29 de marzo de 2013

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Él por ella

(Fragmento)

-Lo siento, no te conozco.


"Fueron tal vez el conjunto de palabras más decepcionantes que él había escuchado, ¿es que acaso ella no recordaba el momento en que su vieron por primera vez, el día que salieron juntos y él tomó de su mano con tal ternura, el primer beso que le dio cuando coincidencialmente sonaba aquella canción que siempre quiso dedicarle?, probablemente ella no logre recordarlo ya que esto solo ocurrió en los mas románticos pensamientos de un chico."


Pero en ese momento tal vez ella no imaginaba que al pronunciar estas palabras aunque tratando de excusarlas causaría en él la desilusión mas grande de su vida.


Tal vez sea el motivo por el cual ahora lloran su fatídico incidente. Su dolor se ahogó como se ahogaba él a medida que una tenue soga que rodeaba su cuello le impedía seguir viviendo; solo eso bastó.


Solo y por ultimo puedo decir evocando sus palabras: "La quise; la quise como a nadie había querido...", nunca antes había hablado con tanto convencimiento.


-Davix MeTob-
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27 de marzo de 2013

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De eso no se habla. . .



“Pensar que yo lo veía venir. . .”  murmuró Don Prudencio Bustos en el Bar del pueblo. No era cosa de suponer así como así, por cualquiera, claro. Se requería conocimiento, ilustración y una chispa de ingenio para avizorarlo. “Tanto va el cántaro a la fuente. . .”, repetía.
Su reflexión, era de hecho, sorprendente, ya que nadie fue capaz de pensar en aquello que él mismo sugería.
El revuelo que había causado esa última inspección y después, la muerte del hijo del Intendente, reducida a un “De eso no se habla”, amordazaron las dudas sobre aquella enfermedad que se llevó con ella al futuro abogado del pueblo.
El arribo del Ingeniero de mejillas rosadas y ensortijado pelo rubio venido de la gran ciudad, con su camioneta roja, reestableció los comentarios.  Mientras buscaba peones para la obra, el mismo pensaba: “Estos viejos bichos del campo tienen un sexto sentido, no sé porqué me miran y murmuran. . .”
Pululaban los chismes y comentarios sobre lo que había descubierto Don Prudencio en aquél pueblo chico, de polvorientas calles y casas antiguas, olvidadas de progreso y detenidas en ese tiempo glorioso, allá, en la época en que  el ferrocarril fue todo un acontecimiento. Sin embargo, regía en el lugar el Secreto de Estado y nunca (el Ingeniero) pudo enterarse, ni siquiera cuando lo visitó el viejo médico a raíz de esa fiebre altísima que lo volteó a la cama  y lo desmayó en la obra. Menos, cuando una especie de gripe casi lo mata a no ser por las curas santas y el reposo que se vio obligado a hacer por orden de Celia, la mujer del almacenero.
Después de seis meses, delgado y pálido, casi al fin de su contrato, le quedaba poco tiempo al foráneo para terminar la obra y marcharse del lugar. En las ocasiones en las que, con su trípode al hombro y su teodolito en la mano, preguntaba por la comidilla murmurante, sus peones, achicaban los ojos negros desconfiadamente y se le escapaban del tema.
Llegó el día en que el Ingeniero cobró coraje y con una valentía desconocida, arrinconó al Capataz, el más lúcido, entre sus peones y le requirió: 
- Che, Darío, ¿vos sabés qué murmuran en el pueblo sobre mí?
- No Don Ingeniero, la pura verdad, no lo sé. . ., respondió el hombre.
- No sé, pero algo hablan, porque cuando me acerco, se callan, agregó.
Ese día, el “gringo” como lo llamaban, se marchó  cansando, ojeroso y angustiado.
Sería la última noche que pasaría en el pueblo. Sería la última noche que dormiría en el Lupanar de Madame Lavapeur, casi sin clientes desde la última clausura.
2012

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23 de marzo de 2013

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Las últimas palabras de los escritores (I)

