30 de agosto de 2012

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Una isla



Aquí la arena es tan limpia que ciega el recuerdo de las calles. El mar besa apacible con su música de aire las rocas de la gruta donde descanso. En mi baúl de madera tengo guardado el recuerdo de lo que quise. La humedad lo ha hinchado y no se deja cerrar. Una cadena interminable que sale de su fondo se deja reflejar asomando presumida para contemplarse al fuego. La dejaré sola, bailando cual serpiente mientras doy un nocturno paseo entre los eucaliptos del monte y salvajes helechos. Desde arriba puedo ver todas las estrellas de todos los "te quieros". Entonces me veo a mí, tan plácidamente sentada en mi ahora, que salgo corriendo a la gruta para darle libertad a la cadena presumida. La he extendido por toda la isla, enredándola entre la maleza y las piedras, por el agua habladora, por las rocas raspadoras, y cuando he llegado a juntar el principio con el fin, la he unido con un fuerte candado, inasequible al desaliento de ser forzado. He tirado la llave lo más lejos que he podido, que se la lleven lejos las sirenas de los mares, porque esta es mi isla y aquí, no quiero a nadie.



Publicado por Jonhan

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29 de agosto de 2012

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Gorky



Tamborileaban sus dedos sobre la mesa, mientras leía el Diario de la mañana. Un sorbo de café, cortado con dos gotas de leche, como él lo prefería, la melancolía dulzona de un tango que ondulaba en el ambiente y su corazón destrozado, componían un cuadro del “Ruso Gorky” que lo pintaba. Dejar a una “mina”* era una cosa, pero que la “mina”* lo dejase a él, era otra, y muy distinta. Por primera vez, sus hermosos ojos negros lucían tristes. O la traía de los pelos, pensaba o la dejaba ir.
_ ¿Y por qué se fue? Se preguntaba. ¿Qué no le habría gustado? si todas las mujeres del barrio se morían por él. Pero, no era de hombre, salir corriendo detrás de una “papusa”* que lo plantó. Ya con eso tenía demasiado.
De pronto, la puerta vaivén con toma-mano de bronce bien lustrado, del Bar “Tristes Angelitos” se abrió de golpe y como un remolino, ingresó Pedro, a quien lo apodaban “Cabeza”.
_ ¿Qué hacés Ruso? Saludó vociferando, el recién llegado.
_ Nada, respondió Gorky, aquí estoy nomás.
_ ¿Es cierto que la Lola se te “rajó”*
_ ¿Qué decís, estúpido? ¿Estás “piantao”*, vos? Se le crisparon las manos sobre la mesa. Tamaña respuesta, encendida por el fuego de una mirada despechada, asustaron al “Cabeza”.
_ Nada, Che, te preguntaba, nomás, porque en el Barrio comentan. . .
_ Bueno, ahora vas, y les decís a todos los que comentan: Que la Lola se fue unos días a Bahía Blanca, a visitar a su familia ¿Me entendés?
_ Sí, sí, respondió casi temblando el otro y ni siquiera llegó hasta la barra del Bar. Achicado como una gallina, salió presuroso. Pero antes, el “Ruso” le recomendó: Tenés que decirlo bien clarito pa´que te entiendan, sino te aplasto como a una cucaracha, amenazó.
Terminó el cortado y dobló el Diario, fijó su mirada en la calle sin verla. No podía dejar de pensar en Lola. Con ella era diferente: le había “picado el bichito”1 por primera vez. Lola era distinta a las otras “putas”*, así calificaba a cualquier mujer que llevase a su “Bulín”*, se dedicaran o no al negocio del placer.

