30 de junio de 2012

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Alborea



Alborea el día,
amanezco con la cabeza reposando en tu pecho,
mi primera impresión,aspirar el aroma de la piel de tus senos.
Me susurras un te quiero al oído
y yo me acurruco en tu ombligo.
Siento el calor de tu piel en mis mejillas.
Te amo!! escribo con la yema de mis dedos,
noto como se estremece tu cuerpo!!!!
Un rayo de luz ilumina tus labios,
los perfila,
los delimita,
acudo a ellos
los saboreo,
bebo de ellos,
son miel en mi boca.
Deseo que embarga mi cuerpo,
la pasion nos invade
nos fundimos en un solo cuerpo.

SENTO
07/10/2011
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29 de junio de 2012

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Angel negro





Te noto sobre mi,
sobrevuelas mi Alma
rozándola con tu aliento siniestro.
cruel sino que acompañas
mi vida.
Ángel de negras alas
que ennegreces mi mirada.
La cubres con el velo del viaje sin retorno,
Dame de una vez el beso del
sueño eterno.
Reposa tus garras en mi lapida.


Sento


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28 de junio de 2012

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La Senda del Ocaso.

Asciende de nuevo, quizás demasiado a menudo últimamente, la cuesta, cuajada de siglos, que conduce a la iglesia. Uno más que deja éste valle de lágrimas por aque caminito que, bordeando el pueblo, conduce al poniente de la vida... El camposanto. Es triste, piensa, apoyando su escuálida existencia sobre un entroncado garrote, heredado de su padre que a su vez heredara de su abuelo, que la vida sólo sea un lento caminar hacía la muerte. Él, que apenas ha salido dos veces del pueblo en sus ocho décadas de existencia ha ido viendo cómo, a lo largo de los últimos ocho meses la cuesta, antaño recorrida por la chiquillería, ahora se convierte en un calvario continuo en pos de dedicar su contado y limitado tiempo en dar someros y sentidos pésames a los deudos de aquellos que un día fueron sus amigos y conocidos y que, por ley de vida, lo van abandonando en éste valle de lágrimas. Un valle que sólo se puede abandonar por un lado. De frente, afrontándo la única cita a la que no puedes faltar y dejándolo todo atrás. Ley de vida.
Barandilla y bastón.

Triste es la vida cuando no hay con quien compartirla. Disquisiciones de un cuerpo agotado que a duras penas puede mantener su movilidad motriz. Se sienta, agotado, con las últimas palabras del responso de aquel cura novísimo que habla de la Muerte sin saber que es la vida, a tenor de su joven vida. Un sacerdote, piensa, que pretende comerse el mundo y Romacon su dialéctica fluida pero que, en los tres últimos funerles a él no le han parecido palabras de consuelo sino de advertencia. De advertencia sobre lo que, de manera inevitable, se le viene encima. Es triste quedarse sólo en la vida. Cuando tu ser más querido acude a la llamada de San Pedro es que te va haciendo el camino que, inevitablemente, habrás de recorrer un poco después. Se lía un cigarro. De esos negros, de tabaco duro y fuerte. Hacía más de cinco años que no fumaba. Cosas del médico. De aquel que se empalmaba los farias de tres en tres en las tertulias del bar. Le quitaba de fumar despues de detectarle un enfisema. Ahora piensa que todo le da igual.

La yesca que fuera su mejor compañera en las frías noches de invierno allá en las retamas y riscos de la Sierra Vieja prende con fruición tras cinco años de largo letargo. Saluda a algún contertulio. De los pocos que quedan. Los demás poco a poco se han ido  yendo al Barrio de los Tristes. Eso le causa cierta risa. No comprende cómo llaman tristes justo a los que tienen que estar felices por la liberación que supone el dejar un mundo en el que no encajas, un cuerpo que ya no te responde y una vida que ya no deseas. Prende su cigarro que dedica, cinco años después a su Maruja. Buena y fiel mujer. Fuerte, tanto para darle seis hijos. De esos sólo le viven tres. No siempre el país estuvo bien cuajado ni fue fácil mantener una prole de tal carácteristica. Triste pérdida, piensa, mientras da la primera calada y siente cómo el pulmón va creando una molestia en forma de cuscurreo que tras debatirse en su interior sale afuera en forma de dudosa y potente tos. Tanto que le hace soltar el bastón y agarrarse el pecho.

Las últimas caladas.

Se recompone. La fachada ante todo. Ay Maruja. Cómo me dejaste hace tres inviernos, ya no resististe más y el cáncer, ese mal que nos crece dentro te postró para siempre. Al menos, piensa, fue rápido, dos semanas y al nicho. Que menos que no padecer más que lo necesario. No puede olvidar los estertores, los gemidos. Dos semanas eternas, cómo ese cigarrillo. No creía que supiera tan bien. Da sus buenas caladas. Profundas. Se despide, cómo si fuera a verla pronto, de su mujer. Se le escapa una lágrima mientras se agacha a recoger 
 la garrota que, tras él, quedará huérfana. Médico, ingeniero y maestro. No ve a ninguno de sus tres vástagos luciendo con orgullo, cómo el lo hace aquel bastón tan antiguo cómo su memoria. la espalda suerta un lamento en forma de crujido y a punto está de soltar el cigarro que muerde con fuerza con sus encía raidas, vacías de dientes desde hace tanto tiempo que no sabe si verdadermente algún día los poseyó. Se echa atrás y siente zaherido el lomo contra el bordillo de hierro.

