28 de febrero de 2013

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Las profesiones de algunos escritores


Sin entrar a analizar el porqué alguien decide un día sentarse a escribir, y convertirse en escritor, el cual sería un tema igual, o más interesante aún, quiero centrarme en el oficio que han llevado a cabo escritores de renombre antes de dedicarse de pleno al mundo de la escritura, y lograr así, poder vivir o malvivir de sus escritos. Antes, desearía hacer una puntualización en cuanto a los motivos, asegurando que serían tantos como escritores hay, y afirmando que existe uno común a todos ellos, independientemente de su cultura, formación, nivel social o nivel académico que posea. Ese motivo denominador común de todos los escritores, es: ”una poderosa fuerza que les empuja desde sus adentros a plasmar sus ideas sobre el papel, y ninguno sabe bien el porqué de ello, sólo que esa fuerza, ente, inspiración, arte creadora, o cómo gusten llamarla existe, y no te deja descansar en paz, hasta que logra su propósito”. Creo, que ningún escritor podrá negarme éstos hechos.

Empezaré con dos de mis autores preferidos, y ambos con una trayectoria laboral muy similar, hablo de Hemingway, y de Reverte, los dos en sus comienzos fueron periodistas y reporteros de guerra, hallándose ambos inmersos en imnumerables conflictos bélicos, la pasión por el mar es compartida igualmente por ambos.También sus novelas han sido llevadas a la gran pantalla.

Ernest HemingwayErnest Hemingway

Al acabar sus estudios, en 1917 , no quiso ir a la Universidad, como quería su padre, ni quiso perfeccionar sus estudios de violonchelo, como su madre quería. Se trasladó a Kansas y en octubre de 1917 comenzó a trabajar de reportero en el Kansas City Star.
En la Primera Guerra Mundial Ernest trabajó como conductor de ambulancias de la Cruz Roja, reanudando a su finalización su trabajo como periodista en el Toronto Star y como redactor. Ernest se ganaba la vida como corresponsal y viajó por toda Europa. También se empleó como sparring para boxeadores y «cazaba» palomas en los Jardines de Luxemburgo cuando sacaba a pasear a su hijo, pues los ahorros mermaban y no ganaba mucho.

Fotografía de Arturo Perez - ReverteArturo Pérez-Reverte

Del “amigo” Arturo, a quien tengo que estar agradecido, y él, sabe el porqué, diré que sus primeros pasos los dio en el diario Pueblo, donde permaneció 12 años. Tras la desaparición de Pueblo pasó a Televisión Española (TVE), donde ejercería durante otros nueve años hasta 1994.
A principios de los años 90 presentó en RNE La ley de la calle, un programa de radio, en horario nocturno. Fue presentador, en 1993, del programa Código Uno, sobre la actualidad de la crónica negra, en Televisión Española, del que renegó públicamente y abandonó por considerar que contenía “basura”.
Ejerció como reportero de guerra durante 21 años (1973–1994). Como corresponsal de guerra, había cubierto conflictos armados en Chipre, Líbano, Eritrea, el Sáhara, las Malvinas, El Salvador, Nicaragua, Chad, Libia, Sudán, Mozambique, Angola, el Golfo Pérsico, Croacia, Bosnia, etc. Aunque de todas ellas, la Guerra de Eritrea de 1977 lo marcó especialmente (la cita en varias ocasiones en sus artículos y en su novela Territorio comanche), en la cual anduvo desaparecido varios meses y consiguió sobrevivir a duras penas gracias a sus amigos de la guerrilla; en esa ocasión, aunque no da detalles sobre el hecho, hubo de defender su vida con las armas.

Miguel de Cervantes --Clic para ampliarMiguel de Cervantes Saavedra

Que decir de el “Padre” de la novela moderna, estuvo alistado como soldado en la Armada, trabajó de comisario de provisiones de la Armada Invencible, de proveedor de las galeras reales, y posteriormente, como recaudador de impuestos atrasados, su vida estuvo acompañada siempre de penurias económicas, no tuvo tampoco estudios universitarios, pero a pesar de todo ello, es el mayor exponente de la Literatura española y reconocido por la Literatura Universal gracias a su novela “Don Quijote”.


William Shakespeare--Clic para ampliarWilliam Shakespeare


De su contemporáneo Inglés, decir que al igual que Cervantes no poseyó estudios universitarios, trabajó como actor teatral, dramaturgo y después se convirtió copropietario de la compañía teatral conocida como Lord Chamberlain’s Men, es el dramaturgo más importante de la Literatura inglesa, y uno de los más célebres de la Literatura Universal.



Charles Dickens

Charles Dickens

Fue el escritor autodidacta por antonomasia, no recibió ninguna educación hasta la edad de nueve años, hecho que posteriormente le reprocharían sus críticos, al considerar su formación escasa. Leía con fruición novelas de aventuras como Robinson Crusoe y Don Quijote de la Mancha. A los doce años, comenzó su vida laboral, en jornadas diarias de diez horas en Warren’s boot-blacking factory, una fábrica de betún para calzado, años después, empezó a trabajar como pasante, y después de un tiempo, como taquígrafo judicial, para seguir a continuación como reportero y periodista.