¡Qué tonto había sido!, se reprochaba. Perder una “mina”* así. Con ella podía pensar en tener una familia, empezar otra vida, irse del Barrio. Ya todos lo tenían cansado: sus hermanos vagos, los alcahuetes que le ofrecían mujeres, la policía que le pedía “coimas”. . Hubiese sido la oportunidad de su vida.
"Bueno", se dijo casi en voz alta: “el que se va sin que lo echen, vuelve sin que lo llamen”. Pero en el fondo de su dolido corazón, sabía que eso no era verdad.
"Ella se fue porque quiso, muy bien plantada, pa’ desafiarme", rezongó.
_ ¿Ruso, te sirvo algo más? Se animó a preguntar el “mozo”, viejo conocido de Gorky.
_Sí, traeme un fernet con coca, que estoy pensando, che, respondió sin mirarlo a la cara 
_ Sí jefe, enseguida, dijo casi con admiración Humberto, el mozo.
No sabía si hacerle caso a su “cucuza”* o al “bobo”*. Los años se me están viniendo encima, reflexionó, me estoy aflojando como las viejas, o ¿será que a ésta la quiero más que a las que tuve?, se preguntó. Y se le apareció en su mente la carita de un bebé sonrosado con los ojitos verdes como los de la Lola. Suficiente. Bebió el fernet que le quedaba de un sorbo, dejó una propina para Humberto y salió con paso firme y rápido.
" Chau Ruso", le gritó el mozo, pero él ya estaba subiéndose a su coche.
" ¡Pucha lo que vengo a descubrir!" Se dijo para su adentro y arrancó el motor de su viejo Falcon, mantenido como de origen. Anduvo unas cuadras por las calles desiertas de la siesta porteña. Encontró un kiosco abierto y se bajó. 

_ ¿Tenés puchos? Preguntó al muchachito que con un mp3 conectado a sus oídos se movía al ritmo que escuchaba.
_ ¿Si? Dijo el joven con voz afinada, quitándose un auricular de la oreja. Encima de pelotudo, puto, pensó Gorky.
_Sí, te pregunté: Si vendés puchos
_No, no vendemos, sólo golosinas y regalitos, replicó el muchacho.
_ ¿Y planos, planos de viaje? Insistió nervioso el Ruso.
_ ¡Menos!, gritó el joven y se le agudizó la voz. La furia que destellaba por los ojos del cliente lo hizo agregar:
_ Pero si sigue cinco cuadras por esta Avenida va a encontrar una Estación de Servicio YPF. Ahí tienen puchos y planos.
_ Gracias, contestó secamente, el asesorado y se marchó.

Cargó gas, que afortunadamente tenía la Estación, (el gas no le gustaba, pero era más barato) compró los cigarrillos que necesitaba imperiosamente para calmar sus nervios y compró también, el Mapa de la Provincia de Buenos Aires.
Después de pagarle al hombre que lo había atendido y desde la ventanilla del Falcon, como para tranquilizarse, le preguntó:
" Oiga, Don, para ir a Bahía Blanca, tomo la Ruta 3 ¿No?. . ."

Aclaración: Algunas palabras usadas en este cuento pertenecen al lunfardo porteño argentino, que muchas veces podemos encontrar en la letra de los tangos y milongas y que muchos continuamos empleando en el lenguaje coloquial.

*Mina= mujer 

*Papusa= mujer bonita

*Piantao= loco

*Rajó de rajar= huir

*Bulín= cuarto o vivienda de un hombre soltero.

*Puta= prostituta

*Cucuza= cabeza

*Bobo= corazón

*Coima= soborno

1 – “Picar el bichito”=enamorarse

2 – “El que se va sin que lo echen, vuelve sin que lo llamen”= refrán popular entendible.

3 – “Mozo”= camarero, garzón, mesero. En el caso, el que atiende las mesas de un Bar


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27 de agosto de 2012

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Comunicado Nº 4 del Dr. Fachetti


Cuarto comunicado del eterno dirigente Dr. Máximo Ortiba Fachetti (Candidato a su medida. Haga su oferta!)




Correligionarios!!


Sabemos de nuestras limitaciones!!


Conocemos de nuestra falta de sabiduría!!


Tenemos perfectamente en cuenta nuestra escasa capacidad de llevar adelante algún proyecto!!.


El tema será pues, encontrar alguien que se haga cargo de nuestros fracasos.


Sin mas, salúdoles con alta consideracion y estima.
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26 de agosto de 2012

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El alma.

En la oscuridad, siempre hay luz,
en la tristeza, alegria,
en el alma existe el don
¡de las bellas melodías ¡.
 
Y son esas melodías, las que
nos regala el cielo, para poderlas
canta, cuándo estes triste
o enfermo.
 
La enfermedad, es de todos,
la enfermedad, tiene cura,
el cuerpo siempre es mortal,
¡y el alma, el alma siempre perdura ¡.
 