Maldice mientras se siente inútil. Ningún parroquiano pasa en aquel momento, por lo que siente cierto sosiego. Así no se sentirá impotente e inútil cómo cada noche que pasa vislumbrando en el pasillo de su oscura morada el acceso y llegada del oscuro chófer que vía sueño eterno le conducirá a la compañia de su legítima, la que lo fuera por cincuent y dos años y que, Dios mediante, lo será por los siglos de los siglos. Atardece. Ve volver algunos de los que, más valientes y jóvenes, decidieron acompañar a los deudos del último agraciado con la tómbola de la Parca. El sol se va dejando caer en su períplo circular tras los montes del Poniente. Viejos guardianes de la blancura de un pueblo que se renueva cada año a fuerza de cal viva mientras los que ven enrojecer las paredes cada tarde al ocaso van feneciendo un poco más con cada día que pasa. Refresca. Se arrebuja en la rebeca y apoyándose en su inseparable amigo se aleja de la iglesia... Hasta el próximo caido.

Cuesta e Iglesia.

De nuevo las campanas tocan a duelo. Han pasado menos días de los que deseara y se encamina de nuevo al templo. Asciende liviano, mucho mejor que las últimas ocasiones. Es mucho gentío el que se dirige, flanqueándole al templo. El día es mucho más luminoso de lo que pudiera creer cuando a la mañana aquellos nubarrones lo tornaron todo tan oscuro cómo la noche más tenebrosa. No consigue reconocer a ninguno de los que al duelo acuden. El tiempo es cálido y verdaderamente no sabe ni quien es el fallecido. De repente se ve así mismo sin garrota y sin achaques. Sus dolores han desaparecido y reconoce a sus hijos, compugidos, algunos pasos por detrás. No comprende porqué son los únicos que van de luto mientras el lleva una ropa que cada vez es más luminosa y brillante. Algunas personas le sonrién y nota cómo el sol de poniente crece en esplendor mientras copa la altura de la cuesta y ve que no acudirá a más funerales. Alguien le tiende la mano. Es su Maruja, ha llegado el momento y, verdaderamente, nunca habría pensado que fuera tan fácil cruzar tan tétrico umbral. 
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26 de junio de 2012

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Etereo


Muero en vida
para que mi alma repose en tu cuerpo.
Me convierto en etereo ente
para por ti ser respirado
y que mi esencia en ti permanezca.
Negro destino
para un final soñado,
ser un todo
en tu cuerpo amado.

SENTO


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23 de junio de 2012

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Mi luz



En este momento, este instante
No puedo ni siquiera imaginar
Que exista en tu piel algún lugar
Que yo no probara, dulce amante


Este instante, pasión de mi calor
Tu humedad, suspiro de escalofrío
Brillo que me ciega, amor mío
Me alimento en tu risa, tu sabor

Déjame, con una suave luz ver
Este instante, detén el momento
No muevas ese sentimiento

Que me ciega la idea de perder
En tus ojos, tu miel, aliento
El temblor inasible del querer
Autor: Jonhan


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21 de junio de 2012

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Duelo sur




“Duelo sur”



Un oasis de plegarias
descansa en el alba sosegada de adoquines
y entrelaza tus manos y mis noches
con cristales y besos de luna,
suplicando la tibia caricia
que es candela en esta aurora.

Promesas de arrebol
se descubren en la antigua bitácora
de luciérnaga austral,
soslayando laberintos
de escombros y letanía
para renacer en aroma de música y espuma.

Ya se cubre la alfombra de tu firmamento,
pintando con rocío los ecos de otro ocaso,
y en el aliento de nuevo umbral
transmutan sueños de mar
los riscos silentes
que horadan mi piel con ancestral lanza.



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19 de junio de 2012

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Eres...



ERES....

Era luz en su vida, ¡era su alma¡,
su dulce melodia, su amada calma,
era dia en la noche, noche en el dia,
¡era y es para siempre su amado guia¡.


Julia Orozco.
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15 de junio de 2012