Alejandro DumasAlejandro Dumas

El padre de Dumas murió cuando él aún no tenía cuatro años de edad. Dada la exigua pensión de que disponía su madre, Dumas recibió una escasa educación escolar. Con unos estudios deficientes empezó a trabajar como mensajero, vendedor de tabaco y como pasante de un notario. Dumas tenía un carácter indómito y soñador, dedicaba su tiempo a la caza y al cortejo de las muchachas de su edad .En 1823 se instala en París y entra al servicio del Duque de Orléans como escribiente, gracias a su perfecta caligrafía y a la recomendación del General Foy. Continúa escribiendo y completando su formación de manera autodidacta.

Franz KafkaFranz Kafka

Trabajaba en una oficina de seguros. Tras abandonar la oficina de seguros, en 1908 consiguió un trabajo en la compañía de Seguros contra Accidentes de Trabajo para el Reino Bohemia, en ella estará hasta su jubilación anticipada en 1922. Aunque el padre de Kafka se referiría a este trabajo como “Brotberuf”, un empleo tan sólo para pagar las facturas, a Franz le permitió dedicarse a escribir, gracias al horario más restringido que tenía respecto de la ocupación anterior. Con todo, este trabajo burocrático, en el que Kafka se desempeñó de forma competente y en el que fue ascediendo progresivamente, sería una fuente primordial de temas para su obra literaria.

”Si una noche logro escribir algo bueno, al día siguiente no consigo hacer nada en la oficina, este continuo contraste empeora cada vez más” (carta a Max Brod)

«En mi país desconocido», la desgarrada confesión de Hans FalladaHans Fallada (seudónimo de Rudolf Ditzen)

El inolvidable autor de “Una vez tuvimos un hijo”, fue perito agrícola, contable, guarda nocturno, comerciante de cereales y agente de publicidad, antes de decidirse a escribir.


Mark Twain Mark Twain

Fue piloto en un barco de vapor, soldado en la Guerra de Secesión americana, minero en Nevada, comerciante de maderas y, por supuesto, finalmente periodista.


 

William FaulknerWilliam Faulkner

En 1915, dejó los estudios y empezó a trabajar en el banco de su abuelo. Durante la I Guerra Mundial ingresó como piloto de la R.A.F.. (Real Fuerza Aérea Británica). Cuando regresó a su ciudad, entró como veterano en la Universidad de Misisipi, aunque volvió a dejar los estudios: esta vez fue para dedicarse a escribir. Durante esa época realizó trabajos como pintor de techos, o cartero en la Universidad de Misisipi (de donde lo echaron por su costumbre de leer revistas antes de entregarlas), y publicó su primer y único libro de poemas: The Marble Faun (1924).
A partir de 1921, Faulkner trabajó como periodista en Nueva Orleans y conoció al escritor de cuentos estadounidense Sherwood Anderson, que le ayudó a encontrar un editor para su primera novela, La paga de los soldados (1926).

Fotografía en sepia de Miguel DelibesMiguel Delibes

Se inició hacia 1940 como dibujante de caricaturas que firmaba con el seudónimo Max en el diario El Norte de Castilla, de Valladolid, no tardó en pasarse a la crítica de cine. En 1944 ingresó como redactor al mismo diario de su ciudad natal, del que también llegó a ser subdirector (1952) y director (1958-1963). Por entonces, después de hacer el bachillerato y el y el doctorado en derecho mercantil, obtuvo una cátedra de historia del comercio. Los textos legales tuvieron para él una capital importancia para definir su estilo preciso y desprovisto de adjetivaciones superfluas.

José SaramagoJosé Saramago

A los quince años abandonó los estudios por falta de medios y tuvo que ponerse a trabajar de cerrajero.

Luego se desempeñó en una caja de pensiones y más tarde se dedicó al periodismo, la labor editorial y la traducción. Colaborador de diversos periódicos y revistas, entre ellos Seara Nova, fue también codirector del Diario de Noticias en 1975.

 

García MárquezGarcía Márquez

Empezó a trabajar como reportero de El Universal. En 1950, desiste de convertirse en abogado para centrarse en el periodismo y se traslada de nuevo a Barranquilla para trabajar como columnista y reportero en el periódico El Heraldo. Aunque García Márquez nunca terminó sus estudios superiores, algunas universidades, como la Universidad de Columbia de Nueva York, le han otorgado un doctorado honoris causa en letras.

Éstos, son sólo algunos ejemplos, pues la lista sería imnumerable, pero la grandeza de la Literatura, y en concreto ser escritor, reside en su universalidad democrática, en la que cualquier persona sin distinción de género, raza, nivel económico, ideales políticos, nivel académico o ideales religiosos, puede llegar a ser escritor. Es cierto, por otro lado, que algunas profesiones y cierto nivel económico pueden ayudar al escritor a publicar sus obras con mayor facilidad, pero por suerte, éstos factores no son determinantes por si solos y sí cuenta y mucho, la perseverancia que posea el escritor. Para terminar, quiero hacerlo con dos de mis frases preferidas y que hacen referencia a lo anteriormente expuesto.
”Sólo hacen falta dos cosas para escribir, imaginación y un soporte donde plasmarla”
”La mejor virtud que debe poseer un escritor es la perseverancia”

Andy García
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26 de febrero de 2013

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Más madera.