                                            Julia Orozco.
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23 de agosto de 2012

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Nos cuentan los maestros XXXVIII - Arturo Pérez Reverte


Carta a un joven escritor (I)

Pues sí, joven colega. Chico o chica. Pensaba en ti mientras tecleaba el artículo de la semana pasada. Recordé tus cartas escritas con amistad y respeto, el manuscrito inédito -quizá demasiado torpe o ingenuo, prematuro en todo caso- que me enviaste alguna vez. Recordé tu solicitud de consejo sobre cómo abordar la escritura. Cómo plantearte una novela seria. Tu justificada ambición de conseguir, algún día, que ese mundo complejo que tienes en la cabeza, hecho de libros leídos, de mirada inteligente, de imaginación y ensueños, se convierta en letra impresa y se multiplique en las vidas de otros, los lectores. Tus lectores.

Vaya por delante que no hay palabras mágicas. No hay truco que abra los escaparates de las librerías. Nada garantiza ver el fruto de tu esfuerzo, esa pasión donde te dejas la piel y la sangre, publicado algún día. Este mundo es así, y tales son las reglas. No hay otra receta que leer, escribir, corregir, tirar folios a la papelera y dedicarle horas, días, meses y años de trabajo duro -Oriana Fallacci me dijo en una ocasión que escribir mata más que las bombas-, sin que tampoco eso garantice nada. Escribir, publicar y que tus novelas sean leídas no depende sólo de eso. Cuenta el talento de cada cual. Y no todos lo tienen: no es lo mismo talento que vocación. Y el adiestramiento. Y la suerte. Hay magníficos escritores con mala suerte, y otros mediocres a quienes sonríe la fortuna. Los que publican en el momento adecuado, y los que no. También ésas son las reglas. Si no las asumes, no te metas. Recuerda algo: las prisas destruyeron a muchos escritores brillantes. Una novela prematura, incluso un éxito prematuro, pueden aniquilarte para siempre. Lo que distingue a un novelista es una mirada propia hacia el mundo y algo que contar sobre ello, así que procura vivir antes. No sólo en los libros o en la barra de un bar, sino afuera, en la vida. Espera a que ésta te deje huellas y cicatrices. A conocer las pasiones que mueven a los seres humanos, los salvan o los pierden. Escribe cuando tengas algo que contar. Tu juventud, tus estudios, tus amores tempranos, los conflictos con tus padres, no importan a nadie. Todos pasamos por ello alguna vez. Sabemos de qué va. Practica con eso, pero déjalo ahí. Sólo harás algo notable si eres un genio precoz, mas no corras el riesgo. Seguramente no es tu caso.

No seas ingenuo, pretencioso o imbécil: jamás escribas para otros escritores, ni sobre la imposibilidad de escribir una novela. Tampoco para los críticos de los suplementos literarios, ni para los amigos. Ni siquiera para un hipotético público futuro. Hazlo sólo si crees poder escribir el libro que a ti te gustaría leer y que nadie escribió nunca. Confía en tu talento, si lo tienes. Si dudas, empieza por reescribir los libros que amas; pero no imitando ni plagiando, sino a la luz de tu propia vida. Enriqueciéndolos con tu mirada original y única, si la tienes. En cualquier caso, no te enfades con quienes no aprecien tu trabajo; tal vez tus textos sean mediocres o poco originales. Ésas también son las reglas. Decía Robert Louis Stevenson que hay una plaga de escritores prescindibles, empeñados en publicar cosas que no interesan a nadie, y encima pretenden que la gente los lea y pague por ello.

Otra cosa. No pidas consejos. Unos te dirán exactamente lo que creen que deseas escuchar; y a otros, los sinceros, los apartarás de tu lado. Esta carrera de fondo se hace en solitario. Si a ciertas alturas no eres capaz de juzgar tú mismo, mal camino llevas. A ese punto sólo llegarás de una forma: leyendo mucho, intensamente. No cualquier cosa, sino todo lo que necesitas. Con lápiz para tomar notas, estudiando trucos narrativos -los hay nobles e innobles-, personajes, ambientes, descripciones, estructura, lenguaje. Ve a ello, aunque seas el más arrogante, con rigurosa humildad profesional. Interroga las novelas de los grandes maestros, los clásicos que lo hicieron como nunca podrás hacerlo tú, y saquea en ellos cuanto necesites, sin complejos ni remordimientos. Desde Homero hasta hoy, todos lo hicieron unos con otros. Y los buenos libros están ahí para eso, a disposición del audaz: son legítimo botín de guerra.