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Pinturas


De la pintora argentina: María Cristina Faleroni
Caminando por el Boulevard, esa gran avenida dividida en dos anchas vías, diseñadas entre una explosión de petunias azules y margaritas blancas, Ismael miró su reloj y supo que todavía había tiempo. El glamour del lugar, aceleró su ímpetu de retroceder. Las luces se proyectaban tras las amplias vidrieras que alcanzaban la acera misma y dibujaban formas entre las copas de los frondosos árboles. Sofrenó sus deseos de volverse sobre sus pasos y, un poco nervioso, decidió que entraría igualmente. Las Galerías de Arte, no eran de su total agrado y nunca había podido explicarse la razón, ya que sus dotes de escritor en ciernes, deberían ser compatibles con aquéllas. “Tal vez, no” pensó, pero las tendencias insinuaban que estaba equivocado. Los artistas se reúnen en sus propias áreas y se mezclan en las ajenas, porque todo es expresión del Arte. En la ocasión, haber asistido resultaría la mejor opción, desde cualquier esquina de su vida que lo mirase. Se había marchado de la oficina, apesadumbrado. La oquedad de su pensamiento depositado en esa relación enfermiza a la que le costaba poner término, le exigió oxigenar sus venas para darse cuenta que aún su sangre corría por ellas. Un certero golpe dejó su confianza aniquilada y en tinieblas, al amor que sintió por Silvia. No había podido superar sus celos ante el repetido coqueteo de ella, nada menos que con persona tan conocida por ambos. No obstante, siempre había triunfado su disimulo. Tampoco la dejó, aunque el vínculo estaba más que endeble, pendiendo sólo de su última palabra. Mientras discurrían sus indeseados pensamientos, recordó que la invitación provenía de su compañera del taller literario, el segundo que compartían. Si la hubiese tenido que bautizar, le hubiese puesto por nombre: “Elegía” Así era ella, pero no estaba en el Olimpo. Era un ser sufriente y a él no le importaba. Disfrutaba de sus comentarios sobre lo aprendido en cada clase, a pesar de que no veía en ella grandes cualidades literarias. Muchas noches pensó en los ojos oscuros y el porte latino de la mujer, cuando la traía a su vigilia para sepultar la imagen de aquella otra que trataba de arrancar de su existencia. Un excéntrico asistente entabló conversación con él y le acercó una copa de vino espumante. “Antes le llamábamos, champagne,” se dijo asimismo con dejo de consternación. En segundos zafó de su interlocutor y buscó a su amiga, moviéndose entre gente que utilizaba un lenguaje desacostumbrado para sus oídos. Exponía Tianne Goite. No la conocía. Se detuvo frente a una de sus obras y se quedó observándola, luego observó otra y otra, para terminar regresando a la primera pintura. Un óleo, que a partir de bocanadas púrpuras y naranjas, marcaba un zigzagueante sendero en cuyo aparente final amanecía una luz dorada. Sencillamente lo atrajo.
“Es muy hábil en el ámbito de esta técnica pictórica” escuchó decir a sus espaldas. “Además de artista consumada, también se dedica a restaurar cuadros al óleo” fue el segundo comentario. Casi con recelo, Ismael se volvió y preguntó a la señora mayor que contemplaba y comentaba la obra:
_ Disculpe mi atrevimiento y mi escaso conocimiento ¿La pintura al óleo se caracteriza porque emplea aceite para disolver los colores, verdad?
_ Efectivamente joven, y ha sido la más importante técnica pictórica desde el siglo XV hasta nuestros días, si bien algunos autores afirman que fue utilizada, también en la antigüedad, respondió con satisfacción la mujer.
_Qué interesante, repuso Ismael, y se apresuró a aclarar que no tenía información al respecto y que había recalado en la Exposición cumpliendo con la invitación de una amiga. Estimulada su interlocutora con la confesión del joven se apresuró a informarlo sobre los pintores flamencos y su tremendo trabajo desarrollado entre los siglos XV y XVI, época en la que se dedicaron a consolidar y difundir la técnica a través de sus obras. “La pintura al óleo, si bien exige un gran dominio y una gran experiencia, proporciona al artista un resultado maravilloso, una representación inmediata y fresca”, terminó con vehemencia la mujer.
Agradeció con cortesía y liberó a la visitante de su ignorancia. Continuó dando vueltas por el salón en busca de su amiga. No la veía y comenzó a preocuparse. Se detuvo frente a otra de las obras expuestas, pero esta vez, con un brillo distinto, resplandeciente. Si le hubiesen pedido opinión seguramente elegiría el primer cuadro, es decir la pintura al óleo. No lo motivaba tanto refulgere.
La mujer de las explicaciones, ubicada en un ángulo del primer salón, lo vio un poco desorientado y suponiendo que no entendía aquel acrílico, se acercó y con cierta confianza y amabilidad, le preguntó:
_ ¿Le gusta este acrílico?
_ No me conmueve tanto. ¿Es otra técnica distinta, verdad? respondió, rindiéndose ante la sabiduría de su interlocutora.
_ Efectivamente, como sabemos, la pintura al óleo emplea como medio el aceite. En cambio cuando el material usado es sintético, viene en tubos, igualmente que los óleos, y se diluye en agua, la viscosidad puede ser de consistencia similar a la del óleo. Muchos artistas actuales prefieren la pintura acrílica a aquél, por distintas razones, principalmente por su modernidad e innovación, con sus ventajas y desventajas, (su secado rápido, por ejemplo). Se podría decir, joven que el acrílico es el sustituto moderno del óleo, concluyó la experta, rematando con un ¿Satisfecho?
_ Totalmente, Señora. Hoy he aprendido muchas cosas, entre ellas he captado los sentimientos del autor impresos en su obra. Me ha gustado más el óleo. Ha sido Ud. muy amable y con una reverencia en desuso, se retiró del lugar, dejando a la mujer degustando unos bocadillos que se veían muy sabrosos.
Nuevamente se detuvo en la colección expuesta, eligiendo una segunda obra que le había sugerido un estado espiritual de paz, necesario en esos momentos de su vida. No pensó más y se zambulló en la marea azul peltre del cuadro. Desilusionado, por la ausencia de su amiga, aunque no incómodo, se disponía a dar su última ronda antes de retirarse, cuando un amontonamiento efervescente de personas frente a la primera obra que lo había impactado, atrapó su atención.
Allá vio correr a varias muchachitas e incluso a la Señora mayor de las explicaciones.
La pintora Tianne Goite acababa de ingresar al salón en medio de algunos flashes y de la algarabía de la gente. No podía distinguirla dentro del círculo apretado que la encerraba, pero en cambio divisó los ojos marrones oscuros de su compañera que también estaba contenida en el tumulto. Se dirigió hacia ella y con una sonrisa a flor de piel la alcanzó y la abrazó. Nunca lo había hecho antes, pero esta vez, se sintió feliz al verla, se sintió acompañado. Sorprendida, Tianne Goite, también lo abrazó, largamente, ante la mirada atónita de su profesora, que no alcanzaba a entender nada. . .



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13 de junio de 2012

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Lágrimas



Amaneció el día amargo,
amenazaba con su llanto.
Lágrimas de pena caían sobre la tierra ya húmeda por los lamentos.
Sueños que hace tiempo se rompieron,
y penas que llenaron de hiel los pensamientos.
Pero siempre hay un rayo de luz,que ilumine nuestra vida
que convierta la hiel en miel para los labios,
y las lagrimas en lluvia que riegue el deseo.
Por muy lejos que estén nuestros deseos,
siempre hay que pensar que llegara el momento en que los alcancemos.


SENTO

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12 de junio de 2012

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Las piedras del Tiempo.