Banco de trabajo de Madera, avión viejo manual y virutas Foto de archivo - 14288894
Foto de Internet.
Toda una vida dedicada al negocio de la madera hacía mella en el carácter. Por él lo habría dejado ya hacía unos años pero los zagalones, sus hijos, no habían querido abrazar la costumbre familiar y se había encontrado con su taller, el que heredó de su padre completamente montado, con el almacén lleno de herraje, con la humidificadora repleta de buena madera y con su mujer a un tris de irse al otro barrio merced a una leucemia galopante. Así las cosas no le quedó más remedio que seguir dándole al martillo, aserrando tableros, cepillando largueros y afanándose, cómo siempre lo había hecho y su padre antes que él, convirtiendo la madera en objetos que hicieran la vida de las personas más amable y llevadera. Así había pasado su vida y así, pensaba, la terminaría, pasando formones, gubias y lijas por las más variadas especies madereras, desde el humilde pino de flandes, pasando por el tea o el oloroso oregón hasta el sapelly, el cerezo, el haya o el intratable nogal. 

Alegría de carpintero.

Matilda, Mati para todo el barrio, su mujer, llevaba ya unos cuantos meses en una cruel estabilidad. Ni se iba ni se terminaba de quedar. La leucemia había hecho de ella un pelele y la quimio y la radio la habían terminado de mermar en un ciento por ciento. Una mala compañera para un ser humano que hacía que aquel, o aquella, cómo era el caso, que la padeciera se convirtiera en un trasto, una pesada carga que sólo podía contrarrestarse con el cariño de toda una vida y el amor incondicional hacía el ser que siempre estuvo a tu lado, en lo bueno, y en lo malo. Eso era quizás lo que le hacía alargar los días a sus casi setenta años dándole al martillo sin césar, sudando bajo la uralita y tragando polvo de melaminas, maderas y aglomerados. Suerte que, a pesar de que sus hijos, los tres, habían decidido hacer carrera, podía contar con la ayuda del hijo del lechero. Otro que, no queriendo seguir en la vaquería si había considerado el amor a la veta maderil y la cola de conejo.

Era el muchacho uno de esos simples pero de buen corazón. Le costaba aprender pero no ponía reparos a hacer trabajos rutinarios y desagradecidos que, en el arte de la madera suelen ser abundantes. Así, el chico, que a pesar de ser un poco lento era de buen corazón y trabajador cómo el sólo había sido dedicado al lijado y repasado de la madera antes de su tratamiento con tapaporo y después del mismo. Él, que a pesar de los años aún tenía buena vista seguía afanándose en el arte del tallado que tan buena renta le había dado, insistiendole al muchacho en la necesidad de lijar con cuidado y premura cada una de las volutas que él, a base de paciencia, formón, gubia y maza iba labrando con cuidado de no quebrar ninguna veta, hacer saltar el tocón o dar con algún nudo malnacido que le obligara a sanear y masillar para despues retocar haciéndole perder un tiempo precioso que en verdad no tenía.

Maderas nobles.

Aquel encargo había sido algo muy especial. Hacía ya tiempo que había dejado las puertas, las barandas, los peldaños en madera curada de Tea para otros fabricantes más interesados en cosas en serie y con menos gusto o quizás más penurias económicas para dedicarse a lo verdaderamente bonito del trabajo con tan delicada materia. El gusto por el detalle, la paciencia en el tallado, la carpintería inicial que daba su forma a desbastar eran cosas que hoy por hoy quedaban cegadas para la mayoría de los fabricantes. Cada cual buscaba la rapidez en la ejecución, el abaratamiento máximo tanto en las materias primas cómo en la fabricación. Craso error, pues lo que se ganaba en rapidez y funcionalidad, se perdía en calidad y ello conducía a la inexorable ruina de la pieza, conduciéndola a su sustitución por otra de igual o peor calidad terminando, cómo un torpedo bajo la línea de flotación de un acorazado con un arte tan noble cómo antiguo.

Por eso él, en su día se había especializado, estando aún su padre con vida, en el gusto por el tallaje. Una buena pieza de madera, más si era de madera noble, cómo teca, caoba o ebano, ganaba tanto más cuanto tanto más tiempo se le dedicara. Al curarla, al desecarla para que la humedad no la pudriese una vez tratada o simplemente al abrir el tablero en la sierra desprendiendo su alma en forma de infinitesimales particulas de serrín. La madera tenía espíritu y el arte del carpintero era encontrar ese espíritu, moldearlo, tallarlo y preparalo para otorgarle finalmente su propia eternidad. Así lo había aprendido de su padre y así se lo estaba tratando de transmitir a su aprendiz, demasiado alejado de los cánones de los carpinteros de su hornada cómo para comprender que la madera, lejos de ser algo absolutamente inanimado, tenía mucha más vida que muchos muchachos de su edad. Una verdad mucho más constante que la sucesión de los días con sus noches.

Acabado.

Estaba orgulloso de su trabajo. Pasó la mano con cuidado sobre la pulida superficie de las volutas que adornaban los costados de su obra magna. Una obra que, sin embargo, no estaría demasiado tiempo a la vista de los profanos, sirviendo para ser de una belleza fugaz y una resistencia de siglos a los xilófagos, para la que había sido tratada aquella buena pieza de ébano, de color totalmente negro cómo era propio para el uso que debía de recibir. Su padre siempre lo decía, era mejor el negocio de los muertos que el de los vivos. Al menos aquellos, si encontraban un clavo mal hundido no se quejaban. Así había sido el mejor de los fabricantes de ataudes de los contornos y en aquella ocasión, además, el mejor de los tallistas que se conocían del arte funerario. Aquel féretro era uno de los mejores sarcófagos que había construido y lo había hecho para alguién muy especial. Alguién que lo había dado todo por muy poco tanto en lo bueno, cómo en lo malo.