Decía Harold Acton que el verdadero escritor se distingue del aficionado en que aquél está siempre dispuesto a aceptar cuanto mejore su obra, sacrificando el ego a su oficio, mientras que el aficionado se considera perfecto. Y la palabra oficio no es casual. Aunque pueda haber arte en ello, escribir es sobre todo una dura artesanía. Territorio hostil, agotador, donde la musa, la inspiración, el momento de gloria o como quieras llamarlo, no sirve de nada cuando llega, si es que lo hace, y no te encuentra trabajando.

Arturo Pérez-Reverte
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18 de agosto de 2012

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Sonrie....

Sonríe el Universo
dulcemente,
con ojillos de querer
dártelo todo,
¡bastaría para ello
que miráramos,
con la paz y el amor
en nuestros ojos.

Pero, está el hombre
tan ciego, en su ceguera,
que ni puede mirar
al universo,
y así nos perdemos cada
dia,
¡la suave sonrisa 
de los cielos¡.
                                                        Julia Orozco.

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17 de agosto de 2012

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Eternamente esperando.

Cuando la tarde cae, con esas nubes preñadas de lluvia que apenas dejan entrever unos rayos del decadente y cansado sol, no puedo dejar de pensar en esa eterna espera que tendrá alguién muy querido para mí el día que decida traspasar el umbral entre aquí y allá. Es alguién porque así lo considero. Es mucho más que alguién, es parte íntegra de mi alma porque así lo he decidido cuando, con el transcurrir de los tiempos, el amor inquebrantable que me ha profesado desde que cupiera en la palma de mi mano se ha tornado en devoción y franca lealtad. Nadie podrá ocupar su lugar cuando haya partido y seguramente otro congénere de su especie sólo me traerá penosos recuerdos creando otra serie de vínculos distintos a los que, mi ahora amigo ha procurado, en cada mueca, en cada gruñido, en cada reclamación, procurarme. Cuando esas nubes plagadas de lluvia den de sí a la macilenta luz del día, permitiendo a la noche adueñarse de lo que resta del día, sentiré cómo si la luz que mana de él se hubiera ya extinguido.
Dia.

No es posible olvidar cada hecho que, concatenado, ha ido labrando una amistad más allá de lo que podría ser la de un humano con otro especimén vivo. Quien así lo haya probado, quien lo haya tenido desde siempre a su lado y siempre sepa que le recordará por mucho tiempo y vida que le quede por vivir sabrá que el día que le deje se tornará duro. Y todo ello porque habrá compartido una vida al completo. Porque aquella pelota blanca, de pelo irreverente y ojos cerrados, que gemía y apenas comía y te hacía preocupar que muriera de frío en el húmedo invierno de una casa desvencijada, salió adelante y, aunque en primer instancia lo habrías matado por destrozarte a bocados muebles y enseres, ahora matarías por perpetuar su vida al par de la tuya y no tener que enfrentarte al momento inevitable de su partida. Puede ser que todos recordemos aquel momento en que hubiéramos abierto al puerta para que se marchara a los confines del mundo, pero no es menos cierto que nos hubiéramos arrepentido al poco de verlo partir.

Porque es seguro que se hubiera marchado. Raudo, en busca de territorio sin marcar. Ignorante de peligros, hambre o necesidad. Sin equipaje y por supuesto sin despedirse. Pero también es seguro que a los pocos minutos el arrpentimiento se cebaría en nosotros, temeríamos la pérdida brutal del ser querido y tratando de poner remedio al entuerto saldríamos veloces, bajando a grandes zancadas y de dos en dos, los escalones que nos conducirían a su libertad, la que le dimos insconcientes de que el la tomaría sin pensar en las consecuencias. Y correríamos, y buscaríamos por parques, alamedas y avenidas. Y lo llamaríamos y lo imagínariamos con otros o con otras, pasando frío y hambre o sucumbiendo bajo el pesado tonelaje de un vehiculo industrial. Y nos plantaríamos en una esquina con el corazón encogido haciendo sonar una cadena que lo une inevitablemente a nosotros hasta verlo apegarse, amorosamente a nuestro lado.