Su cabezonería, altanera, legendaria, le había impulsado, después del sedentarismo forzado al que había sometido su cuerpo henchido de grasa y autocomplacencia a dar un giro de ciento ochenta grados. Después de años de sillón, televisión, refrescos con gas y muchísimas grasas, ahora tocaba retomar el ritmo que le permitiera, sino retomar su cuerpo juvenil, al menos poder moverse con relativa agilidad. Nada le hacía más feliz que volver a moverse con la soltura del senderista que se eleva sobre el camino rumbo al altozano sin reparar en nada más que su salud. No era algo escogido al azar. No era algo en lo que el consintiera por voluntad propia. Le hacía feliz sentirse libre de su peso porque así se vería libre del peor enemigo que le había grangeado su sedentarismo brutal y la autocomplacencia hacía si mismo, dos amagos de infarto por el que el médico le había advertido seriamente. Problemas coronarios y culo en el sillón no eran buenos compañeros. El tercer amago quizás fuera el definitivo.

La resolución.

Los primeros días de la nueva vida móvil le habías supuesto un enorme sacrificio. Una cruel tortura en la que sus ciento cincuenta kilos le habían hecho pagar, a churretazos de sudor, cada intento de que su pierna derecha acompañara, en ordenado y cíclico movimiento a su pierna izquierda. Al final había podido superar el flato, la desidia, el cansancio, la falta de aire y el soponcio y ponerse en relativo moviento en la que sus moyas, cargadas de grasa acumulada habían visto cómo ésta se podía transportar también sin necesidad de utilizar una camilla reforzada. No era algo que él deseara. No era algo que le gustara. Sólo lo hacía por miedo. Miedo a morir y extinguirse. Quería superarse así mismo, ganarle algo de tiempo a la muerte y disfrutar un poco más de vida para seguir hacíendo lo que más le gustaba en el mundo, llevar una vida sedentaria. Algo desfasado para una sociedad que valora el esfuerzo sobre el placer de sentarse a ver la televisión cómo supremo cometido en la vida.

Además, lo tenía bien ganado. La vida no le había dado un cuerpo ni capacidades para el deporte. pero sí una magnífica cabeza con la que había dedicado mucho tiempo y esfuerzo a hacerse un nombre de broker renombrado. Un corredor que se había granjeado simpatías y enemigos, odios y amistades en la misma proporción para hacerse con las mejores cuentas y obtener los mejores resultados aún viviendo en un pueblo de la remota Serranía oriental al sur de un país tan golpeado por la crisis cómo menoscabado a nivel económico. Quizás eso hubiera influido también en su amor por el sedentarismo. Tantas horas machacado delante de un ordenador, tanto tiempo sin moverse más que para renovar provisiones en forma de perritos, frutos secos, pizza y cualquier otra cosa que no tuviera el menor rastro de algo sano. El primer amago le dió cuando estaba a punto de ganar su tercer millón de Euros. El segundo al retirarse de su actividad, dos meses antes y con treinta y dos años.

La puesta en marcha.

En un mes había valorado sustancialmente su ritmo de vida, había comido más forraje del que hubiera imginado nunca y la plancha se había convertido en su mejor aliado en sustitución de la freidora eléctrica. Su mundo informatizado y cerrado se había transformado en un amplio mundo cuajado de alamedas y parques. Había descubierto el aire en el rostro y que las piernas servían para algo más que para sostener en precario equilibrio su orondo cuerpo cuajado de grasas e inmovilidad. Se felicitaba en parte, pues nunca había realizado tantísimo esfuerzo y en cierto modo deseaba parar y volver a sus videojuegos y televisión. A su ordenador y su vida a oscuras, con el aire acondicionado a todo meter en verano y la calefacción a tope en invierno. Era su sueño, no tener que interaccionar con nadie que no estuviara al otro lado de un cable de fibra óptica y vivir cien mil años sin tener que preocuparse de salir para nada. De vivir sin vivir enclaustrado por voluntad propia.

Eran unas reflexiones atroces, lo sabía, que lo embargaban y rodeaban cómo una amante etérea que no lo dejaba respirar más allá de la apertura que unos recien esforzados pulmones que no habían conocido más esfuerzo que el de aspirar con fuerza los litros y litros de refresco que a lo largo de su corta pero intensa y esforzada carrera cómo broker había consumido en la oscuridad de su propia habitación. Éstas reflexiones lo embargaban miestras ascendia por la empinada escalinata que a través de seiscientos sesenta y seis escalones lo llevaban al Torreón del Oriente. Una pequeña atalaya sobre una roca en forma de cabeza de demonio que según todas las habladurías de los pueblos cercanos había sido construido cómo el cierre a una de las bocas del Infierno. Él que se había educado en los principios de la Ciencia, le parecía sólo un objetivo a alcanzar en ascenso, porque los temas de la inmortalidad se le escapaban con cada amago.

Sedentarismo eterno.

La subida había sido infernal, cómo infernal había sido el número de peldaños a conquistar y su corazón pugnaba por salirse de su pecho dando fuertes bombeadas, faltándole el aire y sintiéndose totalmente agobiado. No así su ego, increiblemente contento por haber alcanzado la cota elevada sobre la campiña circundante. Aquel punto que sólo hacía dos meses no habría soñado siquiera en intentar mirar. Ahora se encontraba dentro de un pequeño bastión de piedra compuesto de una única habitación, fresca y con piedras puntiagudas que representaban alguna suerte de rostro desgastado por el tiempo. Nunca nadie de quien se había decidido a subir, había bajado le habían dicho los pobladores a los píes del risco. El se había reido con ganas. Supercherías, se sentó sobre una enorme losa en el suelo. Una laja de piedra de respetables proporciones sobre la que derramó su enorme humanidad cómo premio a un ascenso tan precario cómo duro.