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25 de febrero de 2013

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Escritores y locura


La obra “Bartleby, el escribiente” de Herman Melville nos muestra a un personaje que evoluciona hacia un comportamiento que escapa al raciocinio de los que le rodean. Dejándose en todos los sentidos esperando que pase la vida. La locura ha sido escrita en muchas formas, pero sus autores en muchas ocasiones han sido los que realmente se habían vuelto locos o han sufrido algún tipo de trastorno. Una situación que no tiene por qué terminar mal, pero en muchas ocasiones acabó de la peor forma posible.

Pero también están las manías o excentricidades, como que Azorín fuera por Madrid siempre con un paraguas rojo o que Valle Inclán fuera por las noches a la Plaza de Oriente a despertar al Rey. Algo que aunque está relacionado con su trabajo no son solo simples extravagancias; como que Roald Dahl escribiera siempre con un lápiz amarillo o aquellos perfeccionistas obsesivos como León Tolstoi que llegó a re-escribir “Guerra y Paz” hasta ocho veces. Y como no, recordar aquí a Marcel Proust, el autor de “En busca del tiempo perdido”, que se recluía durante semanas en su habitación inhalando polvo medicinal y alimentándose de cerveza y helado.

Según un estudio de Bryce Echenique el 41% de los novelistas sufre depresión maníaca profunda frente a solo el 1% de los hombres de ciencias. La causa puede estar en el desgaste como consecuencia del proceso creativo. En otro estudio de la Universidad de California titulado “El precio de la musa: los poetas mueren jóvenes” se concluyó que los poetas suelen vivir hasta los 62,2 años frente a los escritores de no ficción que viven hasta casi los 68 años. Curiosamente las mujeres poeta suelen morir antes que los hombres.

Algunos autores que han sufrido alguna forma de locura son:

Hölderlin: Era esquizofrénico y apenas tenía orientación espacio temporal. Sufría accesos de ira y hablaba solo en un idioma imposible de entender, para luego escribir poemas bastante serenos.

Edgar Allan Poe: Tenía pensamientos suicidas. Sobre su locura escribiría: “Los hombres me han llamado loco; pero aún no está determinada la cuestión de si la locura es o no la más excelsa inteligencia, si mucho de lo que es gloria, si todo aquello que es profundo, no brota de la enfermedad del pensamiento, de modos de pensar exaltados respecto del intelecto general. Aquellos que sueñan de día son conocedores de muchas cosas que se les escapan a los que únicamente sueñan de noche.”

Virginia Wolf: Sufría trastorno bipolar e intentaría suicidarse en varias ocasiones hasta que lo consiguió lanzándose al río Ouse con los bolsillos llenos de piedras. Tradarían meses hasta que encontraron su cuerpo. En una ocasión llegó a escribir: “Siento que voy a enloquecer de nuevo. Sé que esta vez no me recuperaré (…). No puedo luchar más”

Guy de Maupassant: Sufrió a lo largo de su vida fuertes dolores de cabeza y el deseo de estar constantemente en movimiento. Finalmente padecería grandes ataques nerviosos que desembocaron en la locura y en un intento de suicidio. Morirá en un manicomio.

Ernest Hemingway: Padeció alzheimer y tenía un fuerte carácter depresivo. Se suicidó con una escopeta.

Sylvia Plath: Sufría largas depresiones que le llevaron a varios intentos de suicidio. Hasta que un día después de preparar el desayuno metió la
cabeza en el horno y abrió el gas. En sus “Diarios” llegará a escribir: “Mi cabeza es un batallón de problemas”

Kurt Vonnegut: Sufría depresión clínica. Es autor de “Matadero cinco”, en la que se describe el bombardeo sobre Dresde y los viajes en el tiempo de Billy Pilgrim.

Philip K. Dick: Durante los años 60 consumiría LSD lo que le llevaría a un estado paranoico coincidiendo con su época más creativa. Supuestamente era esquizofrénico, ya que con esta patología no se puede sostener un proceso creativo, y en el caso de este autor no solo lo sostuvo si no que mejoró. También padecía hipocondría y agorafobia.

David Foster Wallace: Durante dos décadas sufrió una bipolaridad con predominancia de las tendencias depresivas. Gracias a la fenelzina se mantuvo estable, sin embargo los efectos secundarios le hicieron abandonar la medicación. Como consecuencia la depresión se agravó bastante hasta que decidió quitarse la vida ahorcándose.

Juan Ramón Jiménez: Sufría ansiedad generalizada, hipocondría, tendencia al aislamiento, crisis depresivas y obsesión por la muerte. Posiblemente hoy día se le diagnosticara trastorno bipolar.

Leopoldo María Panero: Nunca ha ocultado su desorden interior. Aficionado al alcohol y consumidor de heroína durante una década. Padece esquizofrenia asociada a un trastorno bipolar que le han hecho recluirse voluntariamente en varios manicomios de España.
 
 
Autor: David Ruiz
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23 de febrero de 2013

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Erase que se era...

Erase que se era
un duende bueno,
de esos que traen regalos
y buenos consejos.

Erase que se era
una niñita,
que despertó una mañana
sin su mamita.

Y erase que se era
que ese duende,
llegó junto a la niñita
¡y la colmó de juguetes¡.

Sonrio la niña
y después, lloró..
y el duende bueno con gran
cariño, bajo la voz;

¿Qué sucede mi niña, porqué
me lloras?
-Es que no esta mi mamita
y me siento sola.
-¿Sola te encuentras?, no mi
niñita,
aqui en tu corazón esta
tu mamita.
Y puso el duende, beso en su
cara,
y aquella niña chica vio a
su madre allá en su alma.