Tarde.

Asi es cómo pasa el tiempo, a la mañana primorosa le sigue la tarde luminosa en que ese ser que ya nos habrá arruinado algún mueble a la alzada de su pata justiciera se habrá hecho imprescindible para nosotros. Que se le va a hacer, el tiempo crea el vínvulo y el vínculo el cariño y, determinadas acciones, carantoñas, movimientos o gestos se nos hacen del todo imprescindibles cuando, viéndolo progresar estimamos que sigue ahí, a nuestra espera y ensimismamiento. Es lo que tiene el cariño, que con sólo un gesto o una mirada, basta para hacer brillar la luz de la consciencia, la complicidad y el amor fraterno con un ser al que nunca podremos donar sangre, nunca veremos llorar ni veremos nunca pedir perdón o dedicarnos una sonrisa. Un ser que, sin embargo, se expresa por el arrumaco y la lamida que, de manera generosa y sin límites nos dará a la que menos nos esperemos, insistiendo una y otra vez en una desbordante entrega a cambio de un poco de juego, salidas regulares, comida y agua.

Cómo un afeitado de barba que depara otra barba nueva, él siempre renacerá en la confianza de sentirse amado, protegido y cuidado, hasta el punto de quitarnos el sueño que presente unas décimas de fiebre o simplemente padezca un afecto intestinal que lo obligue a vomitar lo ingerido en el día para después, malas trazas de especie, volverlo a ingerir en lo que para nosotros sería un asqueroso modo de proceder y para ellos sería un "adelante que son dos días". Y sin embargo lo seguiremos queriendo, recogeremos sus heces, lo lavaremos, peinaremos, sacaremos y achucharemos. Nunca será consciente de haber existido ni de haber estado en ésta tierra, pero para nosotros, cada mirada, cada lamida, cada atisbo de lo que podriamos interpretar cómo cariño será muestra y grabación a fuego en nuestra alma de la evolución de una vida que se agotará a más velocidad y con más intensidad de la que nunca pudiéramos tener en la nuestra.

Noche.

Así hasta el temido momento en que él, ser que sin ser humano nos haría matar al que osara ponerle la mano encima decida que es nuestro turno. Que ya no nos pedirá más agua ni nos traerá ningún juguete para que se lo arrojemos. Ese día, en que la noche habrá vencido inexorablemente al día de nuestro amigo, los motivos de duelo se habrán multiplicando pensando en el pesado proceder que implica el entregar parte de nuestro corazón a alguien que habrá pasado de manera tan fugaz por nuestra vida que los años se habrán tornado en pesados días que una vez trancurridos tendremos cómo recordatorio de que nunca lo disfrutamos, respetamos y quisimos bastante. El amor que el nos dará, perdurará seguramente más allá de la perdida de entidad corporal y su espera, eterna, nos avergonzará cuando pasado un tiempo tan sólo lo recordemos al ojear alguna foto o recordar algún episodio que nos dedicara cómo gracia, desgracia o vaya usted a saber. Mientras tanto, la noche se mojará de tormenta y nuestros sueños se arremolinaran en la creencia, y esto creo poder asegurarlo, de que él estará, eternemente, esperando.

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13 de agosto de 2012

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Comunicado Nº 3 del Dr. Fachetti



"Correligionarios!!

Sabemos que hay dirigentes que quieren cambiar el mundo!

Sabemos que hay dirigentes que quieren cambiar muchas cosas!

Sabemos que hay dirigentes que quieren cambiar solo un poco!

Y sabemos que la diferencia......es la cantidad de escombros que caen sobre el pueblo"

Sin mas, salùdoles con alta consideracion y estima.


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12 de agosto de 2012

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Cambia el mundo


Faleroni


Daría lo que fuera
porque recordaras tu origen.
Añora aquella esfera
en la que imaginabas el bien.
Te entregué lo que pude
y algo más también,
me duele que alguien dude,
por un segundo o cien
que todo lo que yo quiero
es solamente verte crecer.
Ahora y aquí, espero
que vuelvas a renacer,
que despiertes en el amanecer
y vuelvas azul mi mundo entero.