Reposó sintiéndose bien. Es más, se sintió, por primera vez en muchos años pletórico. Sintió cómo su espalda se pegaba a la vetusta pared anclada en los siglos y vió cómo los rostros desgastados de las piedras salientes adquirian cierta vida, cómo pequeños duendes que se reian con suavidad. Sintió una infinita placided mientras empezaba a dejar de sentir la espalda, cómo si fuera un único cuerpo de esa pared en la que se apoyaba. Sus brazos adquirieron la pesadez placentera de una roca y su frente se fue secando mientras la somnolencia se adueñaba de él. Miró con los ojos entrecerrados a través del ventanal desde el que el Oriente permitía al astro Rey asomar cada día. Su cuerpo parecía irse difuminando poco a poco en una entrega total al recinto. Sólo era una cabeza sin cuerpo cuando pudo por fin adquirir conciencia de que el Torreón del Oriente se había adueñado de el absorviéndolo y convirtiéndolo en una más de aquellas piedras sonrientes. Su sueño se cumplia otorgándole, sin problemas, el sedentarismo eterno.

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11 de junio de 2012

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¿SINFONIA DE VERSOS?



Como cuentagotas van naciendo 
en mi, las notas de este poema,
es, como querer dibujar una sinfonia
en sencillas letras.
Es, como escribir sin ser tu la que estas
escribiendo,
como si lo hiciera un antiguo anhelo,
es como alcanzar la nota más alta,
¡como cobijarte es una guitarra¡.

Como cuentagotas de versos se escriben
los versos que estoy escribiendo
¡pensando en violines, guitarras y chelos¡.

Como cuentagotas...
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7 de junio de 2012

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"Geografía”




"Geografía”


Camino estas calles vacías de ti
acompañada de un aroma de soles
que disipa las oscuras golondrinas
que abrigan tus espejos,
vistiendo la piel de este verano
que enciende mis pupilas.

La tarde teje pasos a mi lado
conjugando este silencio y tus labios de primavera
para descubrir en alguna esquina
tu tiempo y el mío
y así abrazar un crepúsculo
pretérito de arreboles.

Mientras yo, cual fantasma
deambulo nocturnal
y entre piedras y el gris conjuro
aguardo el oasis de tus manos
alcanzando las mías
en este desierto poblado de fantasmas.


Anastacia Esahian (Estela N. Colón)

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6 de junio de 2012

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Nos cuentan los maestros XXXVI / William Boyd


"¿Aristócratas? Los mismos cuerpos feos y sucios, la misma vejez desdentada, la misma muerte repugnante que las verduleras."

