Alma parece vivir en un mundo propio, privado y pasado. Con su pequeño cuchillo va pelando patatas mientras me hace reír con su forma de hablar. –No te enamores de un escritor, niña– me dice colocando un paño sobre la mesa donde caen las cáscaras de las patatas y luego, tras trocearlas muy finas, las echa en un cuenco con agua. –Mejor, que sea maestro, un hombre bien asentado. Mejor que no sea un soñador, ni aviador, ni poeta. Yo me enamoré de uno que estaba todo el tiempo viajando por las nubes y ¡cuánto me hizo sufrir!–

–Pero abuela, ¿no recuerda que su nieto es escritor? ¿Dónde tiene esas fotos de cuando ganó un premio en la escuela por un poema que escribió?

–¡Ay hija! ya sabes que los achiperris los tengo todos guardados, porque no son más que un "atrapa polvo", y me canso de trajinar limpiando. –Mi nieto era muy mono de parvulito, no como ahora ¡con esas barbas!

–Pues a mí me gusta mucho con barba. ¿Voy poniendo el aceite para pochar las patatas?

–A ti te gusta de cualquier manera, por eso lo miras embobada. ¿Pochar? ¿Es una palabra de esas modernas? Lo que está pocho, está pocho, y no hay manera de arreglarlo, niña. Las patatas deben estar fritas pero blanditas. Así es como le gustan al abuelo. 

–¡Y lo que dice el maestro, va a misa!– le digo yo, antes que ella, y me devuelve una sonrisa con picardía.

            Cuando las patatas están listas, la abuela empieza el ritual del bocadillo. Abre el pan por el medio y lo pincha con un cuchillo para sujetarlo, lo acerca al fuego de la cocina y lo quema suavemente, en silencio, con mucha concentración, primero por el lado de la miga y luego por el lado de la corteza. Yo la observo mientras el aroma del pan tostándose se extiende por toda casa y mi estómago empieza a gritar. Alma, corta tomates rojos, pero rojos de verdad, y los pasa sobre el pan, sin olvidar ni medio milímetro, termina colocando encima las patatas hechas muy blanditas, muy escurridas, con cuidado y empujado para que quepan más. Para entonces el abuelo y mi novio ya están sentados en la mesa de la cocina observándola extasiados, esperando el final del arte de Alma, esperando coger su bocadillo con las dos manos.

            La primera vez que me senté en la mesa con ellos, yo solo quería morder ese bocata. Pero resultó que venía acompañado de algo más, algo inesperado.

–En realidad, la realidad no es esta– soltó mi novio de improviso.

–Tú, come y calla, muchacho– respondió ella refunfuñando. –Más te vale olvidarte de tanto misterio y de tanto juego de palabras. Nunca es tarde para hacerte maestro y hacer feliz a tu novia, como me pasó a mí con tu abuelo–.

            Justo entonces mi novio me miró con una sonrisa que yo no había visto nunca y dirigiéndose al abuelo dijo: «¡empieza ya!»

–Vuelan los pájaros a tu alrededor/del olivo la flor/Alma, mi candela/la vida mía no fuera/sin el abrigo de tu sabor.

–¿Has visto, niña, lo que hace un bocadillo de patatas? Los vuelve "atontaos perdíos".

–Debo decírtelo, ¡corazón!/olvidaste decirme hasta cuando/crece libre mi pasión/si te estoy mirando– siguió el abuelo.

            En ese momento me atraganté con el pan, por que más que una bola en mi garganta parecía tener todo una montaña de fuego. y aunque me sentí aliviada frente a tal tensión empalagosa, mi novio se había contagiado del extraño virus y sujetándome las manos continuó rimando. 

–Despierto de madrugada/y me acompaña el frío/estás ahí ¡cariño mío/es dulce tu almohada–. 

–Esto es lo que sucede, niña, cuando te enamoras de un escritor, o de un poeta, o de un soñador, mejor que sea un maestro. Yo enloquecí con un aviador que hacía rimas entre las nubes y luego desapareció. Entonces conocí al abuelo y me salvó de una vida de soledad/esta es la verdad.

–La verdad, madre mía, es que las mujeres sois el alma de la poesía/ que el mejor padre que tú me has dado, es el que está a tu lado/que vosotros sois el orgullo, mi familia/y que tu bocadillo de patatas será siempre mi pecado.