 
¿Cómo se han enfrentado a la muerte los escritores? Como todo ser humano, de las más diversas maneras. Irónicos, temerosos, inconscientes del momento… En esta y las siguientes entregas, veremos qué relación tuvieron algunos autores con la muerte, de la mano de sus últimas palabras. Hoy empezamos con las últimas palabras de algunos famosos escritores:

Emily Brontë

Si llamáis al doctor, ahora sí que estoy dispuesta a verle.”
La autora de ‘Cumbres borrascosas’ (1818-1848) no pudo disfrutar mucho tiempo de su éxito ya que su salud, que siempre había sido delicada, empeoró a causa de la tuberculosis, que finalmente se la llevaría la edad de 30 años. No quiso ser visitada por el doctor, y cuando se vio realmente enferma, ya fue demasiado tarde.

D.H. Lawrence

María, ¡no me dejes morir!”
A finales de 1917, D.H. Lawrence (1885-1930) fue obligado a dejar Cornwall debido al constante hostigamiento de las autoridades militares, que pensaban que el autor era un espía de los alemanes. La pobreza le obligó a cambiar frecuentemente de domicilio, y terminó contrayendo la tuberculosis. En los últimos momentos de su vida, el autor de ‘El amante de Lady Chatterley’ imploró a su mujer que le salvara.

Anton Chejov

Hace mucho que no tomo champán.”
El célebre escritor y dramaturgo ruso (1860-1904) tenía otra profesión: la de médico. Se sospecha que la tuberculosis que le llevó a la tumba fue contraída de un paciente. Justo antes de su muerte, le sirvieron una copa de champán, que había pedido expresamente. La bebió a pequeños sorbos, pronunció esta frase, dejó la copa en la mesilla de noche y expiró.

H.G. Wells

Vete… Estoy bien.”
El novelista británico autor de ‘La guerra de los mundos’ tuvo dos esposas y numerosas amantes, lo que no fue obstáculo para que su última esposa, estuviera a su lado hasta el día de su muerte, en su casa de Regent’s Park, Londres.

Gabriele d’Annunzio

Me aburro”.
Uno de los poetas italianos más reconocidos del fin de siglo, D’Annunzio terminó una carrera de cuarenta años en la que dominó el panorama literario de su país con la sombra de haber abrazado el fascismo de Mussolini. Éste le nombró presidente de la Academia de Italia en 1937, como reconocimiento a sus méritos durante el régimen.

Emily Dickinson

…la niebla está subiendo.”
Fue una de las poetisas más admiradas y prolíficas de Norteamérica, pese a que publicó muy pocos poemas en vida. Sus últimos años estuvieron marcados por su reclusión. Cuando murió su sobrino, su salud se deterioró rápidamente. Murió a los 56 años tras haber pasado varios días inconsciente. Su hermana descubriría más tarde más de 800 poemas inéditos en su habitación.

Sigmund Freud

Querido Schur, seguro que recuerdas nuestra primera charla. Prometiste ayudarme cuando ya no pudiera continuar. Es una tortura, y no tiene ningún sentido.”
El fundador del psicoanálisis y autor de obras fundamentales como ‘La interpretación de los sueños’ era un fumador empedernido. En 1923 se le diagnosticó cáncer. Cuando no pudo aguantar más el dolor, pidió a su médico que le administrara una sobredosis de morfina. Entró en coma y murió al día siguiente.

Lord Byron

Me voy a dormir. Buenas noches.”
Uno de los más famosos poetas de su época, tuvo que marchar de Inglaterra por sus deudas y una relación escandalosa con su cuñada. En 1823, cuando ya estaba pasando por un mal momento, se vio atrapado en una tormenta. Regresó a casa con una fiebre muy alta; el tratamiento no surgió efecto y entró en coma. Recuperó la conciencia el tiempo justo para decir estas palabras.

Heinrich Heine

Escribir… lápiz… papel…”
Heine (1797-1856) fue un poeta alemán que pasó sus últimos años en París. En 1845 contrajo una enfermedad que le postró en la cama. Poco antes de morir dijo “Dios me perdonará, es su profesión”. Pero al parecer murió sin poder dejar por escrito su último mensaje.