Esta observación proviene de un cuaderno de apuntes que Anton Chejov llevó en los últimos doce años de su vida (1892-1904). Allí anotó jirones de diálogos que había oído por casualidad, anécdotas, aforismos, nombres interesantes e ideas germinales de cuentos breves. La cita pertenece a esta última categoría. Cuanto más se lee a Chejov, tanto más fácil resulta imaginar el cuento que podría haber salido de esta sombría comparación. El concepto está bien expresado y sigue siendo tan válido como lo era en la Rusia del siglo XIX: la muerte es la gran niveladora. Pero hay algo más interesante: estas pocas palabras pueden guiarnos hacia un modo inicial de comprender el cuento, contrapuesto a su hermana más corpulenta, la novela. Afirmaría que es posible escribir un cuento inspirado en su hermana más corpulenta, la novela. Afirmaría que es posible escribir un cuento inspirado en las palabras de Chejov, pero ellas no bastarían para una novela.
En opinión de William Faulkner, es más difícil escribir un cuento que una novela. Algunos escritores rara vez lo abordan, o bien, escriben apenas media docena en toda su vida. Otros parecen sentirse perfectamente cómodos con esta forma y luego la abandonan. Y están aquellos que ven el desafío en la novela.
Sin embargo, muchos grandes cuentistas se mantuvieron apartados de la forma extensa en general: Chejov, Jorge Luis Borges, Katherine Mansfield, V. S. Pritchett, Frank O´Connor. Mi caso quizá sea típico: llevo escritas nueve novelas, pero no puedo dejar de escribir cuentos. Hay algo en la forma breve que me tienta una y otra vez.
¿Qué atractivos tiene para un escritor? Importa recordar que el cuento, tal como lo conocemos, es un fenómeno relativamente reciente. Entre mediados y fines del siglo XIX, en Estados Unidos y Europa, la aparición de las revistas de venta masiva y una nueva generación de lectores cultos de clase media provocaron un florecimiento del cuento que, posiblemente, duró un siglo. Al principio, muchos escritores se sintieron atraídos por él como una fuente de ingresos, sobre todo en Estados Unidos: Nathaniel Hawthorne, Herman Melville y Edgar Allan Poe costearon sus carreras de novelistas, menos lucrativas, escribiendo cuentos. En la década del 20, The Saturday Evening Post pagó 4000 dólares a Francis Scott Fitzgerald por un cuento (unos 40.000, al valor actual). En los años 50, hasta John Updike calculaba que podía mantener a su esposa y sus pequeños hijos con sólo vender a New Yorker cinco o seis cuentos por año. Los tiempos han cambiado. Si bien algunas revistas (New Yorker, Esquire, Playboy) son generosas y pagan más que sus equivalentes británicas, ningún escritor actual podría repetir la proeza de Updike.
En cierto modo, la popularidad del género, y aun su disponibilidad, siempre han estado a merced de consideraciones comerciales, en mayor medida que las de la novela. Cuando publiqué mi primera colección de cuentos, En resumidas cuentas (On the Yankee Station, 1981), estos libros eran rutina en muchas editoriales británicas. Ya no. Además, había un mercado, pequeño pero estable. Un cuentista podía colocar su obra en medios muy diversos. Por ejemplo, los cuentos de mi primera colección habían sido publicados en Punch, Company, London Magazine, la Literary Review y Mayfair, y difundidos por la BBC. En mi juventud, empecé a escribir cuentos porque entonces parecía lógico hacerlo: tendría las mejores probabilidades de publicación. Pero todo este discurso en torno al dinero y las estrategias enmascara el atractivo tenaz de la forma. En definitiva, la frecuentamos porque ella activa un conjunto diferente de mecanismos mentales. Melville escribió cuentos mientras avanzaba trabajosamente con Moby Dick y dijo: "Mi deseo de que tengan «éxito» (como le dicen) brota únicamente de mi bolsillo, no de mi corazón". Sin embargo, por entonces escribió algunas obras de narrativa breve hoy clásicas: "Bartleby" y "Benito Cereno", entre otras.
Escribir un cuento y leerlo son experiencias distintas de la escritura y la lectura de una novela. A mi entender, básicamente se contraponen la compresión y la expansión. Pero volvamos al pequeño memento mori de Chejov sobre las aristócratas y las verduleras, y a mi comentario: vemos allí que las ideas y la inspiración que impulsarán una novela, por sucintas que sean, deben ser aptas para un acrecentamiento y una elaboración infinitos. En cambio, en casi todos los cuentos, lo esencial es destilarlos, reducirlos. Tampoco es una simple cuestión de longitud: hay cuentos de veinte páginas mucho más cargados y grávidos de significados que una novela de cuatrocientas páginas. Hablamos de una categoría de ficción en prosa totalmente distinta.
Es usual comparar la novela con una orquesta y el cuento breve con un cuarteto de cuerdas. Esta analogía me resulta falsa porque, al referirse exclusivamente al tamaño, nos lleva a conclusiones erróneas. La música producida por dos violines, una viola y un violonchelo nunca puede sonar, ni de lejos, como la producida por decenas de instrumentos, pero es imposible diferenciar un párrafo o página de un cuento de los de una novela. Ambos géneros utilizan recursos idénticos: lenguaje, argumento, personajes y estilo. Al cuentista no le es denegado ninguno de los instrumentos literarios requeridos por los novelistas. Para tratar de precisar la esencia de las dos formas, es más pertinente comparar la poesía épica con la lírica. Digamos que el cuento es el poema lírico de la ficción en prosa y la novela su epopeya.
Hay muchas definiciones del cuento. Pritchett lo describió como "algo vislumbrado al pasar con el rabillo del ojo". Updike dijo: "Estos empeños de apenas unos miles de palabras retienen los sucesos, apuros, crisis y alegrías de mi vida con mayor fidelidad que mis novelas". Angus Wilson, el autor de Cicuta y después, señaló: "En mi pensamiento, los cuentos y las obras teatrales van juntos. Tomamos un punto en el tiempo y desarrollamos la acción a partir de allí; no hay espacio para desarrollarla hacia atrás". Cada escritor lo interpreta a su modo: es la epifanía fugaz y cotidiana, la autobiografía sumergida, una cuestión de estructura y rumbo. Podría citar más definiciones, algunas contradictorias, otras forzadas, pero todas (cada una a su modo) hasta cierto punto convincentes. Si la casa de la novela tiene muchas ventanas, también parece tenerlas la casa del cuento.




En veinte años, he publicado treinta y ocho cuentos, reunidos en tres libros. Habrá otros cuatro o cinco sueltos: creaciones juveniles publicadas en revistas universitarias o algún encargo para un aniversario. Sea como fuere, lo que me atrae, una y otra vez, a este género es su variedad, la seductora posibilidad de adoptar voces, estructuras, estilos y efectos diferentes. Por eso decidí que valdría la pena intentar una categorización un poco más minuciosa, tratar de clasificar sus múltiples variantes.
Al examinar la obra de otros escritores, llegué gradualmente a la conclusión de que hay siete categorías, en las que caben casi todos los tipos de cuento. Algunas se traslaparán, o bien, una de ellas tomará algo de otra sin ningún parentesco aparente, pero en general incluyen todas las especies del género. Tal vez, en esta diversidad, comencemos a ver qué tienen en común.

1. El event-plot story [una traducción aproximada sería "cuento basado en una trama de hechos"]. Es una expresión acuñada por el escritor inglés William Gerhardie en 1924, en un libro sobre Chejov, fascinante pese a su brevedad. Gerhardie la usa para diferenciar los cuentos de Chejov de todos los anteriores. En éstos, casi sin excepción, lo más importante es la estructura argumental; la narrativa se adapta al molde clásico: exposición, nudo y desenlace. Chejov puso en marcha una revolución, cuyos reverberos persisten aún hoy. En sus cuentos, no abandonó la trama, pero sí la asemejó a la de nuestra vida: aleatoria, misteriosa, mediocre, áspera, caótica, ferozmente cruel, vacía. El estereotipo del event-plot story, en cambio, es el desenlace efectista que hizo famoso a O. Henry pero que también fue muy utilizado en los cuentos de fantasmas (los de W. W. Jacobs, por ejemplo) y de detectives (Arthur Conan Doyle). Yo diría que hoy parece muy anticuado, por lo artificioso, aunque Roald Dahl ganó cierta fama con una variación macabra sobre el tema y es de uso corriente entre los narradores de historias inverosímiles, como Jeffrey Archer.