            Desde aquella primera vez, no hemos faltado ningún sábado a la hora de la merienda. Y siempre acabamos de la misma forma, rimando piropos los unos con los otros. Yo estoy aprendiendo poco a poco, aunque esa es otra historia.



http://jonhancome.blogspot.com.es
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11 de abril de 2014

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Señora Muerte


La luna alumbraba aquella noche el viejo puente del pueblo. Te acercaste lentamente y un inmenso silencio envolvió tu alma dándole algo de paz a tu dura existencia.

Y miraste una vez más hacia el río que entonaba tristes melodías empujadas por el viento frío de agosto.

Tu mente de pronto quedó en blanco y dejaste caer tu cuerpo percibiendo en ese instante un sin fin de sensaciones que atraparon a tu corazón y a tu alma.

Gritaste pronunciando su nombre pero ya no volvería a escucharte y te sumergiste rápidamente comprendiendo por fín que comenzabas a conocer a la inquietante y seductora Señora Muerte.

Pero de pronto una mano fuerte y desconocida te sostuvo primero y te llevó a la superficie.
Estuviste flotando un rato y tus músculos comenzaron a congelarse.

El destino parecía no querer hechar a perder tu suerte, aún no, esperaba de ti algo más que tu cobardía.

Y ella seguía allí, tendiéndote sus brazos, invitándote a su viaje hacia la nada.

A lo lejos una luz potente, blanca y luminosa te ayudó a ubicarte y nadaste hacia ella. El tiempo pareció detenerse y tu corazón palpitaba mientras tu buscabas solo llegar.

Por fin algo logró motivarte a seguir viviendo, la luz estaba cerca, increíblemente cerca y querías alcanzarla. Diste una, diez, cien brazadas llenas de ilusión, de esperanza, de fuerza, de ganas por ser un triunfador alguna vez en algo.

Ella seguía allí, inmóvil, observándo tu lucha, tu pasión, tus deseos de subsistir.

Todo se convirtió de pronto en una contienda colosal entre ella que intentaba llevarte y tú que deseabas como nunca en la vida decidir por ti mismo.

La luz ya estaba allí, a unos pocos metros, te sentías cansado pero fuerte y seguiste intentando tu proeza. Tus brazos te dolían, no sentías a tus piernas pero allí estabas, peleando como nunca antes.

Pero la señora muerte ya tenía un nombre inscripto en sus registros. Y solo se divirtió contigo un rato.

La señora muerte nunca pierde, solo espera su momento...
                                                  
                                                  
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10 de abril de 2014

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Dar, recibir, devolver


“El adulador es un enemigo oculto” 
Solón  (638 a.C. 558 a.C) poeta, reformador, legislador y estadista ateniense

Desde nuestros inicios muchos participantes han entregado su primer trabajo solicitando un feedback o análisis de su obra. A todos se les ha aclarado que NSE no realiza ese tipo de trabajo, pues básicamente, no se trata de un Taller Literario.
Como consecuencia siempre los he remitido a los comentarios que pudieran dejarle los lectores, cosa que lamentablemente no ha dado frutos, ya que por lo general, cuando los hay, los mismos distan mucho de ser un ejercicio puramente honesto de la crítica, para verse dominados por la cortesía y los buenos modales.

Si bien nuestro blog continúa sin funcionar como un taller literario y nuestros socios y autores ostentan diferentes tipos de laureles que pueden incluso sobrecalificarlos, he sentido en lo personal que me quedaba en más de una oportunidad con ganas de recibir además de una palmadita en el hombro, alguna que otra crítica edificante que me muestre aquellas fallas que, como a todos, suelen serme esquivas u ocultarse de mí inadvertidamente.

Eso es llamado en el ámbito de los talleres literarios "la devolución", es decir, el momento en que el lector nos da su sincero parecer sobre la obra evitando ser demasiado complaciente con el autor, pero sin llegar a dañar sus sentimientos.

En nuestro blog también podemos convivir con el comentario adulador y condescendiente, ese mecanismo de buenos modales que poco aporta a nuestro bagaje intelectual y auténtica autoestima pero nos impulsa a seguir creando.

Pero también podemos incluir devoluciones en la forma de un comentario que, a mi criterio, son tanto o más importantes que el propio ejercicio creativo y por lo tanto un elemento que nos alimenta de nuevos conocimientos y pone a nuestra consideración aquellos vicios que malogran nuestros trabajos.