¡La tengo aqui¡,esta conmigo,
he visto a mi mamita y ha
sonreido¡.
-Si mi niñita ¿que te creías?
jamás dejan sus mamas a
sus niñitas,
las guardan desde el cielo
cuando hace sol,
y cuando todo oscurece
duermen en ellas con dulce
amor.

Y se durmio la niña con gran
sonrisa, pues bien sabia
que allá muy dentro, justo en 
su almita,
¡estaria por siempre con su mamita¡.
                                        Julia Orozco.

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17 de febrero de 2013

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El Club de los Escritores Suicidas


Virginia Woolf, Ernest Hemingway, Cesare Pavese, Jack London, Sandor Marai, Alfonsina Storni, Jack London, José Asunción Silva, Yukio Mishima, Jacques Rigaut, Horacio Quiroga, Anne Sexton, Vladimir Maiakovski... La lista de escritores y poetas que han cometido suicido en diferentes épocas y lugares, de las más diversas (y a veces brutales maneras) es bastante larga.
El suicidio y los procesos creativos de los artistas es una relación que ha fascinado a estudiosos y aficionados desde hace mucho tiempo. Una de las obsesiones de los que se acercan al tema es descifrar si, al analizar los escritos dejados atrás, hubiera sido posible predecir el final de dichos autores. Lo que durante mucho tiempo fue apenas una fascinación morbosa comenzó en algún momento a tornarse en asunto para estudios más serios.
Posiblemente no fue sino hasta fines del siglo XIX cuando intentó dársele confirmación científica, con la publicación en 1889 de Genio y locura escrita por el médico y antropólogo italiano Cesare Lombroso. El autor planteaba que el genio artístico era una forma de desequilibrio mental hereditario y para apoyar esta afirmación, se dedicó a coleccionar lo que llamó “arte psiquiátrico”, escritos, dibujos y pinturas realizados por pacientes encerrados en hospitales mentales. Lombroso también vinculó el genio artístico con la esquizofrenia, debido al alto índice de pacientes que sufrían de este mal y que lograban plasmar por medio de la expresión creativa, su atormentado y complejo mundo interior.

Dichas afirmaciones no son tomadas muy en serio hoy en día, pero el estudio de Lombroso sirvió como arranque para que otros científicos se acercaran al tema. En años más recientes, los estudios más exhaustivos realizados sobre el tema son posiblemente los de la psicóloga clínica estadounidense Kay Redfield Jamison, autora de Touched with Fire (Tocados por el fuego) de 1993, un minucioso análisis sobre la relación entre los desórdenes maníaco-depresivos y los procesos creativos de varios prominentes artistas. Algunos de los autores incluidos en este estudio son Charles Dickens, William Faulkner, F. Scott Fitzgerald, Ralph Waldo Emerson, Baudelaire, Herman Hesse, Ernest Hemingway, John Keats, Edgar Allan Poe, Mark Twain, Robert Louis Stevenson, Virginia Woolf y Kurt Vonnegut.
Otro de sus libros, Night Falls Fast: Understanding Suicide (La noche cae pronto: comprendiendo el suicidio), es un estudio donde Jamison discute el suicidio desde la óptica histórica, religiosa y cultural, y cataloga el suicidio (sin lugar a discusión), como un factor relacionado con enfermedades mentales de diversa índole.

El suicidio como manifestación de enfermedad mental

A pesar de todos los estudios y aproximaciones científicas, no hay datos definitivos que confirmen el vínculo entre los procesos creativos o artísticos con la enfermedad mental y/o el suicidio. Pero no es necesario ser artista para suicidarse. Un informe de la Organización Mundial de la Salud de hecho calcula que cada año se suicidan un millón de personas alrededor del mundo, de las cuales aproximadamente un 80 por ciento sufren enfermedades mentales que no han sido tratadas y, en muchos casos, ni siquiera diagnosticadas, como la depresión o el desorden bipolar.
Por lo demás, la creatividad es una característica propia de todo ser humano, un recurso al que recurrimos en nuestra vida cotidiana para resolver una amplia gama de situaciones, desde el menú familiar y la decoración del hogar hasta la solución de problemas de toda índole. ¿Acaso por eso estamos todos expuestos al suicidio?
Las motivaciones del suicidio entre escritores son semejantes a las de cualquier mortal. También sus métodos, algunos más rebuscados que otros, como el de Jerzy Kossinski.
El autor de origen polaco, conocido por su excepcional novela Desde el jardín, se suicidó ingiriendo una gran cantidad de barbitúricos con un trago de ron y Coca Cola, se metió a la tina de baño y además se amarró una bolsa de supermercado alrededor de la cabeza. Su nota de suicidio, el cual constituyó una gran sorpresa para sus allegados, decía “voy a dormir ahora un rato más largo del usual. Llamemos a ese rato Eternidad”. Problemas cardíacos, la incapacidad de poder escribir más acusaciones de plagio, podrían haber sido el detonante para esta decisión.

¿Suicidio o accidente?