Autor: Jonhan

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10 de agosto de 2012

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El Fuego de San Telmo.

El capitán sentado sobre un barril de ron atisbaba la tormenta que, en lontananza se acercaba con rápidez. La carrera había sido rápida, con vientos alisios en ventura y no había encontrado demasiada calma en toda la travesía. Los Hombres se encontraban con la moral alta. Nada parecía presagiar el desastre salvo aquellos nubarrones que se acercaban con la velocidad de los demonios más perversos. Adrían de Baltasar se incorporó y llamó a su contramaestre. Sin rastro del inglés, le confirmó. El vigía en la cofa sólo veía agua y nubes, unas nubes preñadas de rayos que haría, presagiaba, pasar una mala noche a él mismo, encargado de la derrota que los condujera a Cádiz y a su tripulación, afectada en cierto modo de la carencia de comida fresca y que sólo podía mantener a raya a base de generosas raciones de ron mezclado con agua. La Fragata se desplazaba rizosa sobre las aguas perladas, cada vez más del espumarajo de un Atlántico bravío y surcado, ahora más que nunca, por los navíos de la Corona, cuajados de pesos de plata.
Veintiocho cañones.

Baltasar se encontraba preocupado. Era un capitán de fragata recientemente ascendido. Por sus logros en el asedio a Toulón durante la recien terminada guerra en la que su Señor, Don Felipe el Quinto, habíase hecho con la Corona de las Españas. Hecho éste que él, ya viejo en las artes de la marina, pero demasiado bisoño aún en las artes de la política, cómo bien hubiera querido su tío, secretario de la Audiencia de Santa Fé, veía cómo el principio de un fín, más o menos lejano de la supremacía española. Él, por si acaso, se había preocupado de revisar, uno por uno, las excelentes veintiocho piezas de artillería que, procedentes de la Cavada, equipaban las dos baterías de su fragata, el buque de su Majestad Católica San Ernesto. Había ordenado asegurar la carga, doscientos cincuenta mil pesos de plata a descargar en Cádiz si antes, el inglés, no se topaba con ellos obligando a demostrar su presteza y arrojo en el uso de las armas y la estrategia.

Miró con su catalejo a estribor, las nubes parecian rolar a Septentrión. Miró el compás. Seguian con rumbo óptimo mientras el velamen comenzaba a acusar el exceso de viento. El segundo de a bordo pidió instrucciones, la tormenta parecía darles de lado, pero nunca se sabía. Baltasar dudó. ¿Recoger velamén y esperar? Aseguren las jarcias, ordenó, mientras el poniente comenciaba a arreciar y la luz a declinar. Se encendió el fanal de popa y esperó. La constancia del viento le hizo declinar en favor de continuar. Debían de estar a dos jornadas de Azores y en tal caso, no tardarían más de una semana en avistar el Cabo de San Vicente. Aseguren cañones, revisen portelas. Quiero a los hombres con los coys en posición y doble la guardia a lo largo de la noche. Órdenes tajantes que el segundo transmitio en viva voz mientras marinería, guardiamarinas, militares e infantes se aprestaban a prepararse para la noche. La luz se extinguía casi por completo cuando las primeras gotas de lluvia perlaron la cubierta del San Ernesto.

Cincuenta y seis minutos.

Se oyó el silbato del contramaestre. La campana comenzó a sonar a la misma hora de la cena. Báltasar salió a la carrera de su cámara dejando las galletas y la sopa en la mesa justo cuando un golpe de mar daba su primer envío al casco de la fragata. Con violencia y sin tregua, la tormenta se cernía sobre la cáscara de núez que, por momentos, parecía ser su embarcación. Se colocó cómo mejor pudo la guerrera y agarró su sombrero, caido por la violencia del golpe mientras notaba cómo un reguero de líquido caliente se derramaba por su síen. Salió por el portillo y agarrándose a lo que pudo intentó subir hacía el puente. El Contramaestre, sonriente, encontrábase al lado del segundo oficial y del piloto. La situación no pinta bueno mi capitán, confirmó el segundo. Hemos asegurado todo lo asegurable, señor, confirmó el contramestre y, escupiendo, acentuó, ya estamos preparados para irnos al Infierno, con carga o sin ella. Tras reprocharle la blasfemia, Baltasar asumió el mando mientras las rachas de viento arreciaban.