J.W. Von Goethe

Abre la otra ventana… para que entre más luz.”
El famoso autor romántico fue el más destacado autor del movimiento Sturm und Drang. Murió en 1832, le había precedido su esposa en 1816 y su hijo en 1827. Está enterrado junto a Friedrich Schiller.



Fuente | ‘El libro de los finales’, de Albert Angelo (Ed. El Aleph)
Visto en :  http://www.papelenblanco.com

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19 de marzo de 2013

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20 motivos para Amarte


Ese día se levantó un poco más temprano que de costumbre. Puso la cafetera a funcionar y luego fue a terminar de despertarse bajo la ducha.
Mientras tomaba su primer café, abrió la agenda y empezó a escribir.

“20 motivos para Amarte:

1. Amo cuando apenas puedes abrir los ojos por las mañanas.
2. Amo el “gracias” cuando te sirvo una taza de café y porque cuando te pregunto ¿cómo está?, tu siempre me respondes que “está rico”.
3. Amo tu compañía aún cuando estás callada.
4. Amo tu mirada triste en invierno tras los cristales.
5. Amo tu impuntualidad y tu falta de tiempo.
6. Amo tu honestidad ante todo.
7. Amo tu orgullo porque es contagioso.
8. Amo tu ternura y también tu pasión.
9. Amo que te acuerdes palabras que dije. Y no sólo las palabras sino el lugar y el tono en el que las pronuncié.
10. Amo que me veas como cuando nos conocimos.
11. Amo que tu cintura se acomode a mi brazo.
12. Amo que me escuches mirándome a la cara.
13. Amo que me abraces como a un niño cuando me siento mal.
14. Amo que me leas en voz alta y que compartas lo que piensas.
15. Amo cuando estás, porque me siento vivo.
16. Amo cuando muerdes tus labios en vez de contestarme.
17. Amo cuando me convierto en tu sillón.
18. Amo cuando bailas o cantas y te ríes.
19. Amo cuando lloras porque sé que no te avergüenzas ante mí.
20. Amo todo lo que hago, porque lo hago contigo.”

Miró el reloj. Ya era la hora de irse a trabajar.
Sacó la página recién escrita y la dejó sobre la almohada junto a ella. La beso dulcemente para dejarla dormir media hora más y se fue como cualquier mañana, esperando volver.

Cecilia Beatriz Stanziani
 
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17 de marzo de 2013

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Musa

 

 

Bogdan Grigore
Bogdan Grigore
 

Vosotros, buscadores de tesoros lejanos
en la nieve de verano en la montaña
en el intrépido deseo del roció de mañana
cazadores escondidos con tinta en las manos.
 
Vosotros, ensoñadores de letras de vida
alocados, solitarios, atrapados
sombríos, luchadores, alucinados
del imperio de la palabra escondida.
 
Descalzad vuestros pies en la orilla
desnudad los adornos en el agua fría
y volved, corred a por el alma mía,
 
que está atrapada en la esquina del techo
que está rondando vaporosa y asustada.
Yo soy la musa que quiere volar lejos.





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13 de marzo de 2013

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Zorras y carroñeras



Ver unos ojos tan grandes tristes, me ha traído hasta aquí. Puta gente dañina. Como odio a aquellas personas que van de corderito pero que esconden a unas auténticas zorras. Clavan sus afiladas garras a los que creen más débiles cual carroñero a la carroña.

Tus ojos grandes tristes ahora descansan de una mañana ajetreada por pensamientos que hechos insólitos han activado. Cuanta decepción reflejas y que evidente haces con tus pupilas el sentimiento de un mito derrumbado.

Unos ojos grandes. Grandes y fuertes. Siempre se mantuvieron fuertes sin permitir en ningún solo momento que nada le influyeran y les hicieran decir lo que no sentían. Tras el día de hoy te darás cuenta que lo que no te mata te hace más fuerte. Por supuesto, tus ojos mañana serán más fuertes si cabe.

Hoy, como siempre, estoy dispuesto a darlo todo por ver el espléndido mar azul que casi siempre reflejan tus ojos. Esos ojos grandes y fuertes. Estoy dispuesto a aniquilar todo aquello que hacen de tu mirada una luz tenue.