2. El cuento chejoviano. Chejov es el padre del cuento moderno; su formidable influjo todavía se hace sentir en todas partes. Cuando publicó Dublineses, en 1914, James Joyce sostuvo, llamativamente, que no había leído a Chejov (desde 1903, había ediciones inglesas de la mayoría de sus obras), pero esta referencia precisa peca de gran falsedad. Dublineses, una de las obras más admirables que se hayan publicado jamás dentro del género, debe mucho a Chejov. En otras palabras, Chejov liberó la imaginación de Joyce del mismo modo en que, más tarde, el ejemplo de Joyce liberaría la de otros.
¿Cuál es la esencia del cuento chejoviano? "Era hora de que los escritores, especialmente los que son artistas, reconocieran que en este mundo nada se comprende", escribió Chejov a un amigo. A mi entender, quiso decir que debemos observar la vida en toda su banalidad, su tragicomedia, y rehusarnos a juzgarla. Rehusarnos a condenarla y a ensalzarla. Registrar las acciones humanas tal como son y dejar que hablen por sí solas (hasta donde puedan hacerlo), sin manipularlas, censurarlas ni elogiarlas. De ahí su famosa réplica, cuando le pidieron que definiera la vida: "¿Me preguntan qué es la vida? Es como si me preguntaran qué es una zanahoria. Una zanahoria es una zanahoria y punto". Las inferencias de esta cosmovisión, expresadas en sus cuentos, han ejercido un influjo asombroso. Katherine Mansfield y Joyce fueron de los primeros en escribir con una mentalidad chejoviana, pero la frialdad desapasionada e impávida de Chejov frente a la condición humana resuena en escritores tan disímiles como William Trevor y Raymond Carver; Elizabeth Bowen, John Cheever, Muriel Spark y Alice Munro.

3. El cuento "modernista" [en la órbita de las lenguas anglosajonas, el término "modernista" alude a las vanguardias de principios del siglo XX]. Titulé así este apartado para introducir a Ernest Hemingway, la otra presencia gigantesca en el cuento moderno, y transmitir la idea de oscuridad, de dificultad deliberada. El aporte revolucionario más obvio de Hemingway fue su estilo lacónico y recortado; no temía repetir los adjetivos más comunes, en vez de buscar sinónimos. Su otra gran contribución -donación- fue una opacidad intencional. Al leer sus primeros cuentos (casualmente son, de lejos, sus mejores obras) comprendemos la situación al instante. Un joven sale a pescar y, al caer la noche, acampa. En un café, se reúnen varios mozos. En "Colinas como elefantes blancos", una pareja espera un tren en una estación. Están tensos. ¿Ella se ha hecho un aborto? Eso es todo. Sin embargo, de algún modo, Hemingway envuelve este cuento y los otros, con todas las complejidades encubiertas de un oscuro poema. Sabemos que hay significados ocultos; el cuento es tan memorable por la inaccesibilidad del subtexto. La oscuridad voluntaria da resultado en el cuento; a lo largo de una novela, puede ser muy tediosa. Esta idea de la oscuridad se superpone parcialmente con la categoría siguiente.

4. El cuento cripto-lúdico. Aquí, la narración presenta su superficie desconcertante de un modo más abierto, como una especie de desafío al lector; recordamos de inmediato a Borges y Nabokov. En estos cuentos, hay un significado por descubrir y descifrar, mientras que en Hemingway nos fascina su inasequibilidad exasperante. Un cuento de Nabokov, pongamos por caso "Primavera en Fialta", fue escrito para que el lector atento lo desenmarañe (quizá le lleve varios intentos), pero detrás de esa tentación hay un espíritu fundamentalmente generoso. El mensaje implícito es: "Sigue excavando y descubrirás más cosas. Esfuérzate más y tendrás tu recompensa". El lector está dispuesto a todo. Entre los grandes del cuento críptico o "narración reprimida" figura Rudyard Kipling; en cierto modo, es un genio no reconocido del género. Cuentos como "Mary Postgate" o "La señora Bathurst" son maravillosamente complejos por sus envolturas múltiples. Los críticos todavía mantienen vehementes debates en torno a sus interpretaciones correctas.

5. La "mininovela". Su nombre lo dice todo. Es una de las primeras formas que adoptó el cuento (otra es el event-plot story). Hasta cierto punto, es un híbrido -mitad novela, mitad cuento- que intenta lograr en unas pocas decenas de páginas lo que una novela consigue en cuatrocientas: una larga lista de personajes y abundantes detalles realistas. El gran cuento de Chejov, "Mi vida", pertenece a esta categoría. Abarca un lapso prolongado; los personajes se enamoran, se casan, tienen hijos, se separan y mueren. De algún modo, comprime en cincuenta y tantas páginas el contenido de una novela victoriana en tres tomos. Estos cuentos tienden a ser muy largos -están a un paso de la novela breve- pero sus pretensiones son claras. Evitan la elipsis y la alusión; acumulan hechos concretos, como si quisieran decirnos: "¿Ves? No necesitas cuatrocientas páginas para retratar una sociedad".

6. El cuento poético-mítico. En fuerte contraste con la anterior, se diría que quiere apartarse al máximo de la novela realista. Esta categoría es amplia e incluye casos tan disímiles como las viñetas de las páginas, concisas y brutales, que Hemingway intercala en su colección de cuentos En nuestro tiempo; los cuentos de Dylan Thomas y D. H. Lawrence; las divagaciones cavilosas de J. G. Ballard por el espacio interior y los extensos poemas en prosa de Ted Hughes o Frank O´Hara. Es casi un poema y va desde el fluir del pensamiento hasta la impenetrabilidad gnómica.