Ordenó mantener el velamen y ante las protestas del contramaestre que aseguraba que se rompería a la primera andanada de la galerna, ordenó poner proa al noreste. El viento procedía del noroeste y con suerte podrían arrostrar la tormenta por el costado de babor sin perder palos, jarcias o velas. ¿Cómo está la tripulación? Algunos, los más flojos mareados, señor. Los demás son perros viejos y ya se las han visto con éstas. Lo peor es la carga, pesa demasiado y no creo que podamos garantizar la integridad si vos incidis en el hecho de continuar con el velamen al descubierto. Baltasar miró con rabia al suboficial y de repente una luminosidad espectral comenzó a alumbrar el trinquete, mayor y mesana. El Fuego de San Telmo. Escupió de nuevo, eso no presagia nada bueno, señor. El contramaestre se santiguó mientras la tormenta arreciaba, los lamentos continuaban y Baltasar, mirando la luminosidad de las vergas pensaba sino sería en verdad el principio del fin de su carrera.

La oscuridad de la amanecida.

Baltasar despertó por fin. El mar estaba en calma. Absoluta y total. El agua del mar le mojaba la cara y la brisa azotaba su piel. Se irguió sin sentirse mareado y miró en lontananza. Había sobrevivido a la galerna y ahora se sentía extremadamente sólo. Miró a su alrededor y no encontró rastro del segundo, su contramaestre ni la tripulación. La San Ernesto no estaba y no había rastro de sus veintiocho cañones ni de los cien hombres que atiborraban los pañoles a la salida desde La Habana hacía Cádiz. Maldijo su suerte y se encontró desnudo, apenas con una suerte de taparrabos sobre una tabla de un material desconocido, unos pedales y sin tener conocimiento de que habría sucedido con el buque, la carga o sus hombres. Sin embargo aquello sí parecía Cádiz. Aquella, la catedral, esa, la Caleta y aquel hombre que malencarado venía hacía él tras arribar a la arena con tan particular bote señalándose una extraña maquinita de su muñeca indicándole que habían pasado cincuenta y seis minutos, tenía acento de Gadir. Ciertamente, el Fuego de San Telmo, había sido un mal presagio que no podía comprender.
 
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9 de agosto de 2012

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El nieto, de la vida.

Nació ya muy tarde,
tánto,
que la aurora del sol
no brillaba,
ni los árboles daban
sus hojas,
ni existia la alondra o
las mariposas,
ni los niños jugaban
contentos,
(no estaban alegres con el
universo).

Nació ya muy tarde,
SI,
pero ese dia, en que él
nació,
por no sé que cosa
se abrieron los cielos
con todo explendor.
Y brilló la luna de noche
alumbrando la tierra,
y surgieron en el universo
millones de estrellas,
y el sol, despertó, y
cantó la alondra,
y fueron naciendo muchas
mariposas.
Y los niños nacidos,
después del estruendo
¡llenaron sus vidas con los
mil colores que fueron
donados por el
Universo ¡.