Zorras, carroñeras e interesadas serpientes humanas que intoxicáis todo lo que tocáis os deseo que sufráis en vuestra piel todo el daño que podáis causar a inocentes.

Desde hace tiempo decidí defender lo que quiero y así lo haré, desalaría todo el mar de tu ojos si hiciera falta para dejar de verlos tristes. Destrozaré a todo el que vea dañino e intentaré levantar un escudo que proteja lo que quiero.

Sin importarme nada más que unos pocos, aquí estoy pisando fuerte y con la mirada desafiante expectante al porvenir. Batallaré cuanto haga falta. Lucharé siempre. Te ayudaré siempre.

Finalizo para volver a ver tu ojos abiertos. Tus ojos grandes y fuertes.

Para unos ojos siempre despiertos.
 
Autor:  Víctor López
 
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12 de marzo de 2013

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Luna de Parasceve.

Foto de Internet. Eterno ojo que todo lo ve.
Cómo un enorme fanal sonriente se alza la luna tras el horizonte. Perfectamente redonda. Con su jeta cuajada de cráteres que en nada desmerecen a su enormidad esa noche. Viernes Santo, Gran día. Luna de Parasceve, primera de Primavera. Aquella que ama el azahar porque indica que lejos quedan los vientos y temporales del invierno. Luna llena de Marzo, vigía de los Tiempos, amor de los capillitas, acompañamiento de Saeta y Pasión, de inciensos y velas de cera virgen apenas unos días antes recolectada. Luna enorme sin la cual la Pascua no sería Pascua ni la Semana Santa consuelo del cofrade. Cúlmen inédito de la Cuaresma que comienza con la negrura de la fogata en la que se obtiene la ceniza y termina con la gloria nocturna de esa gran bola incandescente que acompaña en la calle pasión, rezos, sonidos de esparto rozando el suelo, cuentas sde cristal de rosarios tintineantes y miles de advocaciones a lo largo y ancho de esa gran hermana mayor que es la Tierra.

Primera.

Refugio de poetas que en su día labraron, cómo el escultor lo hace en la Piedra, la saeta a fuerza de garganta. Cirios de penitentes que intentan, sin éxito, copiar en la oscura noche la grandeza del astro que reina, en las noches de la Semana Grande sin permiso ni paciencia. Luna de enormes proporciones que acompañaste siendo farol de invierno a músicos en la fría noche, a costaleros en las motercinas veladas, a camareras en las augustas capillas, para enfrentar un año más, si las nubes y la lluvia no lo impide y con permiso de la autoridad, las largas estaciones de penitencia que renuevan la fé en un carpintero que, sin más autoridad que su Amor, ni más fuerza que su voz supo y quizo dejar constancia de que otro mundo era posible. Mundo que has contemplado, Luna de Parasceve durante miles de años desde tu atalaya celestial en la cual burdas un manto de estrellas que, sin embargo opacas en el momento de la Culminación.

Espía eterna que lloras en tu alma lo mismo que aquellos insignificantes seres lloran por tu grandeza. Eternidad la tuya de pétrea roca astral que sin embargo inspiras a los de abajo para seguir adelante. Tiempo de Cuaresma que culmina sin más el día que el Salvador baja la primera rampa de iglesia mostrándose al Pueblo sobre humilde pollino, muchas horas antes de que tu, astro penitente, amo de la noche y a su deriva perpetuo perteneciente, alumbres al Hijo de Dios humillado, muerto en la veracruz de su redención, entre sones de metales y quebrantos de tambores ensordecidos. Testigo imperecedero de lo mal que pueden llegar a ser los Hombres y de los grandes sacrificios que también pueden llegar a hacer para remediarlo. Luna de Parasceve que alumbrarás las tenues volutas del incienso que sube al cielo llevando las plegarias de los hombres a su Creador.

Eterna.