La poeta rusa Marina Tsvetaeva se colgó hasta morir. Emilio Salgari, creador de Sandokán y varias novelas de aventuras, se abrió el vientre con un cuchillo. La narradora alemana Unica Zürn se tiró desde la ventana del apartamento que compartía con su compañero sentimental, el pintor Hans Bellmer. Jacques Vaché, amigo de André Breton y uno de los fundadores del surrealismo, murió de una sobredosis de opio.
La clásica bala es uno de los métodos más populares de suicidio entre autores. A ello recurrieron Ernest Hemingway, José Asunción Silva, Sandor Marai, Jacques Rigaut y Hunter S. Thompson, entre otros.
También lo es la ingesta de venenos y sobredosis de medicamentos. Horacio Quiroga tomó cianuro poco después de saber que sufría cáncer estomacal. Leopoldo Lugones se tomó un trago de whisky mezclado con cianuro. Cesare Pavese tomó una sobredosis de barbitúricos luego de una decepción amorosa. Georg Trakl acabó consigo mismo tomando una sobredosis de cocaína.
El suicidio por inmersión es otro de los recursos comunes entre autores. Alfonsina Storni se adentró en el mar en la playa La Perla, en la ciudad de Mar del Plata, agobiada por la soledad y tras detectársele un cáncer mamario. Virginia Woolf se llenó los bolsillos del abrigo con piedras y se sumergió en el Río Ouse, muy cerca de su casa. Paul Celan se arrojó al Río Sena en París.
Otros escritores prefirieron inhalar algún tipo de gas. Sylvia Plath y René Crevel abrieron las llaves de sus respectivos hornos. Anne Sexton se encerró en su garaje, encendió el motor de su automóvil y murió por envenenamiento con monóxido de carbono. Algo similar hizo John Kennedy Toole.
Algunas muertes ocurrieron de manera tal que la línea entre suicidio y accidente no queda muy clara. Es el caso de Primo Levi, el escritor italiano de origen judío que sobreviviera al holocausto y que fuera encontrado muerto en las escaleras interiores de su edificio. Sus allegados y el forense que lo examinó estuvieron de acuerdo en que Levi se suicidó lanzándose de las escaleras, ya que jamás pudo sobreponerse al trauma y la culpa de haber sobrevivido Auschwitz.
Sobre la muerte de Jack London también se alza la sombra del suicidio. London sufría de uremia y los dolores lo obligaban a tomar morfina. Si la sobredosis que lo mató fue ingerida de manera accidental o deliberada, es algo que sigue en el misterio.
Al estudiar varios de estos casos, una característica común (además de las enfermedades mentales), fue la imposibilidad de poder escribir: no escribir con la frecuencia o con la calidad deseada fue motivo de angustia para muchos. ¿Acaso la escritura sería para ellos una válvula de escape que, al verse bloqueada, hacía intolerable la existencia?
Aunque jamás pueda definirse con exactitud por qué existe o cuál es el vínculo entre escritores y suicidio, lo cierto es que el tema siempre volverá, de manera recurrente, a plantearse en nuestro imaginario y a alimentar nuestras fascinaciones personales.
Comenzamos con esta introducción una serie de aproximación a cuatro conocidos escritores que se suicidaron, todos en circunstancias muy diferentes: Yukio Mishima, Sylvia Plath, Reinaldo Arenas y Alejandra Pizarnik.
¿Hubo pistas en la escritura de estos autores sobre su eventual suicidio? ¿Algunas actitudes o situaciones de su vida propiciaron dicha circunstancia? ¿Hubo señales que sirvieron como advertencia a quienes los rodeaban? Si alguien hubiese leído los textos de estos autores como llamados de auxilio dentro del contexto de sus vidas, ¿habrían podido evitarse sus muertes? 
Jacinta Escudos

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10 de febrero de 2013

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Pato Criollo


María de las Mercedes y María Pía, aún cuando sus respectivas madres no se conocían más que por un beso al aire en las mejillas por algún encuentro casual en el Jockey Club, habían sido educadas en las artes de la doma del "Potro". Esto es, los sábados iban al Rugby de San Isidro, los Domingos al Campo de Polo de Palermo y de Lunes a Viernes buscaban su "Potro" en las aulas de la Facultad de Medicina o Abogacía.
Nunca se les hubiera ocurrido estudiar para independizarse ya que papi era quien proveía a las arcas del hogar y ellas, como mamá, eran las encargadas de mantenerse hermosas y deseables por siempre.
El plan materno era de mucha más sencilla implementación: debían encontrar a su "Potro" domarlo, hacerlo comer de su mano, casarlo, preñarse y luego de acuerdo a las necesidades que pintaran podían solicitar el divorcio con una cuota de manutención apropiada. Madre recomendaba tener tres hijos pues a partir del tercer retoño la cuota tenía un incremento casi nulo.
María Pía tenía sus propias ideas, digamos que era una libre pensadora y se había percatado que aún cuando los jugadores de Polo argentinos eran muy solicitados a nivel mundial, casi todos eran dandys más cercanos a Isodoro Cañones que a su tío. Esto es, eran Play Boys sin dineros propios.
Como en la facultad no encontraba más que emergentes de la clase media elevados por Menem a un escalón que no merecían y en el Rugby cada día había más descerebrados con más cicatrices que pelos, decidió buscar un nuevo rumbo en el Casting de su futuro consorte.
Tal vez por falta de imaginación siguió buscando a su "Potro" en medio de los caballos y así llegó a descubrir por intermedio de un peón de establos, la existencia de un juego llamado "Pato".
Su primer visita a un campo de Pato fue en la ciudad de Avellaneda, el campo se llama Barracas al Sud y para ella fue como haberse embarcado en un safari extremadamente riesgoso en medio de África. Ni siquiera sabía que en Avellaneda había algo más que frigoríficos y canchas de fútbol.
Eleuterio, el peón que le había dado el dato, trabajaba para la familia Taberna y por supuesto María Pía quería conocer al mejor de los jugadores para tejer su telaraña.