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8 de agosto de 2012

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Amelita




Amelita estaba compungida. No era propio de ella no hablar y menos dejar comida en el plato. Los sábados siempre contaba con el permiso para ir a jugar con sus amigas, o salir a tomar un helado o para dar unas vueltas en la calesita instalada desde décadas en la placita de la Estación. A la pregunta con tono de preocupación de su madre, la niña le contestó que “no pasaba nada”.
_ Hum. . ., expresó la madre, insistiendo ¿Tal vez estás enojada con tus amiguitas?
_ No, mami, no. Lo pasamos muy lindo en la calesita, repuso la niña y se marchó a dormir para madrugar al día siguiente y llegar temprano a la misa de 9. Así le habían enseñado sus padres. La madre, esperó un rato mientras acomodaba con sigilo, tratando de no hacer ruido, la cocina y con la excusa de las “Buenas Noches” pasó por el cuarto de Amelita, portando un vaso de leche caliente con canela y miel, augurando que si lo bebía, tendría dulces sueños. La niña estaba aún despierta y sentada en la cama con su largo camisón de franela y las piernitas cruzadas en posición de yogui. Bebió un poco de leche y mirando muy seria a su madre, quien había desistido de indagar la causa del mal ánimo de su hija, le preguntó:
_ ¿No dices tú, mamá que, lo que enseñan los mayores, está bien? Sorprendida, la mujer no sabía hacia dónde apuntaba la pregunta.
_ Sí, mi amorcito, respondió agregando ¿Por qué lo preguntas, hija?
_ Pues porque hoy he pasado una gran vergüenza a causa de tus enseñanzas.
_ ¿Así? Contestó interesada la madre alentando a la pequeña para que desembuchase todo aquello que la había puesto tan mal.
_ Bueno, escucha mami: Estaba yo en la calesita tratando de montar un caballito blanco desde hacía rato, pero no lo lograba porque un niño rubio que he visto en la Escuela pero que no es mi amigo, lo tenía todo el tiempo. Entonces cuando él se descuidó y fue a la Boletería para comprar otro boleto, yo me subí al caballito.
_ Y ¿qué pasó?, apuró la madre ansiosa.
_ Pues bien, a su regreso, ese chico me pidió el caballito y yo le respondí que ya lo había tenido mucho y que me tocaba a mí, pero él insistió, insistió tanto, que para terminarla, le dije eso que tú me enseñaste que te enseñó, la abuela. . .
_ ¿Qué hija? Dime, exigió la mujer.
_ Pues, eso de: “El que se fue a Sevilla, perdió su silla”
_ Y sí, está bien, Amelita, está bien, si le dijiste eso, afirmó la mujer.
_ No mami, porque el chico ése, me tironeó de las piernas y me recitó: “Y el dueño cuando volvió, de las orejas lo sacó” y me tuve que bajar del caballito, roja de vergüenza. El lunes lo va a contar en la escuela y todos se van a reír de mí.
_Pero, mi amor, no te preocupes, trató de consolarla la madre, mientras secaba unas lagrimitas a su pequeña. La tranquilizó y se tranquilizó, ya que por su mente habían pasado todo tipo de razonamientos. La arrulló como cuando era más pequeñita y sólo se marchó cuando la niña se hubo dormido. La leche saborizada, haría lo demás.
Marchó a la cocina a dejar el vaso vacío que apretaba junto a su pecho, mientras, la sonrisa y la ternura se dibujó en su rostro.
Pensaba, ya calma y sonriente, que en un episodio muy parecido, unos cuantos años atrás había conocido al padre de Amelita y que ese fastidio de niños, luego terminó en amor. Su hija estaba creciendo. . .

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6 de agosto de 2012

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Comunicado Nº2 del Dr. Fachetti



Comunicado del eterno dirigente Dr. Máximo Ortiba Fachetti (candidato que siempre dice lo que todos quieren escuchar, pero hace otra cosa)

CORRELIGIONARIOS!!

LA TRAGEDIA ECONÓMICA SE CIERNE SOBRE LA PATRIA!

EL PUEBLO PAGARÁ LAS CONSECUENCIAS, Y , COMO TODOS SABEMOS, HABRÁ DIFERENCIAS EN LA CLASE POLITICA!!

ESTARÁN AQUELLOS QUE JURARÁN QUE NUNCA SOSPECHARON NADA!!

HABRÁ TAMBIÉN QUIENES DIGAN QUE LO SOSPECHABAN, PERO NO ENCONTRARON PRUEBAS!!

APARECERÁN, TAMBIÉN, QUIENES PROCLAMEN QUE SIEMPRE LO DIJERON, PERO QUE NO FUERON ESCUCHADOS!!

Pero no debemos incomodarnos, amigos......ALGO NOS HERMANARÁ A TODOS!!

Ninguno habremos hecho nada para evitarlo.


Salúdoles a ustedes con alta consideración y estima.

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2 de agosto de 2012

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LLENAR.

Cuándo un grupo de mujeres,
se reunen alrededor de un fuego,
llegan sus llamas, hasta los cielos,
y les bailan (ellas, sin verlo),
hadas, duendes y flores
en sus cabellos.

Y, suenan melodías que aún,
no existen,
y llegan dias tiernos
sin malas nubes,
y alcanzan con sus baladas
y con sus cantos,
¡llenar el Universo de dulce manto¡.

                            Julia Orozco

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