7. El falso cuento biográfico. Es la categoría, en apariencia, más difícil de definir. Podría decirse que es el cuento que, en forma deliberada, toma y copia las propiedades de otros géneros literarios fuera de la narrativa: la historia, el reportaje, las memorias. Borges suele jugar con esta técnica. La generación más joven de escritores norteamericanos contemporáneos, con su afición presuntuosa por las notas fuera de texto y las remisiones bibliográficas, es otro ejemplo del género (o, más exactamente, representa un híbrido de cuento "modernista" y biográfico). Otra variante consiste en introducir lo ficticio en la vida de personajes reales. He escrito cuentos cortos sobre Brahms, Wittgenstein, Braque y Cyrill Connolly en los que narré episodios imaginarios de sus vidas; eso sí, hice toda la investigación previa que habría requerido un ensayo. Según una definición muy válida, la biografía es "una ficción concebida dentro de los límites de los hechos observables". El falso cuento biográfico juega con esta paradoja, en su intento de aprovechar las virtudes de la narrativa para presentar supuestos hechos reales.

El futuro de un género
Hoy, especialmente en el Reino Unido, donde vivo y escribo, es más difícil que nunca publicar un cuento. Las posibilidades de que disponíamos los escritores jóvenes en los años 80 están casi agotadas. A pesar de estas contrariedades prácticas, creo que el género está experimentando una especie de resurgimiento, tanto aquí como en Estados Unidos. La explicación sociocultural de este fenómeno sería, tal vez, el aumento masivo de los cursos de escritura creativa con títulos reconocidos. El cuento es el instrumento pedagógico perfecto para este tipo de educación. Cabe suponer que las decenas de miles de cuentos que se escriben (y se leen) en estas instituciones cultivan el gusto por esa forma, como lo hizo la circulación masiva de revistas a fines del siglo XIX y comienzos del XX.
No obstante, intuyo que podría haber otra razón que explique por qué, en realidad, los lectores de cuentos nunca desaparecieron del todo. Y esto no tiene nada que ver con la extensión del texto. Un cuento bien escrito no cuadra con la cultura del spot televisivo: es demasiado denso, sus efectos son demasiado complejos para una digestión fácil. Si el espíritu de los tiempos influye en esto, quizá sea una señal de que nos estamos acercando a una preferencia por las formas artísticas muy concentradas. Un buen cuento es como una píldora vitamínica: puede proporcionar una descarga comprimida de placer intelectual selectivo, no menos intenso que el que nos causa una novela, aunque tardemos menos en consumirlo. Leer un cuento como "Los muertos", de Joyce; "En el barranco", de Chejov, o "Un lugar limpio y bien iluminado", de Hemingway, es enfrentar una obra de arte compleja y cabal, ya sea profunda o perturbadora, conmovedora o tenebrosamente cómica. No importa que lo leamos en quince minutos: su potencia es patente y enfática. Tal vez sea eso lo que, en estos tiempos, buscamos cada vez más como lectores: una experiencia a modo de bomba fragmentadora estética que actúe con implacable brevedad y eficacia concentrada.
Como escritores, nos volcamos hacia el cuento por otros motivos. En última instancia, creo, porque nos ofrece la oportunidad de variar la forma, el tono, la narrativa y el estilo de manera muy rápida e impresionante. Angus Wilson dijo que había empezado a escribirlos porque podía comenzar y terminar uno en un fin de semana, antes de tener que volver a su trabajo en el Museo Británico. Por cierto, exige un esfuerzo real, pero no es prolongado como el de la novela, con sus años de gestación y ejecución. Una semana podemos escribir un event-plot story y a la siguiente un cuento lúdico-biográfico. En el cuaderno de apuntes que mencioné al principio, Chejov se refirió a este mismo placer. Había copiado algo de Alphonse Daudet que, evidentemente, también despertó fuertes ecos en él. Todos los escritores de cuentos comprenderán el sentido de sus palabras:

"«¿Por qué son tan breves tus cantos? -le preguntaron cierta vez a un pájaro-. ¿Acaso porque tu aliento es muy corto?» El pájaro respondió: «Tengo muchos, muchísimos cantos y me gustaría cantarlos todos»".

FIN

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3 de junio de 2012

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Sekai10


El encuentro, siempre trae consigo algo especial, algo nuevo(a este punto de la conversación siempre me piden que me explique, que acote mi comentario a un posible ámbito... para mi son peticiones necias... y aun así en ocasiones caigo en la "provocación") después de todo, todo lo que surge de un lugar distinto a nuestra persona es de cierta forma desconocido... ajeno(mejor palabra seguro no existe para este caso) revelador, informativo y nutricio,no siempre todas, no siempre podemos,queremos, o notamos que así es(y pocas ocasiones, nos encontramos con que ya sabíamos aquello que encontramos, pero que lo habíamos olvidado) interacción,algo de contacto, no siempre con algún ser vivo(o incluso animado) el simple ambiente, la vida misma, todo es un encuentro desde el inicio hasta el final( y quien sabe, tal vez después del final).


10 mundos para empezar(el viaje, la historia, la fantasía? seria agradable tener un adjetivo apropiado, tal vez aventura encaje de forma mas adecuada) el encuentro.
Autor :  Berserkwolf
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2 de junio de 2012

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Y nació una hadita


Nació una vez una hadita sin alas,
todo el mundo pasaba de ella,
nadie la miraba.

Y llegó ese dia, que estaba cansada,
y dejo su familia y el grupo
de hadas.

Y fue al marcharse, cuando todos
vieron, que no le faltaba ni un 
polvo de hada.
Que tenía alas preñando sus ojos,
que sus labios eran, dos claveles
rojos,
que eran sus pies, calzados de paz
las lo que los llevaba a todos
con ellos el cielo alcanzar.
que era esa hadita, preñada de sol,
la única hada cuyas bellas danzas
bailaban al son del amor.

Y fueron tras ella, y no la encontraron,
se fue y dejo de estar a su lado,
y cuentan los elfos los duendes y las
hadas,
¡que en un paraiso de luz y color
es donde se encuentra por siempre
danzando en eterno amor.

Julia Orozco.


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