Cómo el eterno caminar de la especie humana por la tierra en busca de la Verdad, tu eres eterna Luna de Parasceve. Eterna depositaria de las miradas de los señores y señoras que desde sus tronos de pan de oro y plateada alpaca caminan en silencio por las calles y plazas para dar esperanza a los desvalidos, consuelo a los desesperados y abrigo a los necesitados de Amor en su alma. Luna que lo embargas todo con tu luz cómo una miriada de manos, abrazando a aquellos que tras el cortejo procesionan al son de los fiscales siempre con ciriales de nobles metales en lontananza cómo seguros indicadores de la posición de cada Títular de Cofradía. Luz plenipotenciaria que contibuyes a la esperanza del Ser Humano que ve en tu halo la luz del Sol desprendida cómo segura advertencia del advenimiento del nuevo día y que sirves de eterna candela al laborar nocturno de las cofradías y hermandades a lo largo y ancho del Orbe.

Centinela redondo, esférica inspiración que con tu cara inamovible oteas el devenir de la Penitencia que, resumida en unos pocos pasos, de eterno repetir por callejuelas y Bulevares, asaetea el corazón del pecador en busca de la ansiada redención. Luna de parasceve, encendida candeleria de embelesante luz, envuelta cálida de frío fin de Invierno tras la cual el viento amainará para traer verdes los campos y floridos los huertos. Luna que hará florecer los delirios ante el nazareno cuando sobre su fiel camarilla de anderos pase levantando por Tribunas y Carreras a Hermanos y curiosos, nazarenos y capillitas, mantillas y aguaderos. Cómo tu te alzas cada noche tras el silencioso horizontes, a la voz del capataz, al sonido de llamadores y martillos, campanas y voceros, los tronos, pasos y andas, se levantarán al cielo desde el cual, hoy cómo ayer, ayer cómo mañana, sigues el deambular de la tenue vida del hombre.

Toda.

Luna preparatoria de la gloria del Verano. Certero fin de la muerte invernal que da paso al florecimiento y eclosión de los campos. De las almas, ateridas por el frío de las propias faltas y la ausencia necesaria de la tan precisa penitencia. Luna de parasceve, la luna cofrade que desde que el mundo es mundo certera señalas a Nisán el tiempo de la muerte del Cristo que hoy, cómo siempre, seguimos en calladas plegarias, pidiendo un año más cómo siempre se ha pedido, escalas y escaleras para subir a la Cruz a quitarle sus clavos a Jesus el Nazareno. Primera y gloriosa Luna del periodo del surgimiento, gran fanal encendido, guía perpetua que al cofrade, al entendido, al amante de Dios en Cristo alegra el alma a pesar de vagar, cómo cada año y una vez más, encadenado sin pesar al paso del crepitar de un cirio enarbolado, henchido de cera fundida que mancha sin césar cómo mancha tu Luz, mi Luna del mes de Nisan.

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11 de marzo de 2013

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¿Sabes?. Te amare...

¿Sabes?, te amaré hasta que algún
pintor, pueda dibujar el amor que
hay en un beso,
o el sonido del mar, en la
noche,
o quizás, el primer rayo de sol
que cubrió el horizonte,
o la risa suave de un niño,
o tal vez........
¡hasta que un pintor consiga
dibujar en lienzo de alma,
¡el sonido que hace al caer una lágrima ¡.

                                    Julia Orozco.
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7 de marzo de 2013

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Contactos en el ciberespacio


La otra noche dormitando sueños
Ambulé en el ciberespacio
En el jirón de los noctámbulos
Por la calle de los momentos añejos
Encontré basureros repletos de poesías
Unos hechos cenizas, otros pisoteados
Por el viento del olvido, desatino o rechazo
Mendigos recolectores hambrientos de letras
Navegaban entre basureros,
Reciclando formas, puntos y comas,
Métricas mal hechas, ideas caducas,
Pensamientos bloqueados o sin sentido.


En esos momentos mis ojos percibieron
Al sentimiento y a la inspiración de la mano
Saludando al amor y a la muerte
Descalzos y desnudos….conectados
Por senderos cibernéticos.


Que jugaban a papel estrujado
En un collage de rimas y formas
A la pesadumbre que buscaba palabras
La abrazaban, animaban y ayudaban


Acrisolando nuevas propuestas de poema
Por caminos virtuales con versos y prosa
Transmutan; la angustia y quebranto
En candil encendido…arte literario
Yo el poeta virtual…avanzo por lo incierto.