-Mire m´hija - le dijo Eleuterio con dulsura-Los muchachos respiran Pato, viven Pato, chupan vino con Pato, hacen asado de Pato, así que me le parece que de mejor vamo estudeando algo de eso para que usté no se quede pagando por ignorante.-

La niña ya grandecita pareció no captar la idea pero igual y como siempre comenzó a hablar con su abitual papa caliente en la boca


- Perdón, digo, Leuterio, yo , digo, es claro, que desde, no digo que no, pero, he tenido la buena voluntad de, como Machi decía, de venir hasta, ¿esto es el sur, no?, bueno nada, es que nosotras tenemos campo en el oeste con Chache y allá tenemos Polo que es "lo más". Ah y el Dady de Martita tiene una casa de equipamiento y talabartería para Polo...nada...hasta exporta pura sangre...


Eleuterio se puso la mano sobre el corazón, porque allí abajo tenía su imagen de la Virgen de Luján y se persignó en silencio. Ya estaba acostumbrado a esas chicas y dentro de todo María Pía era la más aceptable.


-Le digo señorita que es un juego muy, pero muy viejo. Solamente en otro lado se juega algo medio parecido. Me dicen los que saben que en Afgha... Afgha.. nistán, ahí de donde viene el Bin Laden ése, se juega algo parecido. El Buskashi. Estaba prohibido pero los Talibanes esos lo pusieron otra vez. Se rejuntan dos equipos y agarran en lugar de una pelota o de pegarle a una pelotita con un bastón como en el Polo, agarran un ternerito o un cordero, le quitan la cabeza y no sé que más. Bah, le dejan las patas para poder agarrarlo y lo usan como pelota. Van de a caballo, lo agarrean y discué lo llevan para el arco del contrario pero los demás se lo tienen que arrancar de las manos y discué hay que defenderlo y es como que se matan para poder mantenerse con el bicho entre las manos y no parece así de una, pero es una cosa medio sangrienta y tienen que llegar hasta el otro lado para poder marcar. Dicen que hasta se matan entre ellos. ¿Entendió?-


María Pía venía medio retrasada en el análisis pero una vez que pudo imaginar la escena en su totalidad, se puso nuevamente la papa en la boca y le espetó.


-Pero, digo, acá es Avellaneda, ¿no?. Chache estuvo en las Twin Towers justo un mes antes que los Talibanes las destruyeran. Hay, siempre pensamos, con Chache, que habría sido de ella si viajaba un mes después. Bueh, nada, que cosas ¿no?...es como el destino...obvio...-


-Como veo que entendió todito todo, le cuento como es el Pato, nuestro deporte nacional...

-Que lo juegan acá...

-Si señorita, lo juegan acá y en otros lugares del país...

-Pero acá están los mejores jugadores, ¿no?

-Si señorita...

-Y me vas a presentar al mayor de los Taberna, ¿no?

-Discué que aprienda algo señorita, pacencia... Lo primero es lo primero, Hacen falta cuatro jugadores por cada equipo.

-Y cuatro caballos también, digo...

-Si señorita no es un juego de a pié. Endispué charlamos, ahora escuchemé... El campo, cancha o, como también le dicen, potrero de Pato es masomeno grande como el de Polo así como que medio de largo tiene entre 180 y 220 metros, y de ancho entre 80 y 90. El pasto tiene que estar parejito y el suelo también. Nada de pozos porque los pingos se pueden quebrar. En cada punta hay un aro con una red tipo bolsa de unos metro cuarenta masomeno de hondo, que es como los arcos de una cancha de futbol. Los jinetes tienen que llevar una especie de pelota con manijas y meterla en el aro del otro equipo. A esa pelota es a la que la llaman Pato. Son máximo seis tiempos de ocho minutos con descansos de cuatro, pero en las épocas ande el gaucho no tenía reló, se seguía hasta hacer un tanto y discué se descansaba al pingo. Cuando se llegaba a la cantidad de tantos que se había dicho de antes, se paraba y se sabía el ganador.


-Too easy Eleuterio...

-Ma que tuisy ni tuisy...

-Es inglés, hombre...

-Si, ya sé, y los ingleses también nos han robado el juego, bah, nos copiaron pero les salió zonzo como mate lavado. Lo llaman Horseball o pelota de caballo, o pelota a caballo, que se yo. Es lo mismo con una pelota y caballos. Una copia.-


Mientras María Pía evaluaba las posibilidades de conseguir un Lord inglés en un partido de Horseball en Cambridge, Eleuterio se dispuso a profundizar en el tema. Tomó una cartilla del Club Barracas al Sur y casi le leyó de corrido.