Ciertamente el que lectores desconocidos hagan públicas sus críticas y que ellas queden a la vista en la Red puede no ser deseable para muchos autores. Es por eso que pondremos en práctica un sistema por medio del cual, solo aquellos autores que lo soliciten recibirán devoluciones sobre sus obras.

De la misma manera si considera que algún comentario está fuera de lugar o lo desmerece, el mismo será eliminado con una simple solicitud por correo.

Las devoluciones a los trabajos expuestos podrán consistir en sugerencias de correcciones que se crean oportunas tendientes a optimizar la claridad del texto, el tratamiento del lenguaje, la fuerza y la originalidad del estilo, el impacto en el lector... pero, por sobre todo, la idea es ayudar a detectar y corregir los puntos débiles de nuestros escritos, y brindar algunas herramientas que colaborarán a realzar nuestra calidad literaria.

Para tal fin y si el autor desea recibir una crítica honesta sobre su trabajo, deberá colocar la siguiente imagen al pie de la entrada como una declaración de que desea que su texto sea discutido con sinceridad entre los participantes.


La imagen queda a disposición de los autores en el anexo "Devolución" y puede ser guardada en la computadora personal para mayor comodidad .

Su entrada deberá quedar con un pie similar al de la siguiente imagen.

Cada autor puede adicionar la imagen en todas las entradas que tenga publicadas con anterioridad y ver si nuevos lectores dejan sus devoluciones.

Espero que todos nuestros queridos participantes elijan la opción que, aunque incómoda, resulta ser la más constructiva y edificante.

OPin.

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8 de abril de 2014

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Un soplo es la vida


La llevé al restaurante ese que tiene un piano de cola blanco y candelabros plateados sobre los muebles y la barra del bar; colgadas en las paredes, hay fotografías de Marylin, Elvis y James Dean. Seguían teniendo en cada mesa una velita y una flor.

De la mano caminamos despacio por el boulevard; yo le recogía hojas de los árboles que había por el suelo y le explicaba a qué especie de ellos pertenecía.

No le dije dónde íbamos pues quería darle una sorpresa.

Eso sí, me encargué de tenerlo todo preparado: su papilla de frutas (muy, muy dulce), unas galletas María, unos pañales, el babero rosa que le gusta y una chaquetita por si le daba frío.

Ya en el local, me senté junto a ella y comencé a darle su comida. Yo me pedí un entrecot y un vinito, uno al año no hace daño y, aunque mi paguica es pequeña, era su fiesta.

A la hora del postre, Mario, el dueño del bar, apagó las luces y trajo una tartita de merengue, su favorita, con dos velas rojas con forma de números.

Ella fijó la mirada en la llama como si estuviese hipnotizada. Volvió sus ojos hacia mí y me habló, nena, juro que me habló y me dijo:

- Pero, ¡qué viejo estás, Pepe!. Hay veces que creo venir del cielo o del infierno, no sé... y ahora te veo aquí a mi lado. ¡Cómo es la vida, Pepe! ¡Qué rápida pasa!

Tuvimos hijos y trabajamos mucho para darles una carrera y ellos nos dieron nietos. Pasó el tiempo y tan solo nos visitaban una vez al año¡ iban los pobres tan ocupados con sus cosas, trabajan tanto...! No éramos ni felices ni desgraciados y, poco a poco se nos acabó el deseo, el amor y entre tu butaca y mi sillón, se hizo una grieta, un abismo, y hasta nos molestaban la compañía y el olor.

Recuerdo mi cara siempre amargada y la tuya ausente.

Y yo empecé a perderme y tú dejaste la pesca y te dedicaste a pegar notas por toda la casa.

Ahora te tengo enfrente, me miras como a una niña. Tócame, dame tus manos, esas manos siempre calientes ¿en qué momento dejamos de acariciarnos?

A pesar de todo, en este momento de lucidez eres lo que más quiero tener cerca.

Pero qué viejo estás, Pepe,…no llores, tonto, que los hombres no lloran.
.............................................................................................................................

No te enfades, hija, hay cosas de los viejos que tú nunca entenderías.

Sí, fui a la residencia, me llevé a tu madre a cenar y de vuelta, me perdí.


Inmaculada Barranco
 La taza de letras
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