Letras, palabras, versos fluyen
En un mar de electrones luminosos
Navegando sobre mensajes de amor y paz
Sin tiempo ni distancias los sentimientos
Se conectan, abren portales y ventanas.


Redes donde la realidad y fantasía
Se dan de la mano y juntos caminan
Saltan, corren, caen, se levantan, vuelan,
En un trampolín de oportunidades
Senderos luminosos del mundo virtual
Sinceras @mistades. 
 
ADELA
 
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3 de marzo de 2013

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Tormenta a la siesta




En 1950 vivíamos con mi familia en un pueblo de campo desarrollado gracias al ferrocarril en el que trabajaba mi padre. Aquel día, se percibía en el ambiente, olor a tierra mojada. Las nubes amenazantes, pomposas y oscuras, parecían competir en una loca carrera celestial. Me gusta la lluvia, pero más de noche que a la siesta. La tormenta se desencadenó rápidamente tras un retumbar de truenos y un centellante baile de relámpagos en el cielo. De prisa, me refugié en mi cuarto y retomé la lectura de un libro que deseaba terminar. La ventana de la habitación se abrió de golpe, empujada por una ráfaga fuerte y, la sorpresa me sobresaltó. El libro cayó de mis manos y con él algunas fotografías y papelitos de recuerdo guardados entre sus páginas. Justo, entró mi madre y me ayudó a recogerlos, alcanzándome uno que rezaba: “Te amo aunque me vaya”. Para entonces, la tormenta había tomado en un santiamén, posesión de mi habitación, mojando el piso, el libro, hasta la colcha de mi cama, arremolinándolo todo… “¿Y esto?” demandó con su mirada mi madre. “Lo trajo la lluvia”, le respondí. ¿Qué otra cosa podría decirle a mis 13 años de vida?


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2 de marzo de 2013

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Rojo-Orgullo...


Hoy hice mi camino
entre el silencio y los vuelos
de tus palabras que adivino,
..últimamente sin duda,
en conversación desafino…
.
Quiero quitarme el peso
de este hartazgo de soledad
de este eterno regreso
a los bordes del precipicio
en el que se ha convertido de oficio,
este amor sin sentido
que vaga entre mis montañas,
más huido que perdido…
.
Me pintaré los parpados
con haces de rastrojos
y los labios de rojo-orgullo,
esperaré a tener tus ojos
frente a los míos para decirte
que no guardo en mis cajones
nada que sea tuyo…
.
Y apagaré las luces de los focos
de los bailes de antaño
que hasta la luz más silenciosa
me hará sin duda daño,
cuando por fin decida
borrar de mi loca cintura
las huellas de tus manos…
.
Galatea Santos®

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1 de marzo de 2013

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La profecía de la caída del mundo







Todo comenzó como una canción de cuna,
un sonido de ángeles susurrantes,
ahogándome en alucinaciones…
como un concierto nocturno,
que esparció tristeza en mi corazón…

 
Tuve un sueño.
En él; el fuego surgió desde una apertura en el cielo, aun recuerdo las cenizas caer.
Oí llegar a las vírgenes del aire para advertirme de este infierno…
Escupí en sus ojos ingenuos y las dejé llorando por mi alma. Ellas dicen que voy a morir.

Caminé a través del vacío en busca del camino para llegar hasta la morena tarde a la obscura y quemada tierra, allí donde solo  las sombras iluminan.
Escuché volar a los cuervos, ascender a los muertos y a los carroñeros merodeando cerca.
Vi a la noche cerrarse como boca de lobo, a la luna volverse sangre y a las estrellas caer después.
Contemplé la llegada del fuego y las serpientes que nacieron de él.
Y cuando el sol se puso negro, vi al león que portaba la llave abrir el libro.
Cuatro ángeles me  hablaron como con voz de trueno.
      —Ven, mira —dijeron.