-En cuando empezó el juego fue por el siglo XVI, que sería como el año milquinientostaitantos, pero se hacía como corridas donde los jinetes trataban de agarrar un pato de verdad y vivo y llevarlo hasta un sitio que habían dicho de antes. Se rejuntaban hasta como 200 caballos con gente arriba y cada equipo era de una estancia diferente. El bicho emplumado lo donaba casi siempre un pulpero que de enseguro hacía algún tipo de juegos de apuesta, porque ningún pulpero le va a dar nada gratis aunque vengan de a doscientos. El hombre metía al animalito en una canasta o en una bolsa de cuero con manijas pá que se pudieran agarrar. Ah, no me pregunte pá qué querían al animalito adentro si podían poner cualquier otra cosa. Debe ser por el barullo que metería el pobre animal al verse zarandeado de un lado pál otro. Y discué de tanto golpe quedaría blandito pá la hoya.
Como había pocas que menos reglas, la cosa se ponía muy violenta y había muertos y heridos por las rodadas de los caballos o por que se dejaban atropellar los muy tarambanas. Hasta los facones salían a relucir cuando las cosas se ponían peliagudas y había que arreglar algún desacuerdo. Tan brava y de machos era la cosa que el mismísimo Virrey la prohibió en 1790 y la iglesia católica prohibió dar sepultura cristiana a cualquiera que muriera en una de las partidas.-

-Porque era como un suicidio?

-No, porque era una salvajada. Digna de esos infieles que para ellos era la indiada. Como sea, en 1822 escribieron la prohibición para el Gobierno de Buenos Aires que duró hasta el gobierno de Rosas , que parece que le tenía mucha bronca y no lo dejaba jugar. Fíjese que ni siquiera se lo nombra en los libros que escribieron de los gauchos de acá, de la Argentina. Recién en 1953 el Pocho lo puso como deporte nacional , mire vea.-

-Bueno Eleuterio, muy lindo lo tuyo, pero, digo, nada, al fin lo dejaron jugar, digamos, aquí estamos, ¿no? ¿Podés ser más conciso? Ayer a la noche estuve de fiesta en el Jockey por el casamiento de Nacha y digo, nada, hoy estoy, re muerta. Creo que después voy al Spa con Martina y nos hacemos un baño de algas y masaje de piedras calientes...

-No me apure si me quiere sacar bueno. Ya vamo a llegar. En 1930 Alberto Castillo Posse reglamentó el juego para que no hubiera mañas y le tomó algunas cositas del Polo. Pero lo más importante quedó.


La chica ya estaba limándose las uñas con cara de hastiada y tan solo dijo:

- ...que sería...

-La forma de jugar señorita, la forma de jugar. Mire, el Pato es como una pelota de cuero con cámara con seis manijas todo de color blanco. Pesa como un kilo y cuarto masomenos y tiene 40 cmts de redondo. Los caballos son criollos de 1,45 mts. de alzada. Los ocho jinetes empiezan parados en lugares fijos del potrero. El equipo que tenga el Pato tiene que irse hasta el aro del otro y pasar el Pato por ahí como si fuera basquet pero en horizontal.
Cualquiera puede levantar el pato del suelo, cosa que ya es jodida y hay que saber hacerla, pero endispué puede "cachetear" (pasarlo a un compañero) o cabalgar para hacer un tanto. Pero agarrate Catalina, no se puede ir de ansí nomás sin mirar pá los costados, no, hay que seguir las reglas, que pá eso las escribieron.
Al Pato hay que agarrarlo siempre con la mano derecha y encima de eso hay que poner el brazo tieso y extendido que le dicen, ofreciéndolo para que se lo traten de quitar. A eso lo llaman "ofrecido". Así los contrincantes pueden ir de al galope y agarrando una de las seis manijas, tirar para arrancárselo al tipo, si hace falta con brazo y todo. A eso lo llaman "cinchar". Si no se "ofrece" el Pato, es una infracción que se llama "negada".

-O sea que se pelean. ¿Y el que ofrece el Pato les puede hacer ¡Ole!, ¡Ole! a los otros mientras los esquiva...? Ñañañaña ña ña...Ay, que risa... ¡Ay!, me hice pis encima de la risa... Ole, Ole, le dirían Ja, Ja...

-No míhijita, justamente lo más apasionante del Pato es la cinchada. Dos jinetes que a la carrera tironean del Pato, siempre con tirones limpios, eso es una imagen de hombres cabalgando y no de esos maricones del Polo...

-¿Perdón, vos no trabajás también allá...?

-Seh, bueh, como le decía, el jinete tiene una mano ocupada, la derecha, cinchando mientras con la izquierda tiene que manejar las riendas y además, escuche, además, no puede apoyarse en la silla de montar. Claro, los pingos de Pato están bien entrenados y saben portarse bien cuando el jinete se pone de lado para levantar, tironea para cinchar o lo pone a la carrera cuando quiere cachetear o convertir.
¿Entendió?-

-¿Habrá un lugar donde pueda comprar una Coca. Me muero de sed. y de paso podés presentarme a Taberna...

-Los Taberna, como la mayoría de los que juegan Pato, deben estar trabajando en el campo a esta hora ¿sabe?-


-¿Pero cómo? ¿No tienen gente que haga eso por ellos?..
-Disculpe que me meta en donde no me han llamado señorita María Pía, pero es posible que no encuentre lo que busca por estos pagos, ¿sabe? una de las grandes diferencias con el Polo, es que el Pato lo practican hombres de verdad.




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4 de febrero de 2013

el comentario 14 comentarios

No vengas a buscarme...

No , no vengas a buscarme a mi tumba,
¡búscame en cada pensamiento ¡,
en cada beso de amor,
en cada recuerdo.
Escúchame en la danza de la
lluvia,
escúchame en el estruendo del
trueno,
escúchame en la noche calurosa
escúchame en la melancolía 
de tus sueños.

No, no vengas a buscarme a mi tumba,
búscame en cada átomo de cielo
escucha el piar de algún pájaro
¡y en todo veras todos mis sueños¡.
                        
                           Julia Orozco.
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