Miré…y vi cuando el cordero abrió el primer sello; hubo un gran terremoto,  y un jinete en un caballo blanco disparó una flecha dentro de mi corazón.
El León apoyó la llave en el suelo y se posó a mi  lado. Recosté mi cuerpo en su lomo y oí cuando el cordero abrió el segundo sello.
Vi emerger a otro caballero en un potro bermejo, y a su paso por la tierra la guerra se extendió por aire y mar.
Cuando abrió el tercer sello, he aquí que salió un caballo negro y el que lo montaba sostenía en sus manos una balanza. El hambre asoló la tierra.

Apoyé mi espalda contra el león y contemplé a las vírgenes del aire acercarse con sus desnudos pies de neblina.
    — ¿Quién luchara por una tierra donde los flujos sanguíneos coagulan cada río? —exclamaron.
    —Voy a morir —suspiré—. Todos vamos a morir…
Y mientras hablaba, el cordero abrió el cuarto sello y la muerte salió acompañada por el hades.
Con mis manos bañadas en carmesí, tomé la llave y eché a andar. Mi sangre, que rellena las grietas en el suelo, refleja la blanca luz que cegaba  mis ojos.

Ya no queda nada…
El mundo cae en pedazos.

Escuché una gran voz llamar a los siete ángeles, no vi al cordero abrir el quinto sello, pero miles de almas llenaron el lugar.
Un hombre se acercó a mí y me ocultó debajo de un manto.
    —Toma mis manos si tus pies fallan —dijo.
Caminé tres pasos, para acercarme a los demonios, y vi cuando el cordero abrió el sexto sello, hubo otro
terremoto y el gran sol se puso en conjunto con la luna y esta se congeló.

—Al menos Dios sabe que lo intente...—exclamó el anciano— intenté regir el infierno, cuando caí y morí. Y puedo decirte que me encantó. Todo ha sido una hermosa tragedia... pero al menos puedo decir que me encantó.

Él me miró con los ojos de la muerte y lloró lagrimas negras.
    —¡Demian! —gritaron las vírgenes—. Las estrellas han caído, reniega de tu destino, escapa de la muerte     y llévate el libro. Oculta la llave por la pureza del mundo. ¡Corre Demian! No queda tiempo.
    —Ven, prueba este veneno negro —exclamó el anciano—. Bebe de la sangre de mis manos, bebe…
Cerré los ojos, todo me  parecía tan irreal, como si la muerte me hiciera un artista.
Y con mi cuerpo y piernas, que se volvieron más listos recogí la llave, como si a su peso mi brazo estuviera acostumbrado.
Me envolví en penumbra y tomé el libro de las patas del cordero.
La luz que ciega mis ojos develó mi presencia y el libro cayó de mis manos…
Las vírgenes del aire atravesaron el espeso humo que flotaba a mí alrededor.
    —¡Sostente, Demian! —gritaron.

Desperté, con los ojos rojizos al amanecer.
Contemplé mas allá de mis ventanas, las ramas verdes, intentando ver fijamente los giros de luz.
Me acerqué a la contestadora y la encendí, el primer mensaje era de mi madre.
    —Demian, ¿dónde estás? Tu padre ha ido a verte, nos tienes preocupados… —desconecté el aparato.
Tomé mi viejo diario y me tumbé en la cama. Recordaba todo como a través de la bruma.
Comencé a deslizar la vieja pluma por la hoja, y escribí en él:
“tuve un sueño.
En él, el fuego surgió desde una apertura en el cielo”

Alguien golpeó a mi puerta.
Arrojé el diario a un lado y me dispuse a levantarme, pero al moverme un ruido metálico chocó contra el suelo.
No podía creer lo que estaba viendo…
Mis piernas temblaron y caí al suelo de rodillas.
Mi padre azotaba la puerta desde el otro lado gritando mi nombre. Tomé la llave y el sello y la habitación se obscureció.
—     ¡Demian! —exclamó la voz de una mujer—. Huye Demian.
No necesité que lo repitiera, recogí las preciadas piezas  y arrastré mis pies entumecidos hasta la ventana.
Volé, a través de ella, con las alas de un cuervo vagabundo.

Sólo tengo la llave y el sello…
Y voy a mantenerlos conmigo hasta que muera.


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